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Las luces de Marfa: faros, espejismos y un enigma que el desierto no termina de entregar

2026-07-24 · Lugares enigmáticos · 8 min de lectura

Una tarde de 1883, un vaquero de dieciséis años llamado Robert Reed Ellison conducía ganado por el paso de Paisano, en la meseta alta y seca del extremo oeste de Texas, cuando vio un destello de luz en el crepúsculo. Lo tomó por las hogueras de los apaches y lo dijo. Varios jinetes salieron a comprobarlo. No encontraron cenizas, ni rescoldos, ni un círculo de piedras, ni rastro alguno de campamento. La noche siguiente la luz volvió, y también la siguiente. Hacia 1885, otros colonos de la cuenca, entre ellos la familia Humphreys, informaban de algo muy parecido. El avistamiento de Ellison es el más antiguo vinculado al fenómeno que más tarde se llamaría las luces de Marfa, y lleva una advertencia importante: él nunca lo escribió. Su relato llegó al papel solo décadas después, transportado por la memoria familiar.

Durante los setenta años posteriores a Ellison el registro es enteramente oral: rancheros, soldados e historias contadas en la mesa familiar. Durante la Segunda Guerra Mundial se dice que los pilotos que se entrenaban en el cercano aeródromo militar de Marfa buscaron las luces desde el aire y regresaron sin nada. El primer relato impreso conocido apareció solo en julio de 1957, en la revista Coronet. En 1976 el folclorista Elton Miles reunió recuerdos del siglo diecinueve y la fotografía de un ranchero en su libro Tales of the Big Bend. Ambos eran memoria mirando hacia atrás, no registro contemporáneo. No se conoce ningún documento fechado del siglo diecinueve que describa las luces.

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