Landru, el "Barba Azul de Gambais": 11 víctimas, una libreta negra y una estufa de cocina
Primavera de 1915. Francia lleva 8 meses en guerra. Millones de hombres están en el frente. Los periódicos de París publican largas listas de muertos.
En esos mismos periódicos crece cada semana otra sección: los anuncios matrimoniales.
Los leían las viudas. Los leían las mujeres cuyos novios habían muerto, y las mujeres a las que la guerra simplemente había dejado solas. Un anuncio aparecía una y otra vez. En la versión que citan relatos posteriores decía: caballero serio busca viuda de 35 a 45 años, o mujer desafortunada en el amor.
El hombre que lo publicaba no era viudo. Estaba casado, era padre de hijos ya adultos y era un estafador condenado que huía de la policía. Se llamaba Henri Désiré Landru.
Entre enero de 1915 y enero de 1919 desaparecieron 10 mujeres que le respondieron. También desapareció el hijo adolescente de una de ellas. Nunca se encontró un solo cuerpo.
Este es el caso Landru, el hombre al que la prensa francesa llamó "el Barba Azul de Gambais". Es la historia de cómo 2 hermanas de 2 desaparecidas, un alcalde de pueblo y un inspector de la policía de París lo encontraron. Y de cómo un tribunal francés lo envió a la guillotina por 11 asesinatos sin un solo cadáver.
Un estafador mucho antes de la guerra
Landru nació en París el 12 de abril de 1869. Hizo el servicio militar desde 1889. En 1893 se casó con su prima.
Tuvo muchos trabajos pequeños y no duró mucho en ninguno. Lo que hizo con constancia fue estafar.
Su primera condena conocida llegó en julio de 1904: 2 años de cárcel por fraude. En 1909 fue encarcelado 3 años por estafar a una viuda en Lille, en el norte de Francia. Entre 1902 y 1914 entró y salió de prisión una y otra vez por pequeños fraudes.
En julio de 1914 un tribunal lo juzgó en ausencia y lo condenó por 6.ª vez. La pena fue dura: 4 años de trabajos forzados y después deportación de por vida a Nueva Caledonia, una colonia francesa en el océano Pacífico.
Nunca la cumplió. Se mudaba a menudo y usaba nombres falsos.
Un mes después, en agosto de 1914, empezó la Primera Guerra Mundial. En el caos de la guerra, con los hombres marchando al frente y las familias dispersas, un hombre con nombre falso era muy difícil de encontrar.
La primera villa
En diciembre de 1914 Landru alquiló una casa llamada Villa Ermitage en Vernouillet, un pequeño pueblo a unos 35 km al noroeste de París.
La primera mujer que llevó allí fue Jeanne-Marie Cuchet, una viuda de 39 años. Con ella llegó su hijo André. Las fuentes le dan 16 o 17 años. Ante ellos, Landru se hacía llamar "Raymond Diard".
Madre e hijo fueron vistos por última vez hacia el 26 de enero de 1915. Su familia llegó a creer más tarde que ella le había entregado 5.000 francos.
Ese verano llegó Thérèse Laborde-Line, de 46 años. Fue vista por última vez después del 26 de junio de 1915.
Unas semanas después llegó Marie-Angélique Guillin, de 51 años. Desapareció hacia el 3 de agosto de 1915. Después salieron 12.000 francos de su cuenta bancaria.
En Vernouillet los vecinos empezaron a fijarse. Landru no esperó a ver qué harían. Se marchó.
La casa de Gambais
En diciembre de 1915 Landru alquiló una segunda casa: la Villa Tric, en Gambais, un pueblo en el campo al oeste de París. El vecino más cercano vivía a unos 300 m.
Poco después de instalarse compró una gran estufa de cocina y una gran cantidad de carbón.
Desde entonces las mujeres iban a Gambais. El patrón era siempre el mismo, y el propio Landru lo anotaba. En la estación compraba 2 billetes: uno de ida y vuelta para él y uno solo de ida para la mujer.
