Diecinueve minutos en una carretera helada: la desaparición de Maura Murray
A las 19:27 de la tarde del 9 de febrero de 2004, una mujer que vivía junto a un tramo oscuro de la carretera 112 de New Hampshire oyó un golpe seco fuera de su casa. Se asomó y vio un coche apoyado contra el montón de nieve en el lado equivocado de la vía, apuntando al oeste en el carril de dirección este. Llamó a la oficina del sheriff del condado de Grafton. Diecinueve minutos después, un agente de policía de Haverhill se acercó a ese coche y lo encontró cerrado con llave y vacío. La conductora, una estudiante de enfermería de 21 años llamada Maura Murray, no ha vuelto a ser vista jamás.
Ese tramo de la 112 se llama Wild Ammonoosuc Road. Baja hacia el oeste desde las Montañas Blancas hasta el pueblo de Woodsville, en el municipio de Haverhill, entre casas dispersas y largos muros de árboles. La noche en que su Saturn negro de 1996 quedó allí detenido, la temperatura estaba bajo cero y la nieve se acumulaba alta en ambos arcenes. Estaba a más de tres horas de su residencia universitaria en la Universidad de Massachusetts en Amherst, en un lugar al que nunca dijo a nadie que iba.
Murray nació en Brockton, Massachusetts, en 1982, la cuarta de los hijos de Fred y Laurie Murray. Fue corredora de fondo en el instituto y buena estudiante, lo bastante para ser admitida en la Academia Militar de Estados Unidos en West Point, donde estudió ingeniería química durante tres semestres antes de marcharse. Su hermana Julie explicó después que Maura había sido remitida a un comité de honor por una acusación de robo en una tienda del cuartel y prefirió retirarse antes que comparecer. Se trasladó a Amherst, cambió a enfermería y, a comienzos de 2004, trabajaba turnos de noche como guardia de seguridad del campus.
La semana anterior a su desaparición fue difícil. La noche del 5 de febrero su supervisora la encontró llorando en su puesto tras una llamada con su hermana mayor Kathleen; un compañero la describió como completamente ausente y sin reaccionar, y la acompañaron de vuelta a su habitación de madrugada. Cuando le preguntaron qué pasaba, solo dijo: "Mi hermana". Como reveló después la familia, Kathleen había recaído en el alcoholismo tras salir de un programa de rehabilitación.
El 7 de febrero su padre Fred subió a visitarla. Miraron coches, cenaron y Maura tomó prestado su coche de alquiler para ir a una fiesta en la residencia. Salió de la fiesta hacia las dos y media de la madrugada. Una hora más tarde, camino del motel de su padre en la carretera 9 de Massachusetts, en Hadley, chocó contra un quitamiedos con fuerza suficiente para causar unos diez mil dólares en daños. No consta que se le hiciera ninguna prueba de alcoholemia. Fred supo que el seguro cubriría los daños, consiguió un coche de sustitución y le recordó por teléfono aquel domingo por la noche que recogiera los impresos del parte de accidente. Quedaron en repasar el papeleo el lunes.
Esa conversación nunca ocurrió. Poco después de la medianoche del 9 de febrero, Murray usó MapQuest para buscar cómo llegar a los Berkshires y a Burlington, Vermont. A la una de la tarde escribió a su novio, un oficial del ejército destinado en Oklahoma: "Te quiero más, guapo. Recibí tus mensajes, pero de verdad que no tenía ganas de hablar con nadie, te prometo que llamaré hoy". Hizo una llamada de tres minutos para preguntar por el alquiler de un apartamento en Bartlett, New Hampshire; el propietario no recordaba la conversación y no le alquiló nada. A las 13:24 escribió a su supervisora de trabajo diciendo que estaría fuera una semana por una muerte en la familia. Nadie de su familia había muerto. A las 14:05 llamó a una línea grabada de información hotelera de Stowe, Vermont.
