Documentado

Cincuenta lineas que nadie pudo leer: la Piedra de Singapur

2026-08-26 · Cifrados sin resolver · 8 min de lectura

Los jornaleros que abrian paso a machetazos entre la maleza en la desembocadura del rio Singapur en junio de 1819 habian sido contratados para despejar terreno, no para hacer descubrimientos. Sir Stamford Raffles habia desembarcado apenas unos meses antes y la Compania de las Indias Orientales estaba convirtiendo una isla escasamente poblada en un puerto. En algun punto del promontorio que los britanicos llamarian Rocky Point, la cuadrilla llego hasta una losa de arenisca que se alzaba sobre el agua, de unos tres metros de alto y casi otro tanto de ancho, partida por el medio en dos mitades inclinadas.

Una de sus caras estaba cubierta de escritura.

El relato que nos ha llegado dice que los hombres que la encontraron se asustaron de lo que vieron, se negaron a seguir y hubo que sustituirlos por otros trabajadores contratados a jornales inusualmente altos. Es uno de los pocos detalles humanos que sobreviven de aquella manana, y es el comienzo del caso documental mas extrano de la historia de Singapur: un texto que miles de personas miraron, que varios eruditos serios estudiaron de cerca y que nadie ha leido jamas.

La inscripcion cubria unos tres metros cuadrados de roca. Los contemporaneos contaron alrededor de cincuenta lineas, aunque nadie coincidia en la cifra exacta, y las letras eran pequenas, de unos dos centimetros de ancho, redondeadas y comidas por mas de un siglo de aire salado. John Crawfurd, que llego a ser residente de Singapur, examino la piedra y describio el tallado como tosco y muy desgastado. Todos los que la vieron coincidieron en una cosa: fuera lo que fuera aquella escritura, no era malaya, ni china, ni arabe, ni nada que la poblacion local o los funcionarios coloniales pudieran nombrar.

El mundo malayo ya tenia una leyenda asociada al lugar. El Sejarah Melayu, los Anales Malayos, hablan de Badang, un hombre fuerte de la antigua Singapura que gano una prueba de fuerza a un campeon llegado de la costa india lanzando un peñasco enorme hasta la desembocadura del rio Singapur. Cuando Badang murio, dicen los anales, un raja mando levantar dos pilares de piedra sobre su tumba en la punta del estrecho. En 1834 el oficial Peter James Begbie vinculo la losa inscrita con ese relato y con un gobernante que dato en el siglo XIII. El encaje resultaba elegante y desde entonces tine toda discusion sobre la piedra. Tambien es una leyenda, puesta por escrito siglos despues de los hechos que narra, y no prueba nada sobre la escritura de la roca.

Los intentos serios de leer la inscripcion empezaron en la decada de 1830 y fueron notablemente ingeniosos. En 1837 el doctor William Bland, cirujano naval del HMS Wolf, paso horas ante la piedra tratando de forzar la legibilidad de los caracteres gastados. Presionaba masa blanda dentro de los surcos para sacar impresiones y aprendio a trabajar a ultima hora de la tarde, porque cuando el sol bajaba por el oeste proyectaba una sombra dentro de cada letra tallada y volvia legibles unas formas que la luz plena aplanaba. Sus facsimiles llegaron al boletin de la Sociedad Asiatica de Bengala, donde los examino el gran epigrafista James Prinsep, el hombre que habia descifrado la escritura brahmi de las columnas de Ashoka. Prinsep penso que los caracteres se parecian al pali y advirtio que de meras copias no podia concluirse nada definitivo.

Hizo bien en ser prudente, y se le acababa el tiempo. Hacia enero de 1843 el ingeniero interino del asentamiento, el capitan D. H. Stevenson, ordeno volar la losa. El motivo fue el de siempre: habia que ensanchar el paso en la boca del rio y hacia falta espacio para el fuerte Fullerton y las dependencias de su comandante. El teniente coronel James Low, oficial de la Compania de las Indias Orientales con interes erudito por las antiguedades de la region, pidio que se respetara la piedra. Lo ignoraron. Se coloco la carga y el unico ejemplar del texto quedo reducido a escombros.

