El rostro que secuestro Chicago: 90 segundos que nadie ha explicado
Era un domingo por la noche de finales de noviembre, y el Doctor estaba en un faro.
En los salones de Chicago, los espectadores del canal once veian un episodio de Doctor Who titulado El horror de Fang Rock, la historia de una torre aislada y de algo invisible que sale de la oscuridad. Hacia las once y cuarto de la noche del 22 de noviembre de 1987, el faro desaparecio. En su lugar, llenando la pantalla, habia un rostro: una mascara rigida de goma congelada en la sonrisa de Max Headroom, el presentador generado por ordenador y de habla entrecortada que aquel ano era una de las imagenes mas reconocibles de la cultura popular. Detras de la figura se balanceaba una plancha de metal ondulado, imitacion tosca del fondo digital del programa real.
La figura gimio. Se rio. Hablo con una voz distorsionada mas alla de la comprension, y los fragmentos que emergian del ruido no formaban nada. Levanto una lata de refresco. Cerca del final se inclino hacia delante y un segundo participante, fuera de plano, la golpeo varias veces con un matamoscas. Despues la transmision se corto y el Doctor volvio a su faro como si nada lo hubiera interrumpido.
La emision duro unos noventa segundos. Nunca ha sido explicada.
Lo que la mayoria de los espectadores ignoraba es que aquel era el segundo intento de la noche. Unas dos horas antes, hacia las nueve y cuarto, la misma figura enmascarada habia aparecido durante el bloque deportivo del noticiario de la WGN. Aquella primera intrusion no llevaba sonido audible y duro apenas unos segundos. El comentarista deportivo, a mitad de frase, se vio sustituido por una sonrisa de goma que se balanceaba. Los ingenieros de la WGN reaccionaron rapido, cambiaron la frecuencia del enlace entre el estudio y el transmisor, y la senal propia de la emisora volvio a su sitio. En antena, el presentador salio del paso diciendo que no sabia que habia sido aquello, y el noticiario continuo.
Los intrusos, sin embargo, aprendieron algo en esos segundos. Los ingenieros de la WGN estaban en su puesto y habian contraatacado. Cuando la senal fue tomada de nuevo, el objetivo era otro. El transmisor del canal once estaba en lo alto de la Torre Sears, y los ingenieros que podrian haber frenado la toma no estaban alli. No habia quien cambiara la frecuencia ni quien cortara la senal. La intrusion siguio hasta que quien estaba detras decidio parar.
Para entender como fue posible, conviene recordar como llegaba la television a los hogares en 1987. La programacion no viajaba del estudio al transmisor por un cable sellado. Se enviaba mediante un haz de microondas, un enlace llamado estudio-transmisor, desde el estudio hasta la antena emisora, a menudo a traves de kilometros de aire urbano abierto. Ese enlace era una via de radio en linea de vision y no estaba cifrado. No parecia necesario. El equipo era caro, las frecuencias oscuras, y toda la industria daba por hecho que nadie ajeno a la profesion tendria ni el material ni el conocimiento para interferir.
La suposicion era falsa. Cualquiera situado en linea de vision de la antena receptora, emitiendo en la misma frecuencia con mas potencia que la senal legitima, podia sencillamente aplastarla. El receptor de la torre no tenia forma de preguntar cual era la senal autentica. Se enganchaba a la mas fuerte. Durante la intrusion, la mas fuerte venia de algun punto de Chicago, y llevaba una mascara.
La Comision Federal de Comunicaciones abrio una investigacion de inmediato, con el FBI a su lado. La exposicion legal era seria: un portavoz de la comision cito una pena maxima de cien mil dolares, un ano de carcel o ambas cosas. Se interrogo a ingenieros. Las grabaciones se examinaron fotograma a fotograma. Los investigadores se preguntaron quien en la zona de Chicago poseeria un transmisor de microondas potente, entenderia la infraestructura de emision de la ciudad lo bastante para saber que enlaces eran vulnerables y podria colocar el equipo donde alcanzara la antena correcta.
Esa descripcion estrechaba mucho el circulo. No era una lista larga de personas. Y aun asi, nadie fue acusado jamas. No aparecio ninguna confesion. No se recupero ni se rastreo ningun equipo. El plazo de prescripcion de cinco anos se abrio, corrio y se cerro con el caso exactamente donde habia empezado.
