Ted Bundy: el desconocido encantador que mató por todo Estados Unidos, y cómo por fin lo atraparon
En el invierno de 1974, mujeres jóvenes empezaron a desaparecer en el noroeste de Estados Unidos.
No se fugaron. Dejaron atrás sus habitaciones, sus bolsos, sus coches y a sus amigos. Algunas desaparecieron de su cama por la noche. Otras desaparecieron a plena luz del día, en medio de una multitud.
Al principio nadie relacionó los casos. Ocurrían en pueblos distintos, bajo policías distintas. Cada policía veía solo a su propia desaparecida.
Durante los 4 años siguientes, el mismo patrón recorrió al menos 6 estados: Washington, Oregón, Utah, Colorado, Idaho y, por último, Florida.
El hombre detrás de todo era Ted Bundy. Estudiaba Derecho. Era educado, bien vestido y atractivo. Quienes lo conocían decían que era encantador. Precisamente por eso fue tan difícil atraparlo.
Esta es la historia del caso Ted Bundy: los crímenes, la larga investigación que una y otra vez pasó a su lado, y los pequeños momentos, casi accidentales, que al final lo detuvieron.
El primer invierno
El primer ataque conocido ocurrió el 4 de enero de 1974 en Seattle, una gran ciudad del estado de Washington, en el noroeste de Estados Unidos.
Una joven fue golpeada en su cama, en un apartamento de sótano. Sobrevivió, pero con daño cerebral permanente.
4 semanas después, el 1 de febrero, una estudiante de 21 años llamada Lynda Ann Healy desapareció de su habitación en una casa compartida de Seattle. Nadie volvió a verla con vida.
Desde entonces, las desapariciones llegaron más o menos una vez al mes.
El 12 de marzo desapareció una estudiante de 19 años en Olympia, la capital del estado de Washington. El 17 de abril desapareció una joven de 18 años en Ellensburg, en el centro del estado. El 6 de mayo desapareció una joven de 20 años en Corvallis, en el estado vecino de Oregón. El 1 de junio desapareció una joven de 22 años cerca de Burien, justo al sur de Seattle. El 11 de junio desapareció una joven de 18 años de un callejón junto a la Universidad de Washington.
Todas eran mujeres jóvenes. La mayoría eran estudiantes.
La policía no tenía cuerpos, ni escena del crimen, ni sospechoso. Solo tenía una lista de nombres que no dejaba de crecer.
Un día de sol en el lago
El domingo 14 de julio de 1974, el caso estalló de la peor manera posible.
Era un caluroso día de verano en el parque del lago Sammamish, justo al este de Seattle. El parque estaba lleno de familias y bañistas.
En medio de esa multitud, un joven se acercó a varias mujeres. Llevaba el brazo en cabestrillo. Dijo que se llamaba Ted. Pidió ayuda para cargar un velero en su coche, un Volkswagen Escarabajo.
Algunas mujeres dijeron que no. 2 mujeres no volvieron a casa. Janice Ott, de 23 años, y Denise Naslund, de 19, desaparecieron del parque ese día, con unas horas de diferencia.
Nadie vio un forcejeo. Nadie oyó un grito. Simplemente no volvieron a sus toallas.
Por primera vez la policía tenía testigos. Varias mujeres describieron al mismo hombre: joven, atractivo, educado, con el brazo en cabestrillo, que se hacía llamar Ted y conducía un Volkswagen. La policía publicó un dibujo de su cara.
El 6 de septiembre, unos cazadores encontraron los restos de las 2 mujeres en un bosque cerca del pueblo de Issaquah, no lejos del lago.
6 meses después, en marzo de 1975, unos estudiantes de ingeniería forestal encontraron más restos en el monte Taylor, también al este de Seattle. Eran de 4 de las desaparecidas, entre ellas Lynda Ann Healy.
Ya no había ninguna duda. Un solo hombre se estaba llevando a estas mujeres.
Un nombre entre miles
Los detectives formaron un equipo especial. Entre ellos lo llamaban el equipo "Ted".
La respuesta del público fue enorme. En el momento de mayor actividad, el equipo recibía hasta 200 pistas al día. Cada pista era un nombre. Cada nombre había que comprobarlo.
Al final, los investigadores examinaron a más de 2.800 personas.
Uno de esos nombres era Ted Bundy.
Lo denunciaron más de una vez. Su novia en Seattle llamó a la policía y dijo que se parecía al dibujo y conducía un Volkswagen. Una escritora de crímenes que lo conocía personalmente dio su nombre. También lo hicieron un empleado del estado y un profesor de Psicología de la universidad.
