Los asesinatos a la luz de la luna de Texarkana: 10 semanas, 5 muertos y un Fantasma nunca juzgado
En la primavera de 1946, una ciudad entera dejó de salir de casa al caer la noche.
La ciudad se llama Texarkana. Está en el sur de Estados Unidos, justo en la frontera entre 2 estados, Texas y Arkansas. La línea fronteriza pasa por el medio de la calle principal. Una mitad de la ciudad está en Texas. La otra, en Arkansas. Cada mitad tenía su propia policía.
La guerra había terminado pocos meses antes. Los jóvenes habían vuelto a casa. Las noches de fin de semana, las parejas salían de la ciudad en coche y aparcaban en caminos de tierra tranquilos, al borde de los campos. Todo el mundo conocía esos sitios. Los llamaban los caminos de los enamorados.
Entre febrero y mayo de 1946, alguien salió de la oscuridad en esos caminos.
En 10 semanas hubo 4 ataques. 8 personas resultaron heridas. 5 de ellas murieron. Todos los ataques fueron en noches de fin de semana, con 3 o 4 semanas de diferencia. Después se detuvieron, tan de repente como habían empezado.
Los periódicos los llamaron los asesinatos a la luz de la luna de Texarkana. El periódico local le dio otro nombre al asesino: el Fantasma. Así lo siguen llamando en la ciudad.
La policía investigó a casi 400 sospechosos. Uno de ellos pasó muchos años en prisión, pero por otro delito. Nadie fue acusado nunca de los asesinatos. Esta es la historia de esas 10 semanas y de la investigación que vino después.
La primera noche: un hombre con máscara
El viernes 22 de febrero de 1946, por la noche, una pareja joven aparcó en un camino oscuro justo a las afueras de la mitad texana de la ciudad.
Él era Jimmy Hollis, de 25 años. Ella, Mary Jeanne Larey, de 19. El lugar estaba a solo unos 90 m de la última fila de casas.
Aparcaron hacia las 23:45. Unos 10 minutos después, un hombre se acercó al coche. Llevaba una pistola. Le cubría la cara una máscara de tela blanca con agujeros para los ojos.
Les ordenó salir del coche. Golpeó dos veces a Jimmy Hollis en la cabeza con la pistola. El cráneo se fracturó. Después golpeó a Mary Jeanne Larey y la agredió sexualmente.
Ella logró escapar. Corrió unos 800 m en la oscuridad hasta llegar a una casa, y allí pidieron ayuda.
Los dos sobrevivieron. Él pasó varios días en el hospital con el cráneo fracturado. A ella la tuvieron una noche, con una herida en la cabeza.
Lo que contaron a la policía no coincidía. Los dos dijeron que el hombre medía alrededor de 1,80 m. Ella dijo que era un hombre negro de piel clara. Él dijo que era un hombre blanco de unos 30 años, muy bronceado.
La policía no les creyó. Algunos agentes pensaron que la pareja conocía al atacante y lo estaba protegiendo. Nadie relacionó esa noche con nada más. En ese momento no había nada con qué relacionarla.
La segunda noche: un coche en el camino de los enamorados
Un mes después, la mañana del domingo 24 de marzo de 1946, un conductor que pasaba por un camino secundario del mismo condado vio un coche aparcado. Dentro había dos personas, y no se movían.
Era un conocido camino de enamorados, a unos 90 m al sur de la carretera principal que sale de Texarkana hacia el oeste.
En el coche estaban Richard Griffin, de 29 años, y Polly Ann Moore, de 17. Llevaban 6 semanas saliendo juntos.
A los dos les habían disparado una vez en la nuca. El arma era una pistola del calibre .32.
Había sangre en el suelo junto al coche. Los investigadores interpretaron la escena así: a la pareja la mataron fuera del coche y luego el asesino volvió a meterla dentro. Según un relato, a ella la mataron sobre una manta en el suelo y después la colocaron en el asiento trasero.
No consta que un forense examinara a ninguno de los dos. Por la ciudad corrió el rumor de que ella había sido violada. Las fuentes de la época y las posteriores no coinciden en esto, y los relatos modernos del caso dicen que el rumor no tiene fundamento.
En las primeras semanas la policía interrogó a más de 200 personas. Siguió más o menos el mismo número de pistas falsas. El 30 de marzo se ofreció una recompensa de 500 dólares. Trajo más de 100 avisos. Ninguno llevó a ninguna parte.
