En disputa

Los niños verdes de Woolpit: el misterio que la Inglaterra medieval registró dos veces

2026-07-07 · Personas sin nombre · 10 min de lectura

Los segadores debieron de oler la cebada cortada antes de ver a los niños. Era tiempo de cosecha en Suffolk, en algún momento cercano a la mitad del siglo XII, y los hombres que trabajaban los campos al borde de la aldea de Woolpit, una aldea a unos once kilómetros al este de la gran ciudad abacial de Bury St Edmunds, se toparon con dos figuras pequeñas encogidas junto a la boca de uno de los viejos fosos de lobos, las zanjas cavadas para atrapar a los lobos que habían dado al pueblo su nombre tosco. Un niño y una niña, asustados, aferrados el uno al otro. Sus ropas estaban cortadas de un modo que nadie reconocía, cosidas de un material que ningún segador allí sabía nombrar. Lloraban y hablaban, pero los sonidos que salían de sus bocas no coincidían con ninguna lengua que segador alguno hubiera oído jamás. Y luego estaba el detalle que ninguno de quienes los vieron olvidó nunca, el detalle que sacó la historia de un solo campo de Suffolk y la llevó a ocho siglos de disputa: la piel de los niños era verde.

Una leyenda suele derrumbarse bajo escrutinio cuando la sostiene una sola voz. A esta la sostienen dos. Guillermo de Newburgh, canónigo del priorato agustino de Newburgh, en el lejano Yorkshire, la consignó en su Historia rerum Anglicarum hacia 1189, y lo hizo con incomodidad, confesando que el relato ponía a prueba su propia fe, pero insistiendo en que el peso de los testimonios fiables le impedía descartarlo. Situó el suceso en el reinado del rey Esteban, entre 1135 y 1154. Ralph de Coggeshall, abad cisterciense de una casa a unos cuarenta kilómetros de Woolpit, escribió su versión en el Chronicon Anglicanum décadas más tarde, en la década de 1220, e hizo lo que Guillermo no pudo: nombró su fuente. Lo tuvo, dice, de la casa del caballero sir Richard de Calne de Wykes, que acogió a los niños, cuya mansión se alzaba unos diez kilómetros al norte de la aldea y que aparece en documentos legales reales de la época, muerto antes de 1188. Dos clérigos, dos órdenes distintas, dos extremos opuestos de Inglaterra, décadas de diferencia, y la misma historia imposible.

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