Los detectives sí lo investigaron. Pero sobre el papel no encajaba. Era un estudiante de Derecho pulcro, sin antecedentes y con un futuro prometedor. Los detectives dudaban de que un hombre así pudiera ser el asesino. Su nombre siguió en la lista, entre miles de otros.
Entonces el equipo probó algo nuevo para la época. Introdujo sus distintas listas, cada una construida a partir de un tipo diferente de pista, en el ordenador de nóminas del condado, y le preguntó qué nombres aparecían en más de una.
De miles de nombres, solo 26 aparecían en 4 listas. Ted Bundy era uno de esos 26.
Con ellos, los detectives hicieron una lista de sus 100 mejores sospechosos. Cuando llegó una llamada desde Utah, el nombre de Bundy estaba el primero.
Pero para entonces hacía un año que se había ido de Seattle.
Utah
A finales del verano de 1974, Bundy se mudó a Salt Lake City, la capital del estado de Utah, para estudiar Derecho allí.
En pocas semanas, el patrón volvió a empezar.
El 2 de octubre desapareció una chica de 16 años en Holladay, un barrio de las afueras de Salt Lake City. Nunca la encontraron. El 18 de octubre desapareció una chica de 17 años en Midvale; su cuerpo apareció 9 días después. El 31 de octubre desapareció otra chica de 17 años en Lehi; su cuerpo apareció el Día de Acción de Gracias, a finales de noviembre.
Y entonces, la noche del 8 de noviembre de 1974, ocurrió algo distinto. Una víctima consiguió escapar.
Carol DaRonch, de 18 años, estaba en un centro comercial de Murray, cerca de Salt Lake City. Un hombre se le acercó. Dijo que era un policía llamado Roseland. Le contó que alguien había intentado entrar en su coche y le pidió que lo acompañara.
Ella subió a su Volkswagen. Él no fue a ninguna comisaría. Detuvo el coche y le cerró unas esposas en una de las muñecas.
Ella se defendió. Se tiró del coche, corrió a la carretera y paró un coche que pasaba con una pareja dentro, que se la llevó de allí.
Estaba viva. Había visto su cara. Recordaba el coche.
Esa misma noche, una chica de 17 años llamada Debra Kent desapareció al salir de una obra de teatro escolar en Bountiful, al norte de Salt Lake City. Más tarde, junto al salón de actos del colegio, los investigadores encontraron una pequeña llave de esposas. Debra Kent nunca apareció.
En diciembre de 1974, la novia de Bundy volvió a llamar a la policía, esta vez a la oficina del sheriff del condado de Salt Lake. Su nombre entró también en esa lista. Pero no había ninguna prueba que lo relacionara con nada en Utah. Todavía no.
Colorado
A principios de 1975, las desapariciones se trasladaron al este, al estado de Colorado.
El 12 de enero de 1975, Caryn Campbell, una enfermera de 23 años, estaba de vacaciones de esquí en un hotel del pueblo de Snowmass, cerca de la estación de Aspen. Fue por un pasillo del hotel a buscar una revista a su habitación y nunca llegó. Su cuerpo apareció alrededor de un mes después.
El 15 de marzo desapareció una mujer de 26 años en Vail, otro pueblo de esquí. El 6 de abril desapareció una mujer de 25 años en Grand Junction, en el oeste de Colorado. Ninguna de las dos fue encontrada jamás.
En mayo secuestraron a una niña de 12 años en Pocatello, en el estado de Idaho. En junio desapareció una chica de 15 años del campus de una universidad en Provo, en Utah.
Para entonces, unas 20 mujeres jóvenes estaban muertas o desaparecidas, en 5 estados. Y ninguna policía sabía todavía que todos esos casos pertenecían a un solo hombre.
El control de tráfico
Cuando por fin llegó el avance, no tuvo nada que ver con los asesinatos.
De madrugada, el 16 de agosto de 1975, un agente de la patrulla de carreteras de Utah detuvo un Volkswagen Escarabajo en Granger, un barrio de las afueras de Salt Lake City.
Miró dentro. El asiento delantero del pasajero había sido retirado. En el coche encontró un pasamontañas de esquí, una segunda máscara hecha con unas medias, una palanca, unas esposas, bolsas de basura, una cuerda y un picahielos.
Bundy dijo que eran cosas normales de casa. Lo detuvieron como sospechoso de llevar herramientas de robo.
Un detective de la oficina del sheriff del condado de Salt Lake leyó el informe. Reconoció el apellido. Era el nombre que la novia de Bundy había dado en diciembre. Y Bundy conducía un Volkswagen, como el hombre que había intentado llevarse a Carol DaRonch.