Estas son las mujeres, en el orden que los investigadores reconstruyeron después:
Berthe-Anna Héon, 55 años, viuda de guerra. Los billetes son del 8 de diciembre de 1915.
Anna Collomb, 44 años. Vista por última vez después del 27 de diciembre de 1916.
Andrée-Anna Babelay, 19 años, la más joven. Vista por última vez después del 12 de abril de 1917.
Célestine Buisson, 47 años. Los billetes son del 19 de agosto de 1917. Vista por última vez después del 1 de septiembre de 1917. Para ella, Landru era "Georges Frémyet".
Louise-Joséphine Jaume, 38 años. Vista por última vez entre el 24 y el 26 de noviembre de 1917. Para ella, él era "Lucien Guillet".
Anne-Marie Pascal, 36 años. Llevada a Gambais el 5 de abril de 1918.
Marie-Thérèse Marchadier, 37 años. Llevada a Gambais el 13 de enero de 1919. Llevó consigo a sus perros.
Las edades varían un poco según la fuente. Lo que no varía es el final: ninguna volvió.
Lo que vio el pueblo
Los vecinos de Gambais contaron después a los investigadores lo que habían visto.
El hombre de la Villa Tric llegaba cada vez con una mujer distinta. Se iba solo.
A veces salía de la chimenea un humo negro y espeso, con mal olor. Los vecinos recordaban un humo así en enero de 1919, el mes en que llegó Marie-Thérèse Marchadier.
Nadie fue a la policía. Era tiempo de guerra, y un hombre que quema basura en una estufa no comete ningún delito.
Adónde iba el dinero
Landru no mataba por pasión. Todo en el expediente apunta al dinero.
Vendía los muebles y los títulos de las mujeres. Sacaba dinero de sus cuentas, a veces haciéndose pasar por un pariente. Su esposa admitió después que había falsificado firmas para darle acceso a las cuentas de 2 de las víctimas.
Era cuidadoso y era tacaño. En sus libretas clasificaba a las mujeres que respondían a los anuncios según los bienes que parecían tener. La que aparecía marcada como sin bienes quedaba descartada.
Dos hermanas empiezan a preguntar
Durante 4 años nadie relacionó las desapariciones. Las mujeres eran viudas, muchas vivían solas, y sus familiares supusieron que se habían vuelto a casar y se habían ido.
El caso empezó con una hermana.
Marie Lacoste era hermana de Célestine Buisson. Le escribía una y otra vez a la casa de Gambais. Nunca llegó respuesta.
En enero de 1919 escribió al alcalde de Gambais.
El alcalde ya había recibido una carta parecida. Venía de Victorine Pellat, hermana de Anna Collomb, que también preguntaba por una mujer que se había ido a Gambais y había dejado de dar noticias.
El alcalde puso en contacto a las dos mujeres.
Compararon lo que sabían. Cada una describió al hombre con quien su hermana iba a casarse. Collomb lo conocía como "Dupont". Buisson lo conocía como "Frémyet". Las 2 descripciones eran del mismo hombre.
Las hermanas presentaron denuncias por desaparición ante el fiscal de Seine-et-Oise, el departamento que rodeaba París y al que pertenecía Gambais.
Las denuncias llegaron a Jules Belin, inspector de la brigada móvil de París, la unidad que se ocupaba de los delitos graves.
Un hombre que no existía
Belin tenía 2 nombres, una casa en un pueblo y las descripciones de dos hermanas. No era mucho.
"Dupont" y "Frémyet" no llevaban a ninguna parte. El hombre que había alquilado la Villa Tric había dado datos falsos. No vivía en Gambais. Iba y venía.
La investigación se estancó. Entonces el azar lo cambió todo.
El 11 de abril de 1919, una amiga de Marie Lacoste llamada Laure Bonhoure paseaba por el centro de París, cerca de la calle de Rivoli. Vio a un hombre en el que reconoció al pretendiente de la hermana de su amiga. Iba con una mujer joven y entraron en una tienda.
