El estanque de la muerte: la primavera en que mil sapos de Hamburgo reventaron por dentro
Empezo, dijeron los vecinos, en la madrugada. En algun momento entre las dos y las tres de la manana, cuando el estanque del distrito de Altona, en Hamburgo, yacia negro e inmovil, se oia un estallido humedo y sordo, como un puno hundido en barro mojado. Luego otro. Al amanecer, las orillas del pequeno cuerpo de agua aparecian sembradas de cuerpos, y los cuerpos no estaban simplemente muertos. Estaban vueltos del reves. Sapos que habrian cabido en la palma de un nino se habian hinchado hasta tres veces y media su tamano normal, se habian abierto a lo largo del vientre y habian arrojado el higado, los pulmones y los anillos de los intestinos hasta un metro de distancia sobre la hierba y el agua somera. A lo largo de unas noches de la primavera de 2005 murieron asi mas de mil sapos. Los vecinos dieron al lugar un nombre que no necesitaba traduccion: el estanque de la muerte.
El estanque estaba en un barrio llamado Altona, un rincon verde de una ciudad alemana de lo mas corriente, de esas donde la gente pasea perros y los ninos dan de comer a los patos. Era temporada de cria, cuando los sapos comunes se congregan junto al agua por centenares para aparearse, de modo que la densidad de animales era alta y el espectaculo, cuando llegaba, resultaba grotesco en la misma medida. Los periodicos de todo el mundo recogieron la historia en cuestion de dias. Llegaron fotografos. Llegaron especialistas en anfibios. Y al principio nadie sabia decir que los estaba matando. Los animales no parecian envenenados en el sentido corriente. No parecian morir de una plaga que dejara un cadaver entero. Se hinchaban, insistian los testigos, y luego se deshacian, a veces todavia vivos, como si una presion interior no hallara por donde escapar.
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