Los detectives de Utah llamaron a Seattle. El equipo "Ted" revisó su lista. Bundy estaba el primero.
Por primera vez, dos policías, separadas por más de un año, miraban al mismo hombre.
Los pelos en el coche
En septiembre de 1975, la policía se incautó del Volkswagen. Bundy ya lo había vendido y lo había hecho limpiar a fondo.
No le sirvió de nada. Los expertos del laboratorio del FBI encontraron pelos dentro del coche. Coincidían con el cabello de 3 mujeres distintas: Caryn Campbell, la enfermera de Colorado; la chica de 17 años de Midvale; y Carol DaRonch.
Un especialista del FBI dijo que la probabilidad de semejante coincidencia era "alucinante".
El 2 de octubre de 1975, Carol DaRonch señaló a Bundy en una rueda de reconocimiento.
Bundy eligió ser juzgado por un juez, sin jurado. En febrero de 1976 el juez lo declaró culpable de secuestro y agresión. En junio de 1976 fue condenado a entre 1 y 15 años en la prisión estatal de Utah.
Mientras tanto, en noviembre de 1975, unos 30 detectives y fiscales de 5 estados se reunieron en Aspen, en Colorado, para comparar sus expedientes. Por primera vez, todas las piezas sueltas estaban sobre una misma mesa.
En octubre de 1976, los guardias encontraron a Bundy en el patio de la prisión con un kit de fuga. Ese mismo mes, Colorado lo acusó del asesinato de Caryn Campbell.
Dos fugas
En enero de 1977, Bundy fue trasladado a Aspen para ser juzgado. Decidió defenderse a sí mismo. Eso le dio derecho a trabajar en la biblioteca jurídica del juzgado, sin grilletes en los pies.
El 7 de junio de 1977, durante un descanso de una audiencia, saltó por una ventana del segundo piso del juzgado. Se lastimó el tobillo al caer. Huyó a las montañas que hay sobre el pueblo, entró en una cabaña a robar comida y ropa, y vagó durante días.
Al 6.º día, la policía lo paró cuando conducía un coche robado y lo devolvió a la cárcel.
6 meses después lo intentó de nuevo. Esta vez funcionó.
En la cárcel del condado de Garfield, en Glenwood Springs, Colorado, abrió un agujero en el techo de su celda. La noche del 30 de diciembre de 1977 se arrastró por él hasta el apartamento del jefe de la cárcel, se puso ropa normal y salió por la puerta principal.
Nadie notó su ausencia hasta el mediodía siguiente, más o menos. Para entonces ya estaba en Chicago.
Florida
El 8 de enero de 1978, Bundy llegó a Tallahassee, la capital de Florida, en el sureste de Estados Unidos. Alquiló una habitación con un nombre falso, cerca del campus de la Universidad Estatal de Florida.
Ahora estaba en la lista del FBI de los 10 fugitivos más buscados. Pero en Tallahassee nadie conocía su cara.
Una semana después, de madrugada, el domingo 15 de enero de 1978, un hombre entró en la casa de la hermandad Chi Omega, una residencia de estudiantes universitarias.
Atacó a 4 mujeres mientras dormían con un garrote de madera. Margaret Bowman, de 21 años, y Lisa Levy, de 20, murieron. Kathy Kleiner y Karen Chandler, ambas de 21 años, sobrevivieron con heridas graves. Kathy Kleiner contó después que los faros de un coche, que iluminaron la habitación, interrumpieron el ataque.
Una estudiante que volvía tarde vio a un hombre salir de la casa por la puerta principal con un garrote en la mano. Lo vio lo bastante bien como para describirlo.
Esa misma noche, a 8 manzanas de allí, una estudiante de danza de 21 años llamada Cheryl Thomas fue golpeada en su cama, en un apartamento de sótano. Sobrevivió. Quedó sorda del oído izquierdo, con un daño en el equilibrio que acabó con su carrera de bailarina.
La última víctima
El 9 de febrero de 1978, en Lake City, un pueblo pequeño del norte de Florida, una niña de 12 años llamada Kimberly Leach fue secuestrada en su instituto.
Un testigo vio a un hombre llevándola hacia una furgoneta blanca.
Estuvo desaparecida casi 2 meses. Sus restos aparecieron el 7 de abril de 1978 en una vieja pocilga cerca del parque del río Suwannee, a unos 56 km al noroeste de Lake City.
Fue la más joven de las víctimas de Bundy en Florida, y la última de todas sus víctimas conocidas.