Todavía nadie relacionaba este crimen con el hombre de la máscara de febrero.
La tercera noche: la chica del saxofón
3 semanas después, la noche del sábado 13 de abril de 1946, una orquesta de baile tocó en el club de veteranos de Texarkana.
Una de las músicas era Betty Jo Booker, de 15 años. Cursaba el tercer año del instituto, tocaba el saxofón y tenía un cargo en la banda del colegio.
Hacia la 01:30 de la madrugada, después de la actuación, un amigo fue a recogerla. Era Paul Martin, de 16 años. Se marcharon en su coche.
Hacia las 06:30 de la mañana encontraron el cuerpo de Paul Martin tirado junto a una carretera en el extremo norte de la ciudad. Le habían disparado 4 veces: en la cara, en las costillas por la espalda, en la mano derecha y en la nuca.
Betty Jo Booker había desaparecido.
Voluntarios y policías peinaron los bosques. Hacia las 11:30 de la mañana, un grupo de búsqueda la encontró detrás de un árbol, a casi 3 km de donde yacía Paul Martin. Le habían disparado dos veces, una en el pecho y otra en la cara.
El coche apareció junto a un parque en las afueras, con las llaves todavía puestas. Estaba a unos 2,5 km del cuerpo de él y a unos 5 km del de ella.
Su saxofón había desaparecido.
Las balas salieron de una pistola automática del calibre .32. Los investigadores creyeron que era la misma arma que había matado a Richard Griffin y Polly Ann Moore 3 semanas antes.
Ya no había dudas. La misma persona estaba matando a parejas en coches aparcados. El periódico local empezó a llamarlo el Fantasma.
La ciudad que cerró sus puertas
Después de la tercera noche, Texarkana cambió.
La gente compró armas y se quedó en casa al anochecer. Se impuso un toque de queda a los comercios, para que nadie estuviera en la calle de noche. La policía patrullaba los caminos tranquilos y los caminos de los enamorados.
Las parejas dejaron de salir de la ciudad. Los caminos de los enamorados se quedaron vacíos.
Llegaron periodistas de todo Estados Unidos. En pocos días la recompensa subió a más de 1.700 dólares.
Ahora el caso lo llevaban muchos cuerpos a la vez: la policía de la mitad texana, la policía de la mitad de Arkansas, los sheriffs de los condados vecinos, los Rangers de Texas y el FBI.
La cara más conocida de la investigación era un capitán de los Rangers de Texas apodado "Lobo Solitario". Era un agente famoso, siempre delante de las cámaras. Sus críticos lo llamaron después un hombre de espectáculo.
Los agentes trabajaban en turnos de 24 horas. Probaron un truco: sentaban a policías jóvenes, a voluntarios o incluso a maniquíes en coches aparcados en los caminos de los enamorados, y esperaban en la oscuridad a que llegara el Fantasma.
No llegó.
El 27 de abril, en una ciudad portuaria del extremo sur de Texas, la policía detuvo a un hombre que intentaba vender un saxofón. En su habitación de hotel encontraron ropa ensangrentada. Durante unos días la ciudad creyó que el Fantasma había caído. Luego el hombre quedó libre de sospecha. No era el saxofón de ella.
La cuarta noche: una granja
La noche del viernes 3 de mayo de 1946, el Fantasma hizo algo nuevo. No fue a un camino de enamorados. Fue a una casa.
Virgil Starks, de 37 años, tenía una granja de unas 200 hectáreas, a unos 16 km al noreste de Texarkana, en el lado de Arkansas de la frontera. También tenía un taller de soldadura.
Poco antes de las 21:00 estaba sentado en su sillón, leyendo. Su mujer, Katie Starks, de 36 años, estaba en otra habitación.
Dos disparos atravesaron la ventana cerrada que tenía detrás. Los dos le dieron en la nuca. Murió en el sillón.
Katie Starks oyó el cristal y corrió al teléfono. Era un viejo aparato de manivela, y empezó a llamar a la operadora. Otros dos disparos atravesaron la misma ventana. Los dos le dieron en la cara.
No cayó. Sangrando y descalza, salió corriendo de la casa en la oscuridad hasta la granja del vecino. El vecino disparó un rifle al aire para pedir ayuda, y ella se desplomó. La llevaron al hospital de Texarkana y sobrevivió.