Se lo contó a Marie Lacoste. Marie Lacoste llamó por teléfono a Belin.
En la tienda, la policía descubrió que el hombre había dejado una tarjeta de visita. Llevaba el nombre "Lucien Guillet" y una dirección: calle Rochechouart 76, cerca de la estación del Norte de París.
La detención
El 12 de abril de 1919, hacia el mediodía, la policía llamó a la puerta del piso de la calle Rochechouart.
Dentro había un hombre con barba de unos 50 años y una mujer joven, Fernande Segret, de 24 años. Era su amante. No sabía quién era él en realidad.
Los relatos no coinciden sobre quién dirigió la detención. Un relato oficial dice que se hizo bajo la autoridad de un comisario de policía. Otro nombra a Belin y a un segundo inspector. Todos coinciden en el cargo de aquel primer día: fraude. La policía aún no tenía un solo cuerpo.
Al principio el hombre se negó a confirmar quién era. Luego lo admitió: era Henri Désiré Landru, había vivido con nombres falsos como fugitivo y era un estafador.
Asesino, dijo, no era.
Según el relato oficial del caso, el día de su detención intentó deshacerse de una pequeña libreta negra. La policía se la quedó.
La libreta negra
La libreta se convirtió en el centro del caso.
Landru lo anotaba todo. Citas. Viajes. Gastos, hasta el billete de tren más barato. El billete de ida y vuelta para él y el de solo ida para la mujer, una y otra vez.
También anotaba nombres. Los investigadores contaron 283 mujeres con las que se había escrito o había tenido algún tipo de contacto.
Y había una lista aparte de 11 nombres. Coincidían con los desaparecidos: las 10 mujeres y André Cuchet.
La policía se propuso encontrar a cada una de las 283 mujeres. La mayoría apareció viva. Habían respondido a un anuncio, habían conocido a un caballero educado y él las había dejado, normalmente porque no tenían dinero.
72 de las mujeres nunca fueron localizadas. Eso no significa que fueran víctimas. En un país en guerra, mucha gente simplemente no podía ser encontrada. Pero tampoco se explicó nunca.
Cuando los investigadores le preguntaban por las mujeres de su lista, Landru se negaba a responder. "Es mi secreto", decía. Y también: "Que yo sea Landru no prueba que sea un asesino".
El registro de Gambais
El 29 de abril de 1919 la policía registró la Villa Tric.
Los relatos del registro no coinciden del todo. Uno dice que el inspector llegó esperando encontrar 11 cuerpos y al principio solo halló restos de perros. El expediente detallado del caso describe lo que se encontró en las cenizas.
Bajo un cobertizo y dentro de la estufa de la cocina, los investigadores recogieron 4,176 kg de restos quemados. Había 295 fragmentos de huesos humanos y 47 dientes pequeños o trozos de dientes. También había jirones de tela, botones, piezas de corsés y zapatos.
En el jardín cavaron. Solo encontraron 2 esqueletos de perro. Landru dijo que los perros eran de Marie-Thérèse Marchadier y que los había enterrado a petición de ella.
Los fragmentos de hueso se enviaron a un médico forense, Charles Paul. Su conclusión fue prudente. Los fragmentos procedían de al menos 3 esqueletos humanos. No pudo decir si eran de hombres o de mujeres, porque no se hallaron huesos de la pelvis. No pudo vincularlos con ninguna desaparecida concreta.
Ese era el agujero del caso, y nunca se cerró. Había huesos, pero no un cuerpo. Había 11 desaparecidos, pero ninguna prueba de cómo murió ninguno de ellos.
Todo lo demás que encontró la policía
Lo que sí encontró la policía fueron las pertenencias de las mujeres.
En garajes que usaba Landru aparecieron muebles y ropa de las desaparecidas. Aparecieron documentos de identidad y papeles bancarios.
