En disputa

El milagro del sol: decenas de miles de testigos y ni un solo instrumento

2026-07-06 · Fenómenos masivos extraños · 10 min de lectura

Al primer albor del 13 de octubre de 1917, los caminos embarrados de la Serra de Aire estaban ya atascados de gente. Campesinos descalzos, mujeres con niños en la cadera, ancianos apoyados en bastones y un puñado de meros curiosos y de abiertamente hostiles: todos se apretaban hacia una hondonada poco profunda y anegada llamada Cova da Iria, cerca de una aldea que la mayoría de los portugueses no habría encontrado en un mapa un año antes. Llovía desde el amanecer, una lluvia atlántica fría que convertía los campos en lodo y calaba a los peregrinos hasta los huesos. Algunos habían caminado dos o tres días. Habían venido porque tres niños pastores prometieron que ese día, a esa hora, la señora que les hablaba daría al mundo una señal, para que todos creyeran.

Los niños eran Lucia dos Santos, de diez años, y sus primos menores Francisco y Jacinta Marto, de nueve y siete. Desde el 13 de mayo describían a una mujer radiante que aparecía sobre una pequeña encina el día trece de cada mes, y la voz se corrió por la comarca y luego por el país. La mayoría de las estimaciones sitúa la multitud reunida en la Cova entre 30.000 y 70.000 personas, una cifra asombrosa para la Portugal rural en plena guerra mundial. No todos eran devotos. Habían llegado reporteros de Lisboa esperando documentar un fraude o un motín, y las autoridades locales, recelosas del fervor religioso bajo una república agresivamente laica, no ocultaban su desprecio.

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