No se llevaron nada de la casa. El dinero seguía allí. Su bolso seguía allí. La mayoría de los agentes concluyó que el motivo no era el robo.
Esta vez el arma era del calibre .22, no del .32. Las fuentes no coinciden en si era una pistola o un rifle. Por el arma distinta, algunos investigadores nunca estuvieron seguros de que fuera el mismo hombre. Otros señalaban las huellas de neumáticos junto a la granja, parecidas a las halladas en escenas anteriores.
Esa misma noche la recompensa saltó a 7.025 dólares. En 10 días superaba los 10.000 dólares.
La investigación crece
El 5 de mayo ya había 47 agentes trabajando en el caso.
El 9 de mayo llegó a Texarkana una estación de radio móvil, con 20 agentes de la policía estatal de Arkansas y 10 coches patrulla. El 11 de mayo se instaló un teletipo, para que la ciudad pudiera enviar y recibir al instante mensajes policiales de todo el país.
Los avisos llovían. Había que comprobar cada uno.
El 7 de mayo, un autoestopista armado le quitó el coche a un conductor y presumió de haber matado a 5 personas en Texarkana. El capitán de los Rangers no le creyó. El Fantasma, dijo, siempre se había esforzado en ocultar quién era. Un hombre así no presume ante desconocidos.
El 8 de mayo la policía anunció un nuevo sospechoso: un prisionero de guerra alemán que se había fugado de un campo, había robado un coche en Arkansas e intentado comprar balas en Oklahoma. Se difundió una descripción detallada. Nunca lo encontraron.
El 10 de mayo, en un pueblo pequeño de Oklahoma, un hombre atacó a una mujer y presumió de haber matado a 3 o 4 personas. 20 agentes y 160 vecinos lo buscaron. Fue detenido 2 días después. La policía no creyó que fuera el Fantasma.
9 personas se presentaron en comisarías y confesaron. Las 9 fueron descartadas.
Tres hombres fueron retenidos porque tenían sangre en la ropa. Los tres quedaron libres.
Un vecino fue interrogado porque se hallaron huellas de sus neumáticos cerca del cuerpo de Paul Martin. No superó el detector de mentiras. Bajo hipnosis explicó lo que realmente había estado haciendo esa noche, y quedó libre de sospecha.
Una muerte en la vía del tren
La mañana del 7 de mayo apareció un hombre en las vías del tren, a unos 26 km al norte de Texarkana. Un tren de mercancías le había pasado por encima una media hora antes.
Era Earl McSpadden. El jurado forense dictaminó que había muerto "a manos de personas desconocidas" y que ya estaba muerto cuando lo pusieron sobre las vías.
Tampoco por su muerte fue acusado nadie. Los rumores de la ciudad lo convirtieron en la sexta víctima del Fantasma. Otros rumores lo convirtieron en el propio Fantasma. La policía nunca relacionó oficialmente su muerte con los otros ataques, y no se le cuenta entre las víctimas.
Por fin se relaciona la primera noche
Durante todo ese tiempo, el ataque a Jimmy Hollis y Mary Jeanne Larey en febrero no se había vinculado oficialmente con los asesinatos.
El 10 de mayo el periódico local entrevistó a Mary Jeanne Larey. Al día siguiente, el 11 de mayo, los agentes dijeron en público por primera vez que el hombre de la máscara de febrero era probablemente el mismo.
Desde entonces la cuenta oficial fue de 4 ataques, 8 víctimas y 5 muertos.
Los agentes notaron otra cosa. Los 2 primeros ataques ocurrieron más o menos una semana después de luna llena. De ahí viene el nombre de "asesinatos a la luz de la luna". Pero el último ataque, el de la granja, fue cerca de la luna nueva, cuando las noches son más oscuras. La luna no explicaba nada.
El detective que vigilaba los coches robados
Y entonces, en verano, llegó el momento en que el caso estuvo más cerca de una respuesta.
Un detective de la policía estatal de Arkansas se fijó en un patrón que nadie había mirado. Antes de cada ataque se había denunciado el robo de un coche en la zona. Después de cada ataque aparecía abandonado un coche robado.
Empezó a vigilar los coches robados.
