UN CASO REAL
Documentado

La ciudad que destrozó a sus propios dioses: las ocho fosas de Sanxingdui

2026-09-05 · Lugares enigmáticos · 8 min de lectura

En el verano de 1986, unos obreros de una ladrillera a las afueras de Guanghan, en la llanura de Chengdu, en Sichuan, extraían arcilla. La tierra allí es blanda y amarilla y llevaba años excavándose sin incidentes. Entonces una pala atravesó una cavidad y el hombre que la sostenía se encontró mirando una hoja de jade.

El aviso llegó a los arqueólogos provinciales, que abrieron lo que resultó ser una fosa rectangular cortada en el suelo. Lo que salió de ella, y de una segunda fosa hallada semanas después a pocos metros, no encajaba en nada de lo que se sabía sobre la Edad del Bronce china. Había cabezas de bronce de mandíbula cuadrada y nariz plana, algunas con la cara cubierta de lámina de oro. Había colmillos de elefante, decenas, apilados por capas. Había jades, conchas de cauri traídas del mar a cientos de kilómetros, y una figura de bronce en pie de dos metros y medio sobre un pedestal, con las manos enormes y anilladas extendidas como si sostuvieran algo que ya no está. Había una máscara de bronce tan ancha que un hombre actual no puede abarcarla con los dos brazos, con los ojos proyectados fuera del rostro sobre tallos, como oculares de un telescopio. Y había un árbol de bronce de casi cuatro metros, con pájaros en las ramas.

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