Documentado

El intruso que se quedo: veinticinco anos de los asesinatos de Setagaya

2026-08-30 · Muertes inexplicables · 8 min de lectura

A las once menos veinte de la manana del 31 de diciembre de 2000, una mujer mayor entro en la casa de al lado, en el barrio de Setagaya, en Tokio. Las dos viviendas estaban una junto a otra en una manzana que la ciudad ya habia comprado para ampliar el parque de Soshigaya, y casi todos los vecinos se habian mudado. Ella habia oido un ruido durante la noche y no le habia dado importancia. Dentro encontro a la familia de su hija.

Mikio Miyazawa tenia cuarenta y cuatro anos. Su esposa Yasuko tenia cuarenta y uno. Su hija Niina tenia ocho anos y su hijo Rei seis. Los cuatro fueron asesinados entre aproximadamente las once y media de la noche anterior y las doce y cinco. Tres murieron apunalados. Al nino pequeno lo estrangularon en su cama.

Lo que la policia metropolitana de Tokio encontro en las horas siguientes era, sobre el papel, la investigacion de homicidio mas facil que llegarian a hacer. El caso lleva veinticinco anos abierto.

El intruso entro por una ventana pequena del segundo piso que habia quedado sin cerrar. Llevaba un cuchillo consigo, una hoja de sashimi, que se rompio dentro de la cabeza de Mikio Miyazawa durante el ataque. Entonces tomo un cuchillo santoku de la propia cocina de la familia y siguio con el. Ambos cuchillos, establecieron despues los investigadores, se habian vendido en la prefectura de Kanagawa.

Y entonces, en lugar de huir, se quedo.

Se quedo entre dos y diez horas. Abrio la nevera y se comio cuatro helados y un melon y se bebio cuatro botellas de te de cebada. Reviso el botiquin y los productos sanitarios de la familia y los uso para vendarse las manos, que se habia cortado con su propia hoja. Uso el retrete y no tiro de la cadena. Abrio cajones y esparcio papeles, y tiro algunos a la banera y al inodoro. Se llevo algo mas de cien mil yenes en efectivo y dejo intacta una suma mayor a poca distancia. En algun momento parece que se tumbo en el sofa del salon del segundo piso. Y a la una y dieciocho de la madrugada, con cuatro cuerpos en la casa, encendio el ordenador familiar y se conecto a internet. Estuvo conectado cinco minutos. Lo que hizo en esos cinco minutos nunca se ha detallado publicamente.

Despues se quito parte de la ropa, la dejo donde cayo y salio a la oscuridad.

Las pruebas que dejo son casi absurdas por su abundancia. Al final se catalogaron mas de 12.500 objetos. Dejo sangre, sudor, huellas dactilares y palmares por toda la casa. Dejo una chaqueta, un gorro, guantes, una bufanda y una camisa. Dejo una rinonera. Dejo sus zapatos, fabricados en Corea del Sur y comercializados por una marca deportiva britanica. Dejo dos panuelos, uno de ellos doblado alrededor del mango del cuchillo de una manera que al menos un investigador sostuvo que era una costumbre presente en determinadas comunidades del norte de Filipinas.

La camisa era la clase de pista con la que suenan los detectives. Solo se habian fabricado unas 130. La policia localizo a doce compradores. Ninguno era el hombre que buscaban.

La rinonera se analizo en busca de restos y aparecio arena. Los relatos del hallazgo han variado con el tiempo, pero se entendio que el analisis apuntaba a suelo desertico de las inmediaciones de una base aerea estadounidense y, por separado, a arena de un skatepark japones. Ninguna de las dos pistas llevo a ninguna parte.

La sangre les dio al hombre mismo, o lo mas cerca de el que podia llegar la ciencia forense de entonces. Era varon, grupo sanguineo A, y su ADN no coincidia con nadie en ninguna base de datos criminal japonesa. Su cromosoma Y pertenecia al haplogrupo O-M122, uno de los linajes paternos mas extendidos de Asia oriental, presente en aproximadamente uno de cada cuatro o cinco coreanos, uno de cada diez chinos y uno de cada trece japoneses. Su linea materna fue la sorpresa: los analistas la situaron en Europa, probablemente en torno al Mediterraneo o el Adriatico, y las informaciones de 2025 apuntaron al Caucaso como posibilidad. Fisicamente la policia describio a un hombre de unos 170 centimetros, delgado, diestro y herido.

Su edad ha sido el dato mas inestable de todo el expediente. La estimacion original era un rango tan amplio que resultaba casi inutil: de quince a cuarenta anos. En 2018 los investigadores lo redujeron drasticamente a entre quince y veintidos. Para 2025 la estimacion publicada habia oscilado en sentido contrario: un hombre que tendria al menos treinta y tantos en el momento de los crimenes.