En julio de 1946, una vigilancia alrededor de uno de esos coches llevó a la policía hasta una mujer joven. A través de ella llegaron al hombre que estaba con ella: Youell Swinney, de 29 años, un delincuente habitual. Tenía antecedentes por robo de coches, falsificación de moneda, robo con allanamiento y agresión.
La mujer empezó a hablar. Dijo que él era el Fantasma. Dijo que había estado con él la noche en que mataron a Paul Martin y Betty Jo Booker. Describió cosas que la policía nunca había hecho públicas.
La policía dijo que pudo comprobar parte de lo que contó. Por ejemplo, ella sabía dónde se habían tirado ciertos objetos de una de las víctimas.
Luego cambió su versión.
Se retractó de lo que había dicho. Poco después se casó con él. Según la ley, no se podía obligar a una esposa a declarar contra su marido.
Los fiscales repasaron lo que tenían. Su relato no podía usarse en el juicio, y ella ya lo había contado de 2 maneras distintas. Sin ella, todo lo demás era circunstancial. Decidieron no acusarlo de asesinato.
En cambio, en 1947 fue juzgado por robo de coche. Por sus largos antecedentes lo condenaron a cadena perpetua como delincuente reincidente.
Aquí termina el rastro documentado. Nadie fue juzgado nunca por los asesinatos del Fantasma.
Dónde está el caso
Los asesinatos se detuvieron después de mayo de 1946. Fuera quien fuera el Fantasma, nunca volvió a atacar en Texarkana.
Youell Swinney pasó muchos años en prisión. En 1973 un tribunal declaró nula una de sus antiguas condenas, la que se había usado para imponerle la cadena perpetua, y quedó libre. Las fuentes no coinciden sobre su final. Algunas dicen que murió en prisión. La mayoría de los relatos dice que murió el 15 de septiembre de 1994 en una residencia de ancianos de Dallas, Texas. Según un relato, el caso se cerró oficialmente tras su muerte. Nunca fue acusado de ninguno de los asesinatos, y ante la ley siguió siendo inocente de ellos.
En 1946 no existían las pruebas de ADN, y según los relatos del caso, hoy casi no quedan pruebas físicas.
El saxofón de Betty Jo Booker apareció el 24 de octubre de 1946, más de 6 meses después de su muerte, cerca del lugar donde se había encontrado su cuerpo.
El último superviviente de la investigación, un ayudante del sheriff del lado de Arkansas, murió en 2008.
Los sospechosos y las teorías
Estas son las explicaciones que constan en los registros. Ninguna se probó nunca en un tribunal.
El ladrón de coches. Un libro publicado en 2014 por un escritor de Texarkana, tras años de investigación, concluye que Youell Swinney era el Fantasma. Se apoya en la primera versión de su novia, en los detalles que ella conocía y en los coches robados. El problema: ella se retractó. No había pruebas físicas. Nunca fue acusado, y debe considerarse inocente de los asesinatos.
El estudiante que dejó una confesión. El 4 de noviembre de 1948 se suicidó un estudiante universitario de una conocida familia de Texarkana. Dejó una nota en la que confesaba los asesinatos de Paul Martin, Betty Jo Booker y Virgil Starks. El problema: los investigadores no encontraron nada más que lo respaldara, y un amigo le dio una coartada para la noche del ataque a la granja. Trataron la nota como una pista falsa.
El hombre de las vías. Un rumor local dice que Earl McSpadden era el Fantasma y que se quitó la vida. El problema: el jurado forense dictaminó que ya estaba muerto cuando lo pusieron en las vías, asesinado por personas desconocidas. Eso no es un suicidio.
Más de un atacante. Algunos agentes nunca aceptaron que el tiroteo de la granja, con un arma distinta, fuera obra del mismo hombre. El problema: las huellas de neumáticos y las fechas encajan con el patrón, y después de esa noche todos los ataques se detuvieron a la vez.
La película
En 1976, un director que creció en Texarkana hizo una película sobre el caso, "The Town That Dreaded Sundown". Las fuentes no coinciden en si se estrenó en 1976 o en 1977. En 2014 llegó una nueva película con el mismo título. La ciudad proyecta la original cada año desde 2003.
Mucho de lo que hoy se cree sobre el Fantasma viene de esa película, y no de los registros. Los registros cuentan una historia más callada y más triste: 5 personas que salieron en coche una noche de fin de semana, una ciudad que cerró sus puertas y un caso que nunca se cerró en un tribunal.