Las clases se habían cancelado ese día por una tormenta de nieve. Hacia las tres y media salió del campus en el Saturn, tras meter ropa, artículos de aseo, libros de texto y sus píldoras anticonceptivas. Diez minutos más tarde una cámara de banco la grabó retirando 280 dólares; estaba sola. En una licorería cercana compró unos 40 dólares de alcohol, entre ellos Baileys, Kahlúa, vodka y una caja de vino Franzia, y de nuevo las imágenes la muestran sola. Recogió los impresos del parte de accidente en la oficina de tráfico. El último uso registrado de su teléfono móvil fue a las 16:37, cuando consultó el buzón de voz. Cuando la policía del campus abrió después su habitación, encontró la mayoría de sus pertenencias en cajas y los cuadros descolgados de las paredes.
El siguiente rastro confirmado es ese golpe en la carretera 112. Sobre las siete y media, un conductor que pasaba por allí, vecino de la zona y conductor de autobús escolar, se detuvo en el lugar. Vio a una mujer joven dando vueltas alrededor del coche. Temblaba de frío y no parecía herida ni sangraba. Él se ofreció a pedir ayuda, y ella le pidió que no llamara a la policía y le dijo que ya había avisado a la asistencia en carretera. La AAA no tenía registro de ninguna llamada así. Él recorrió la corta distancia hasta su casa y llamó él mismo a la policía a las 19:43. En los minutos siguientes pasaron varios coches por la carretera.
A las 19:46 llegó el agente de Haverhill. El Saturn había golpeado un árbol por el lado del conductor con fuerza suficiente para empujar el radiador contra el ventilador y agrietar el parabrisas; los dos airbags se habían disparado. Estaba cerrado con llave y no había nadie dentro ni cerca. En el interior había manchas rojas que parecían vino, una botella de cerveza vacía, una caja de Franzia dañada en el asiento trasero, la tarjeta de la AAA de Murray, los impresos en blanco del parte, guantes, discos compactos, maquillaje, joyas, indicaciones impresas hacia Burlington, su peluche favorito y un libro sobre los peligros de escalar en las Montañas Blancas. Un trapo que se cree procedente de su kit de emergencia había sido metido en el tubo de escape.
Lo que no estaba importaba más. Su tarjeta de débito, sus tarjetas de crédito y su teléfono móvil habían desaparecido, y ninguno de ellos se ha usado ni encontrado nunca. También faltaba la mochila negra que llevaba. El coche fue remolcado a las 20:49 y el agente se marchó hacia las 21:30. Murray no fue registrada oficialmente como desaparecida hasta las 17:17 de la tarde siguiente, unas veintidós horas después de que se la viera con vida por última vez.
Las búsquedas empezaron el 11 de febrero. Un perro rastreador siguió un olor de su guante unos cien metros al este del accidente y allí lo perdió, lo que los investigadores interpretaron como indicio de que se había ido de la zona en otro vehículo. Tres meses después, un contratista se presentó para decir que aquella noche, entre las ocho y las ocho y media, había visto a alguien con vaqueros, abrigo oscuro y capucha clara caminando deprisa hacia el este por la 112, a unos seis o siete kilómetros del accidente. El FBI se incorporó diez días después. Helicópteros con cámaras térmicas, perros de cadáveres y, en julio de 2004, casi cien rastreadores cubriendo un radio de una milla no dieron nada concluyente.
En 2009 el expediente pasó a la recién creada Unidad de Casos sin Resolver de New Hampshire y se reclasificó como una desaparición sospechosa que el estado trata como un posible homicidio. Una excavación en 2019 bajo una casa cercana al lugar del accidente, donde años antes habían reaccionado perros de cadáveres, solo sacó tuberías viejas. Unos fragmentos óseos hallados en Loon Mountain en 2021 fueron analizados y no eran suyos. El FBI emitió una alerta nacional en 2022. En febrero de 2026, veintidós años después del accidente, la Unidad de Casos sin Resolver dijo que estaba aplicando reconocimiento facial y escaneo del terreno con LiDAR, y que su determinación no había disminuido.
