El niño de la caja: sesenta y cinco años sin nombre
La tarde del 25 de febrero de 1957, un joven llamado John Stachowiak se abría paso entre la maleza junto a Susquehanna Road, en el barrio de Fox Chase, al nordeste de Filadelfia, y se detuvo ante una maltrecha caja de cartón tirada entre las zarzas. Dentro, envuelto sin cuidado en una manta barata de cuadros, estaba el cuerpo de un niño pequeño. Stachowiak, un estudiante, ni siquiera fue el primero en hallarlo. Un hombre que revisaba sus trampas para ratas almizcleras había reparado en la caja días antes y se había alejado sin decir palabra; y el propio Stachowiak, que se había detenido al borde del camino cerca de un hogar católico para muchachas descarriadas, esperó un día entero antes de reunir el valor para acudir a la policía, según se dijo por temor a lo que los agentes pudieran preguntarle. Dos personas habían mirado ya a un niño muerto y habían elegido el silencio antes incluso de que empezara la investigación, y en cierto sentido ese silencio nunca se levantó. La caja misma era desgarradoramente corriente. Había contenido un moisés vendido por la tienda J.C. Penney de la vecina Upper Darby, de esos que una familia joven compra para el cuarto del bebé. Lo que quedaba dentro perseguiría a la ciudad durante sesenta y cinco años.
El niño tenía entre cuatro y seis años: ojos azules, desnudo, gravemente desnutrido y cubierto de moretones de la cabeza a los pies. El forense concluyó que había muerto por un traumatismo craneal contundente. Y sin embargo alguien lo había cuidado en la muerte, o muy cerca de ella. Le habían cortado el pelo poco antes, con torpeza, tan poco antes que aún se le adherían a la piel mechones sueltos, como si lo hubieran esquilado mientras agonizaba o justo después. Las uñas de manos y pies estaban limpias y pulcramente recortadas. Su mano derecha y las plantas de los pies estaban arrugadas, empapadas, como si lo hubieran bañado o sumergido no mucho antes de encontrarlo. Había pequeñas cicatrices quirúrgicas en el tobillo, la ingle y el mentón. Fuera cual fuera la verdad, en algún momento de su corta vida alguien había llevado a este niño a los médicos. En el sentido más literal, alguien lo había atendido.
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