Cada objeto tenía que rastrearse hasta su dueña. Un vestido, un armario, un fajo de papeles. Pieza a pieza, los investigadores conectaron los bienes de cada uno de los 11 con el hombre que decía no saber qué había sido de ellos.
En diciembre de 1919 la policía detuvo también a la esposa de Landru, entonces de 51 años, y a su hijo mayor, entonces de 25. Ambos quedaron libres en julio de 1920 sin cargos. El hijo menor había ayudado a trasladar los muebles de las víctimas. Nunca fue detenido.
Mientras tanto, el caso se había convertido en una obsesión nacional. En las elecciones de noviembre de 1919, unos 4.000 votantes escribieron el nombre de Landru en sus papeletas.
La investigación duró 2 años y medio. Solo entonces el caso llegó a juicio.
El juicio en Versalles
El juicio se abrió el 7 de noviembre de 1921 en el Tribunal de lo Criminal de Seine-et-Oise, en Versalles, la ciudad real junto a París. Duró más de 3 semanas.
La sala estaba llena. Cantantes y escritores famosos de la época acudían a ver al "barbudo infame", como lo llama un relato.
A Landru lo defendió Vincent de Moro-Giafferi, uno de los abogados más famosos de Francia.
Los testigos pasaron uno tras otro. La hermana de Jeanne-Marie Cuchet. Los vecinos de Gambais. Personas que lo habían visto en la estación. También declaró Fernande Segret.
La posición de Landru nunca cambió. Admitía ser un estafador. Negaba ser un asesino o un loco.
Cuando el presidente del tribunal le preguntó por las mujeres, respondió que su vida privada no le concernía a nadie más que a él.
Cuando le preguntaron por sus hijos, que lo habían ayudado a trasladar muebles, dijo que le obedecían sin preguntar por qué. Y le preguntó al juez cómo educaba él a los suyos.
Su abogado construyó la defensa sobre un solo punto: no había cuerpo. ¿Cómo, preguntó al jurado, se puede condenar a un hombre por matar a 10 mujeres si no se ha encontrado a ninguna?
En un momento dado, según el relato oficial, el abogado anunció al tribunal que una de las supuestas muertas había sido hallada y estaba a punto de entrar. Todos en la sala, jurados incluidos, se volvieron hacia la puerta.
El fiscal respondió que solo una persona no se había dado la vuelta: el propio Landru.
El veredicto
El 30 de noviembre de 1921, tras unas 3 horas de deliberación, el jurado declaró a Landru culpable de 11 asesinatos. La decisión fue por una mayoría de 9 contra 3.
La pena fue la muerte.
Pidió clemencia al presidente de Francia. Se la negaron.
El 25 de febrero de 1922, a las 6:05 de la mañana, Henri Désiré Landru fue guillotinado frente a la prisión de Saint-Pierre, en Versalles.
Según el relato oficial, al pie del cadalso su abogado le preguntó si por fin confesaría. Landru respondió en francés: "Cela, maître, c'est mon petit bagage", es decir, "Eso, maestro, es mi pequeño equipaje".
Se llevó la respuesta consigo.
Lo que sigue abierto
Landru nunca confesó. Nunca se encontró un cuerpo completo de ninguna de sus 11 víctimas, y cómo se deshizo exactamente de ellas no se probó en el juicio. La condena se apoyó en la libreta, los billetes, los bienes y los fragmentos quemados, y el jurado no llegó a ella por unanimidad.
Las 72 mujeres de su libreta que nunca fueron localizadas siguen siendo una pregunta abierta. Nadie ha demostrado que ninguna de ellas fuera víctima.
Después del juicio, la estufa de la Villa Tric se vendió en subasta en 1923. Durante un tiempo, la casa de Gambais fue un restaurante de temática macabra. Fernande Segret, la joven que estaba con él el día de la detención, demandó más tarde a los autores de la película francesa "Landru" de 1963 por cómo la retrataban, y ganó una indemnización.