Jerome de Sandy Cove: el hombre que se negó a hablar durante cincuenta años
La mañana del 8 de septiembre de 1863, un niño de ocho años llamado George Colin Albright caminaba por la playa de Sandy Cove, una pequeña aldea de la península de Digby Neck, en Nueva Escocia, cuando vio una figura recostada contra una roca. Era un hombre joven, de pelo oscuro y unos veintitantos años, aterido de frío y apenas consciente. Le habían amputado ambas piernas por encima de la rodilla. Los muñones estaban vendados y solo a medio cicatrizar, y el trabajo parecía experto: el corte de un cirujano entrenado, no un accidente. Los relatos de la época añaden que le habían dejado pan y un recipiente con agua al alcance de la mano, como si quien lo desembarcó no quisiera que muriera, solo que desapareciera.
No podía, o no quería, explicarse. Cuando le insistieron por su nombre, murmuró algo que los aldeanos entendieron como "Jerome", y el nombre quedó. En otras ocasiones se contó que masculló palabras parecidas a "Colombo", quizá un barco, y "Trieste", quizá un puerto de origen, pero nada pudo confirmarse. Los intentos de hablarle en francés, latín, italiano y español fracasaron todos. Durante el resto de su vida, casi medio siglo, apenas habló, y reaccionaba a los visitantes entrometidos con ira visible, a veces gruñendo para ahuyentarlos.
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