El estanque de la muerte: la primavera en que mil sapos de Hamburgo reventaron por dentro
El estanque estaba en Altona, un rincón verde de Hamburgo, uno de esos barrios corrientes donde la gente pasea perros y los niños dan de comer a los patos. En abril de 2005 se convirtió en el escenario de una de las muertes de animales más extrañas jamás registradas en Alemania, y los vecinos contaron que empezó en la madrugada. En algún momento entre las dos y las tres de la mañana, cuando el agua yacía negra e inmóvil, se oía un estallido húmedo y sordo, como un puño hundido en barro mojado. Luego otro. Y algunas noches, decenas más.
Con la primera luz, las orillas del pequeño estanque aparecían sembradas de cuerpos, y los cuerpos no estaban simplemente muertos. Estaban vueltos del revés. Sapos que habrían cabido en la palma de un niño se habían hinchado hasta unas tres veces y media su tamaño normal, se habían abierto a lo largo del vientre y habían lanzado el hígado, los pulmones y los anillos del intestino hasta un metro de distancia sobre la hierba y el agua somera. La piel estaba desgarrada, no mordida. Lo que les había ocurrido había ocurrido desde dentro.
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