Captado por una cámara tras 400 años: el enigma sin resolver del rayo globular
Desde hace más de cuatro siglos, personas sorprendidas por tormentas eléctricas describen lo mismo imposible: una esfera luminosa, a menudo del tamaño de un pomelo, que flota silenciosamente en el aire. Se detiene, deambula, a veces sisea — y luego se desvanece sin dejar rastro o estalla con un estruendo. Entre los testigos hay agricultores, marineros, físicos y pilotos de aerolíneas. El fenómeno tiene nombre, rayo globular, pero durante casi toda la historia de la ciencia careció de pruebas.
Uno de los relatos detallados más antiguos procede de Widecombe-in-the-Moor, en Inglaterra. El 21 de octubre de 1638, en plena tormenta violenta, los testigos hablaron de una gran bola de fuego que irrumpió en la iglesia del pueblo, destrozando bancos y ventanas. Cuatro personas murieron y unas sesenta resultaron heridas. Los aldeanos culparon al diablo; los investigadores modernos leen aquel viejo informe como una descripción clásica del rayo globular.
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