Cuatro mil mensajes de cinco signos: la escritura de las ciudades del Indo
El objeto es mas pequeno que una caja de cerillas. Es un cuadrado de esteatita, una piedra gris y blanda, de unos dos centimetros y medio de lado, perforado en el reverso para llevarlo colgado de un cordon. En el anverso hay un animal de perfil, una criatura parecida a un buey con un solo cuerno curvo. Sobre el animal corre una linea de marcas: una jarra, un pez, un grupo de trazos verticales, una figura como un hombre con los brazos alzados. Hay unos cuatro mil objetos asi. Nadie vivo puede leer ninguno de ellos.
El primero llego a la imprenta en 1875, cuando Alexander Cunningham, primer director general del Servicio Arqueologico de la India, publico un sello aparecido en un monticulo llamado Harappa, en el Punyab. Los signos no coincidian con ninguna escritura conocida. Cunningham supuso que era extranjero, una importacion de un lugar que algun dia se identificaria. Durante casi cincuenta anos quedo en la bibliografia como una curiosidad sin contexto.
El contexto llego en los anos veinte. Daya Ram Sahni inicio la excavacion sistematica de Harappa y Rakhal Das Banerji abrio un yacimiento seiscientos kilometros al sur llamado Mohenjo-daro, y ambos hallaron los mismos ladrillos, las mismas pesas, los mismos sellos. En septiembre de 1924 John Marshall anuncio en el Illustrated London News que la India habia producido una civilizacion de la Edad del Bronce contemporanea de Egipto y Sumer, desconocida para la historia y no mencionada por ningun autor antiguo.
Lo que ha emergido desde entonces es una de las mayores civilizaciones del mundo antiguo, extendida sobre cerca de un millon de kilometros cuadrados de lo que hoy son Pakistan y el noroeste de la India, en su apogeo entre aproximadamente 2600 y 1900 a.C. Sus ciudades estaban trazadas en cuadricula, con alcantarillas cubiertas, pozos publicos y ladrillo cocido normalizado en proporciones fijas. Sus comerciantes usaban pesas cubicas de piedra tan uniformes que las mismas unidades aparecen en todo el territorio, y sus sellos se han encontrado en Mesopotamia, donde los registros cuneiformes mencionan el comercio con un lugar llamado Meluhha.
Y no dejo casi nada que leer.
El corpus consta de unos cuatro mil objetos inscritos: sellos, las impresiones de arcilla de esos sellos, pequenas tablillas de cobre y marcas rayadas sobre ceramica. Las inscripciones son asombrosamente breves. La longitud mas comun es de cuatro o cinco signos. El texto mas largo sobre una sola superficie llega a diecisiete. No hay epitafio, ni proclama real, ni tratado, ni carta, ni tablilla contable del tipo que Mesopotamia produjo por decenas de miles. Cualquier secuencia es mas corta que esta frase.
Iravatham Mahadevan, el epigrafista indio que dedico gran parte de su vida al problema, compilo en 1977 una concordancia y conto 417 signos distintos. Esa cifra es a la vez pista y problema. Son demasiados para un alfabeto, que necesita unas pocas decenas. Son demasiado pocos para un sistema puramente de palabras, que necesita miles. Cae en el rango tipico de las escrituras logosilabicas, donde un signo vale a veces por una palabra y a veces por un sonido, como ocurre en el egipcio, el sumerio y el chino. Es una inferencia razonable. No es una lectura.
Parte de la estructura se ve sin descifrar nada. La escritura corre en general de derecha a izquierda, lo que se establece por como los signos se aprietan o solapan cuando al grabador se le acababa el sitio en el borde izquierdo. Ciertos signos aparecen casi siempre al principio de una secuencia y otros al final. Un signo parecido a una jarra es el elemento final mas frecuente. Algunos pares de signos aparecen juntos mucho mas de lo que permite el azar. Sean lo que sean estas secuencias, no son aleatorias.
Hay una aparente excepcion. En Dholavira, una ciudad de Guyarat, los excavadores encontraron un conjunto de diez signos mucho mayores que cualquier otro conocido, hechos de incrustacion de yeso y evidentemente montados sobre un tablero, probablemente encima de una puerta. Es lo mas parecido a una inscripcion publica que ha dejado la civilizacion, y mide diez signos.
El obstaculo central es facil de enunciar. Los jeroglificos egipcios cayeron ante Champollion porque la piedra de Rosetta llevaba el mismo texto en griego. El lineal B cayo ante Ventris porque acerto al suponer que la lengua detras era una forma temprana del griego. Para la escritura del Indo no hay texto bilingue ni lengua conocida. Ambas incognitas deben resolverse a la vez, con un corpus cuyo mensaje medio tiene cinco caracteres.
Eso no ha impedido que se intente. Se han publicado mas de cien desciframientos. Ninguno es aceptado.
El intento academico mas sostenido es el de Asko Parpola, de la Universidad de Helsinki, que lleva decadas defendiendo que la lengua detras de la escritura era dravidica, la familia que incluye el tamil y que hoy sobrevive sobre todo en el sur de la India con un caso aislado, el brahui, hablado en Baluchistan. El metodo de Parpola es el principio del rebus, que es realmente como funcionan las escrituras tempranas: un signo de objeto concreto se toma prestado por su sonido. Su ejemplo mas conocido es el signo del pez. En la mayoria de las lenguas dravidicas la palabra para pez, min, significa tambien estrella. Un signo de pez, en esta lectura, podria escribir no pez sino un termino celeste, y Parpola ha propuesto lecturas de varias combinaciones asi como nombres de planetas y estrellas.