El alto en Pensacola
Hacia la 1 de la madrugada del 15 de febrero de 1978, un policía de Pensacola, en el extremo noroeste de Florida, cerca de la frontera con Alabama, se fijó en un Volkswagen Escarabajo. Comprobó la matrícula de forma rutinaria. El coche era robado.
Lo detuvo. El conductor le dio una patada en las piernas, lo derribó y salió corriendo. El policía hizo 2 disparos de advertencia, lo persiguió, lo derribó y forcejeó con él por su pistola. Al final consiguió esposarlo.
En el coche había documentos de identidad robados, 21 tarjetas de crédito robadas y un televisor robado.
Al principio el hombre se negó a dar su nombre verdadero. Camino de la comisaría, le dijo al policía: "Ojalá me hubieras matado".
En pocos días, la policía de Florida supo quién era: Ted Bundy, el preso fugado de Colorado.
Las marcas de dientes
Ahora había que demostrar lo que había pasado en la casa de Chi Omega.
La prueba física más fuerte era muy poco común para la época. El asesino había mordido a una de las víctimas, Lisa Levy. La policía había fotografiado las marcas de la mordedura.
Los investigadores obtuvieron una orden judicial para sacar moldes de los dientes de Bundy. 2 dentistas forenses compararon los moldes con las fotografías. Los dientes de Bundy eran irregulares y estaban mellados de una forma muy particular, y los dentistas declararon que coincidían con las marcas.
El juicio se trasladó a Miami, en el extremo sur de Florida, porque la publicidad en Tallahassee hacía imposible formar allí un jurado imparcial. Empezó en junio de 1979. Fue el primer juicio retransmitido por televisión en todo Estados Unidos.
La estudiante que había visto al hombre salir de la casa identificó a Bundy en la sala. Otra testigo lo situó cerca de la casa esa noche.
Bundy volvió a insistir en dirigir gran parte de su propia defensa.
El 24 de julio de 1979, tras menos de 7 horas de deliberación, el jurado lo declaró culpable de los asesinatos de Margaret Bowman y Lisa Levy. El juez lo condenó a muerte.
El segundo juicio
Unos 6 meses después empezó un segundo juicio en Orlando, en el centro de Florida, por el asesinato de Kimberly Leach.
Aquí la prueba clave fueron las fibras. Las fibras halladas en la furgoneta blanca y en el cuerpo de la niña procedían de una prenda con un raro defecto de fábrica. Coincidían con la chaqueta que Bundy llevaba cuando lo detuvieron en Pensacola.
Además, un testigo presencial contó al jurado que había visto a Bundy llevar a la niña hacia la furgoneta.
El jurado tardó menos de 8 horas. Culpable.
Durante la fase de sentencia, Bundy hizo algo que nadie esperaba. Estaba interrogando a una amiga que había venido a declarar a su favor y allí mismo, en la sala, le pidió que se casara con él. Ella dijo que sí. Según una antigua ley de Florida, bastaba una declaración ante un funcionario del tribunal, y él anunció que ya estaban legalmente casados.
El 10 de febrero de 1980 recibió su tercera condena a muerte.
El final
Bundy pasó más de 9 años en el corredor de la muerte, recurriendo cada decisión.
En octubre de 1984 ofreció su ayuda a los detectives del estado de Washington que buscaban a otro asesino en serie, el llamado Asesino de Green River. 2 detectives viajaron a Florida para interrogarlo. Aquel asesino no fue atrapado hasta unos 17 años más tarde.
En sus últimos años, Bundy empezó a confesar, poco a poco. Muchos detectives y familias lo vieron como un intento de ganar tiempo. En 1986 describió sus crímenes con detalle a un agente del FBI. En los últimos días antes de su ejecución confesó los asesinatos de Washington y Oregón que el equipo "Ted" había investigado 15 años antes.
En total admitió unos 30 asesinatos en 7 estados. La policía confirmó 20.
El 24 de enero de 1989, a las 7:06 de la mañana, Ted Bundy fue ejecutado en la silla eléctrica de la prisión estatal de Florida, en Raiford. Tenía 42 años. Fue declarado muerto a las 7:16.
Lo que sigue abierto
El caso está resuelto. Pero no todas las familias recibieron una respuesta.
Los restos de varias de sus víctimas nunca aparecieron. Entre ellas, la estudiante de Olympia, la chica de 16 años de Holladay, Debra Kent de Bountiful y las 2 jóvenes de Vail y Grand Junction.
Y el número real de sus víctimas no se conoce. Confesó unas 30. Algunos investigadores creen que fueron más. Esa cifra murió con él.