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La escala de la busqueda es dificil de transmitir. Se asignaron agentes al caso en mas de 246.000 ocasiones distintas. Una campana de recogida de huellas en el vecindario, conocida internamente como Operacion Rodillo, tomo huellas a los residentes de todo el distrito. Equipos a tiempo completo siguieron adscritos al caso durante decadas: cuarenta agentes en 2015 y treinta y cinco en 2019. Una recompensa de veinte millones de yenes, unos doscientos mil dolares, seguia vigente en diciembre de 2021. Ese mismo mes la policia identifico por fin a quien habia comprado un cuchillo identico al arma homicida, analizo su ADN y lo descarto.

La casa sigue en pie. Se conservo como prueba y apenas ha cambiado desde 2000. Todavia aparecen flores en la valla. Un plan para demolerla ha sido impugnado por la familia. En mayo de 2026 dos hombres fueron detenidos como sospechosos de un robo en la vivienda vacia; la policia declaro que el episodio no guarda relacion con los asesinatos.

Conclusiones y preguntas abiertas

El caso Setagaya rompio algo en el derecho japones. Con las normas entonces vigentes, la accion penal por asesinato prescribia al cabo de un numero fijo de anos, y la perspectiva de que precisamente este caso prescribiera se convirtio en un debate nacional. En 2010 Japon abolio la prescripcion para los delitos castigados con la pena de muerte. El expediente Miyazawa puede permanecer abierto para siempre, lo que es a la vez la victoria que buscaban los activistas y una descripcion del problema.

Desde 2001 circulan cuatro explicaciones, y ninguna sobrevive al contacto con el conjunto de las pruebas.

La primera es que fue un robo que salio catastroficamente mal. Su fuerza es evidente: se vaciaron cajones, se esparcieron papeles, se llevo dinero. Su debilidad es todo lo demas. Un ladron sorprendido que reacciona con violencia huye. Este hombre comio, durmio, se curo las heridas y navego por internet con la familia muerta a su alrededor, y dejo atras mas dinero del que se llevo.

La segunda es que la familia era el objetivo. Una teoria sostiene que el asesino llego con un rencor, lo que explicaria tanto la ferocidad del ataque como las horas que paso despues en una casa de la que no tenia prisa por salir. Su debilidad es que un cuarto de siglo investigando los contactos, el trabajo y las finanzas de la familia no ha producido a esa persona. La idea es ademas delicada juridicamente: cuando un documental televisivo de 2015 construyo un perfil en torno a un motivo de resentimiento, recibio una queja formal por tergiversar el caso. Nunca se ha acusado a nadie, y ninguna persona viva debe ser tratada como sospechosa por la fuerza de una teoria.

La tercera es que el asesino era extranjero y salio de Japon poco despues. Los investigadores senalan la ascendencia mixta del ADN, la ropa importada, el panuelo doblado de forma desconocida y, sobre todo, el hecho simple de que uno de los barridos dactilares mas exhaustivos de la historia japonesa no encontro coincidencia. La debilidad es que cada hilo es circunstancial. Millones de japoneses portan O-M122. En Tokio se venden marcas extranjeras. Un panuelo doblado no es un pasaporte.

La cuarta es la menos satisfactoria y la mas dificil de descartar: que el intruso estuviera gravemente perturbado, actuara sin plan y se comportara despues de un modo que jamas tendra sentido porque nunca lo tuvo. Encaja con las pruebas mejor que las demas. Tambien es la que no predice nada, no senala a nadie y no puede ponerse a prueba.

La esperanza que les queda a los investigadores es tecnica. El fenotipado forense de ADN, usado desde 2015 por laboratorios como Parabon NanoLabs en Estados Unidos y al que se atribuye haber contribuido a mas de doscientos casos, intenta reconstruir un rostro a partir de material genetico. Japon carece de marco legal para usar el ADN de ese modo, solo para cotejar una muestra con un sospechoso ya identificado, y la propia ciencia aun no esta donde deberia. El profesor Nori Imanishi, de la Universidad de Tokai, que trabaja en el metodo, dispone de datos de referencia de unas trescientas personas y estima la precision actual en torno al diez por ciento. Harian falta miles o decenas de miles de perfiles para una reconstruccion fiable.

Setsuko Miyazawa, madre de una de las victimas, dijo a la prensa que la noticia de un caso antiguo resuelto decadas despues le habia devuelto la esperanza de llegar a la verdad. El superintendente Yoshimasa Kujirai, de la policia metropolitana, declaro que el cuerpo seguira investigando para romper las barreras que han levantado los anos.

Lo que queda sin explicar no es la identidad del asesino, que sencillamente se desconoce. Es su conducta. Por que un hombre que acababa de matar a cuatro personas, y que sangraba por sus propias manos, decidio pasar la noche en su casa. Por que se sento ante su ordenador a la una de la madrugada. Por que se desvistio antes de marcharse. Y por que, con su sangre, sus huellas, su ropa y sus zapatos en manos de una de las policias mas metodicas del mundo, veinticinco anos no han producido ni un solo nombre.

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