La postura linguistica rival sostiene que la lengua era una forma temprana del indoario, antecesora del sanscrito. Tiene una dificultad cronologica, porque las lenguas indoarias suelen datarse despues de las ciudades maduras del Indo, y ha quedado danada por episodios en que las pruebas no resistieron el examen.
Entonces, en 2004, Steve Farmer, Richard Sproat y Michael Witzel publicaron un articulo de titulo deliberadamente provocador: El colapso de la tesis de la escritura del Indo: el mito de una civilizacion harappa alfabetizada. Su argumento no era que la escritura se hubiera leido mal, sino que nunca habia sido escritura. Los sistemas de escritura reales, sostenian, no se comportan asi. Producen textos largos; los producen tambien en soportes duraderos y no solo perecederos; dejan instrumental de escriba y errores de escriba; no tienen gran cantidad de signos que aparecen exactamente una vez. Los signos del Indo, en su lectura, eran simbolos no linguisticos, mas cercanos a la heraldica que a las oraciones, y marcaban propiedad, clan, deidad o mercancia. Los autores ofrecieron un premio en metalico a quien presentara un solo texto del Indo de longitud apreciable. Nadie lo ha reclamado.
En 2009 la discusion gano un frente estadistico. Rajesh Rao, informatico de la Universidad de Washington, junto con Mahadevan y otros, publico en Science un articulo breve que medía la entropia condicional de las secuencias del Indo: en esencia, cuan predecible es el signo siguiente dado el actual. Con 1.548 lineas tomadas de la concordancia de Mahadevan, unas siete mil apariciones de signos, informaron de que las cifras del Indo quedaban cerca de las de sistemas linguisticos conocidos como el sumerio y el tamil antiguo, y lejos de conjuntos de simbolos no linguisticos. Sproat respondio que los conjuntos de comparacion se habian elegido de un modo que hacia inevitable el resultado, y que la entropia condicional asi planteada no puede distinguir una lengua de cualquier otra secuencia estructurada. Rao respondio a la respuesta. El intercambio no se ha resuelto, y los especialistas siguen discrepando sobre si el objeto de estudio es escritura.
La cuestion se ha vuelto ademas politica, ya que si las ciudades del Indo hablaban una lengua dravidica o indoaria incide en discusiones actuales en la India sobre origenes y prioridad. En enero de 2025, en un congreso en Chennai por el centenario del anuncio de la civilizacion, el ministro principal de Tamil Nadu, M. K. Stalin, ofrecio un premio de un millon de dolares a quien descifre la escritura y anuncio una catedra con el nombre de Mahadevan. En el mismo congreso los investigadores K. Rajan y R. Sivananthan informaron de que la comparacion de mas de catorce mil fragmentos ceramicos inscritos de Tamil Nadu mostraba una coincidencia sustancial de signos con el corpus del Indo.
Conclusiones y preguntas abiertas
La hipotesis dravidica sigue siendo la propuesta linguistica mas desarrollada. Su fuerza es que su metodo es el correcto: la escritura por rebus es como funcionan de verdad las escrituras tempranas, el dravidico se habla en el subcontinente, el brahui sobrevive cerca del antiguo territorio del Indo, y hay palabras en los textos sanscritos mas antiguos que parecen venir de una fuente no indoaria. Su debilidad es que no puede ponerse a prueba. Una lectura propuesta de una secuencia de cinco signos no produce confirmacion independiente, ni un segundo texto que se vuelva inteligible, ni una prediccion que pueda fallar.
La hipotesis indoaria tiene la ventaja de la continuidad con la cultura escrita posterior de la region. Sus debilidades son la datacion, que situa las lenguas indoarias documentadas despues del periodo maduro del Indo, y un historial de afirmaciones que no han resistido el examen.
La tesis no linguistica es la posicion esceptica mas solida y su observacion central es dificil de descartar: en un siglo de excavaciones en cientos de yacimientos, nunca se ha encontrado nada largo. Su debilidad es que la ausencia de pruebas hace casi todo el trabajo, y los resultados de entropia, con todas sus limitaciones, apuntan en sentido contrario.
Entre medias hay una posibilidad mas discreta que varios investigadores encuentran plausible: que los signos si codificaran lengua, pero solo con un fin burocratico estrecho, registrando nombres, titulos, mercancias, cantidades u obligaciones fiscales sobre bienes en transito. Encaja bien con la arqueologia, ya que las impresiones se aplicaban sobre fardos y recipientes. Su debilidad es que explica la brevedad sin explicar la ausencia total de cualquier otra cosa.
La ultima teoria sostiene que los textos largos existieron y se perdieron, escritos en hoja de palma, tela o corteza de abedul y destruidos por un clima monzonico. Es posible. En contra esta la observacion de que las culturas alfabetizadas en climas humedos tienden aun asi a dejar inscripciones largas en piedra y metal, y que en los yacimientos del Indo no se han identificado estilos, tinteros ni ningun otro instrumental de escriba.
Lo que queda sin explicar es mucho. Nadie sabe que lengua, si alguna, hay detras de los signos. Nadie sabe por que una sociedad administrativamente sofisticada con mil kilometros de alcance nunca produjo un texto de mas de diecisiete caracteres sobre nada que haya sobrevivido. Nadie sabe como el inventario de signos se mantuvo tan estable a esa distancia y a lo largo de siglos sin un aparato de ensenanza que haya dejado rastro alguno. Y nadie sabe por que, cuando las ciudades fueron abandonadas despues de aproximadamente 1900 a.C., los signos desaparecieron con ellas, sin dejar escritura descendiente ni tradicion posterior que recordara su significado.