Conclusiones y preguntas abiertas
La fiscalía general de New Hampshire nunca ha nombrado públicamente a un sospechoso y, tras más de dos décadas, las explicaciones que compiten siguen siendo casi las mismas del primer mes.
La postura oficial más temprana, expresada por la policía de Haverhill en cuestión de días, fue que Murray o bien había huido o bien había subido al norte con intención de hacerse daño; figuró como persona en peligro y posiblemente suicida, y un informe policial la describió como intoxicada en el lugar, aunque el conductor de autobús que habló con ella dijo que no parecía afectada. La debilidad de esa lectura es lo que se llevó consigo. Metió libros de texto, píldoras anticonceptivas y un peluche, y dejó joyas y dinero en el coche. Además había sacado dinero y comprado alcohol sin ningún intento de ocultar sus movimientos. Su familia rechazó de inmediato la tesis del suicidio y nunca apareció una nota.
Una teoría emparentada, formulada en un comunicado de 2004, sostiene que viajaba a un destino desconocido y sencillamente aceptó que alguien la llevara para continuar hasta allí. Encaja con que el perro rastreador perdiera el olor a cien metros del coche. Su punto débil es que en veintidós años ningún conductor se ha presentado, no se ha registrado ningún avistamiento confirmado en ningún lugar y ninguna de sus tarjetas bancarias ha vuelto a utilizarse.
Fred Murray sostuvo durante años que su hija fue secuestrada y asesinada cerca del lugar del accidente, y presionó al FBI y al estado para que trataran el caso como un homicidio. Se apoyaba en un episodio de finales de 2004, cuando un vecino le entregó un cuchillo manchado y le dijo que su propio hermano afirmaba que se había usado para matarla. La familia de aquel hermano dijo que el relato era inventado para cobrar la recompensa y señaló el historial de drogas del hombre. En 2006, perros de cadáveres reaccionaron dentro de una casa a poco más de un kilómetro del accidente, pero la excavación de ese sótano en 2019 no encontró nada.
El escritor James Renner, autor de un libro sobre el caso, ha defendido en distintos momentos la hipótesis de un coche acompañante, la de una desaparición voluntaria y la de un asesinato a manos de alguien conocido. En 2025 informó de que una huella dactilar no identificada tomada de un disco compacto o de su caja en el coche había sido vinculada a un antiguo compañero de West Point. Ese hombre ha negado cualquier implicación en la desaparición. No ha sido acusado de nada relacionado con el caso y le ampara la presunción de inocencia; la fiscalía general no ha confirmado la información sobre la huella, y una huella en un disco solo prueba contacto con el disco.
Algunos sostienen que la desaparición de Brianna Maitland en Vermont cinco semanas después, a 106 kilómetros y en circunstancias parecidas, apunta a un mismo agresor actuando en la región. La policía de ambos estados lo examinó y lo descartó en 2004 al no hallar ningún vínculo probatorio.
Lo que sigue sin explicación es más concreto y más extraño que cualquiera de las teorías. ¿Por qué escribió Murray a su supervisora sobre una muerte que no había ocurrido? ¿Adónde iba, si sus búsquedas abarcaban los Berkshires, Burlington y Stowe y sus indicaciones impresas apuntaban a Burlington? ¿Por qué pidió a un desconocido que no llamara a la policía, y lo explican el accidente sin resolver de la noche anterior y el riesgo de una investigación por conducir bebida? ¿Quién metió el trapo en el tubo de escape, y para qué? ¿Qué fue de un teléfono y dos tarjetas bancarias que desde entonces no han aparecido ni una sola vez en ningún registro? ¿Y cómo cruzó una mujer joven, con temperaturas bajo cero y en una carretera con casas, los aproximadamente nueve a diecinueve minutos entre la marcha del conductor del autobús y la llegada del agente sin que la viera ninguno de los coches que pasaron?