Lo que hace notable el silencio es la naturaleza misma del acto. No fue un delito silencioso. Fue una actuacion, montada ante una audiencia de cientos de miles, por gente que se tomo bastantes molestias para ser vista. Los interpretes de ese tipo suelen querer credito tarde o temprano. La intrusion ocurrio antes de que internet hiciera facil el anonimato y aun mas facil la fanfarroneria, y en las decadas siguientes, mientras la grabacion circulaba y se convertia en una de las curiosidades mas vistas de la primera cultura de red, la tentacion de reclamarla debio de ser enorme. De vez en cuando han surgido reivindicaciones. Ninguna se ha sostenido hasta el nivel de un nombre y una acusacion, y el FBI nunca anuncio ninguno.
Hay otra rareza en el propio material. El habla distorsionada lleva decadas siendo ralentizada, filtrada y analizada por aficionados. Sobre algunas frases hay amplio acuerdo; otras se discuten, y oyentes distintos escuchan palabras completamente distintas en el mismo segundo. Las referencias que si se distinguen apuntan al propio mundo televisivo de Chicago: al eslogan de una emisora rival, al nombre de un comentarista deportivo. Quien estaba tras la mascara conocia la television local lo bastante para bromear sobre ella y esperaba que al menos parte del publico lo siguiera.
Y luego esta el final. El matamoscas, la piel al aire, la risa chillona. Es la parte de la grabacion que mas inquieta, y es la parte que resiste todo intento de atribuir un motivo al suceso. Una declaracion politica habria declarado algo. Un hacker que demuestra un fallo de seguridad lo habria dicho. Aquello termino en una paliza de payasada y un grito, y despues nada: sin continuacion, sin manifiesto, sin segundo acto. Quien tomo las ondas de una ciudad dos veces en una noche se marcho y, hasta donde muestra el registro publico, no volvio a hacerlo nunca.
Conclusiones y preguntas abiertas
La cuestion tecnica esta en buena medida resuelta. Los ingenieros de radiodifusion y los analistas posteriores coinciden en que la intrusion funciono casi con seguridad aplastando un enlace de microondas estudio-transmisor, y la respuesta del sector reflejo esa conclusion: la vulnerabilidad era real, se comprendio y se fue cerrando en los anos siguientes. El equipo necesario no era algo que un adolescente curioso montara en su cuarto. Era material profesional, y usarlo exigia conocimiento profesional.
Precisamente por eso la cuestion humana sigue abierta.
Una teoria, favorita desde hace tiempo entre la gente del oficio, sostiene que los intrusos eran profesionales de la emision o estudiantes de ingenieria con acceso a equipo excedente. Encaja bien con las pruebas: explica el conocimiento de que enlaces eran vulnerables, las frecuencias correctas, la conciencia de que la WGN tenia personal de guardia y el canal once no. Su debilidad es que una comunidad profesional pequena es mal lugar para guardar un secreto durante cuatro decadas, y este secreto ha aguantado.
Una segunda teoria trata el suceso como pura cultura de broma, una travesura de gente de los margenes del phreaking telefonico y la radioaficion de la epoca, comunidades con verdadera profundidad tecnica y gusto por el absurdo. El tono de la emision apoya esa lectura: el humor es de circulo cerrado, el final es deliberadamente infantil y no hay mensaje que descifrar porque nunca se penso que lo hubiera. La dificultad es el hardware. El entusiasmo por si solo no produce un transmisor capaz de imponerse a un enlace comercial desde una posicion practicable en una gran ciudad.
Una tercera posibilidad, mas dificil de argumentar y mas dificil de descartar, es que hubiera detras alguien con un agravio contra la television de Chicago que enterro ese agravio bajo el sinsentido a proposito. Las referencias a una emisora rival y a un presentador concreto insinuan un blanco. Pero los indicios son ambiguos, oyentes distintos los oyeron de forma distinta, y construir una teoria sobre audio discutido es construir sobre arena. Conviene decirlo con claridad: nunca se ha probado la participacion de ninguna persona, y las especulaciones con nombres jamas se han apoyado en pruebas.
Las preguntas que quedan abiertas son las corrientes, y por eso incomodan. Por que dos veces en una noche, y por que parar tras la segunda? Si el primer intento fue una prueba, que se estaba probando exactamente? Por que elegir una mascara que en aquel momento estaba entre los rostros mas reconocibles del mundo, en lugar de una que no revelara nada? Y como comparten dos o mas personas un suceso tan publico, tan revisto, tan escrito, sin que ninguna diga nunca las palabras en voz alta?
En algun sitio, lo mas probable, alguien lo sabe. El plazo para procesar se cerro hace decadas; ya no hay nada que temer de una confesion. Que la confesion siga sin llegar es, desde esta distancia, lo mas extrano de todo el asunto.