Lo que paso con los pedazos es una pequena tragedia aparte. Un gran bloque inscrito fue arrojado en Government Hill y alli quedo hasta que unos presos lo partieron para hacer grava. Otro fragmento acabo en el recinto de la Tesoreria, donde los cipayos lo usaron de banco, y la escritura casi se borro antes de que nadie cayera en la cuenta de sobre que estaban sentados. Low salvo lo que pudo de los fragmentos mas legibles. El coronel William John Butterworth encontro uno tirado en la galeria de la Tesoreria y dispuso que lo enviaran a resguardo. Hacia 1848 las piezas supervivientes viajaron al museo de la Real Sociedad Asiatica en Calcuta.

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Alli las estudio J. W. Laidlay, que probo un truco distinto del de Bland. Espolvoreo las superficies con carbon animal finamente molido y lo barrio de las zonas lisas con plumas, de modo que el polvo negro quedara solo en los trazos incisos. Lo que aparecio, concluyo, no guardaba parecido alguno con el pali. Los caracteres le parecieron kawi, la escritura de origen indio usada en Java, Bali y Lombok, y esa identificacion ha aguantado mejor que cualquier alternativa sin haber sido nunca confirmada.

En 1918 el Museo Raffles de Singapur, la institucion que seria el Museo Nacional de Singapur, pidio a Calcuta que devolviera los fragmentos. Volvio una pieza. El resto no, y el arqueologo John Miksic ha senalado la inferencia obvia de que presumiblemente siguen en Calcuta, si es que sobreviven. Ese unico fragmento devuelto, un bloque gris y tosco con unas pocas lineas danadas de las cincuenta originales, es todo lo que queda del monumento entero. En enero de 2006 el Museo Nacional lo designo uno de los once tesoros nacionales de Singapur.

Conclusiones y preguntas abiertas

Los candidatos para identificar la escritura llevan casi dos siglos sobre la mesa y ninguno se ha cerrado. Bland y Prinsep se inclinaron por el pali, la vieja lengua liturgica cingalesa, apoyandose en la forma de las letras. La fuerza de su posicion es que fueron los ultimos en estudiar la piedra intacta con sus propios ojos; su debilidad es que el propio Prinsep se nego a comprometerse, y Laidlay, trabajando una decada despues directamente sobre los fragmentos rescatados, rechazo de plano la lectura pali. Begbie propuso un dialecto tamil en desuso, razonando que un gobernante de la costa india habria traido a su propio escultor. La fuerza de ese argumento es la verosimilitud historica, pues el contacto comercial y militar tamil con la region esta bien documentado; su debilidad es que Begbie razonaba hacia atras desde la leyenda de Badang, y ninguna lectura tamil de los caracteres ha funcionado nunca.

La identificacion kawi de Laidlay sigue siendo la posicion mayoritaria, y los epigrafistas posteriores la afinaron en vez de sustituirla. El erudito holandes Johan Hendrik Caspar Kern aislo palabras que creyo poder descifrar y propuso una fecha en torno a 1230. J. G. de Casparis argumento por las formas de las letras a favor del siglo X u XI. El epigrafista indonesio Boechari concluyo que la escritura no era posterior al siglo XII y, sobre todo, que su estilo apuntaba a Sumatra antes que a Java, quizas registrando un texto en sanscrito. Miksic ha adoptado la misma idea sobre la direccion cultural, sosteniendo que un origen sumatrano encaja mejor con la distribucion de las lenguas de la region que uno javanes, y ha dado a la vez el veredicto mas sombrio sobre todo el empeno: que probablemente la escritura nunca se descifrara del todo. Mas recientemente el investigador Iain Sinclair ha identificado lo que podrian ser fragmentos de prestamos sanscritos y ha defendido un contexto del siglo XI ligado a la presencia chola en el sudeste asiatico.

La razon de que nada de esto converja es que la base probatoria es una ruina. Un desciframiento suele necesitar volumen, repeticion y alguna lengua conocida en el cuadro. Aqui el volumen desaparecio, volado en 1843; lo que sobrevive es un fragmento mas unos facsimiles decimononicos hechos por hombres distintos con metodos distintos, cuyos dibujos no coinciden del todo entre si. La escritura misma no aparece en ningun otro lugar del mundo con la forma que toma en esta roca, y la lengua que iba a registrar es desconocida. Dos incognitas multiplicadas no son un acertijo, son un muro.

El trabajo actual intenta atacar el muro de lado. Un equipo dirigido por Francesco Perono Cacciafoco en la Universidad Xi'an Jiaotong-Liverpool, junto con I-Shiang Lee, esta construyendo un sistema computacional apodado Read-y Grammarian, destinado a aprender los caracteres supervivientes y generar reconstrucciones del texto perdido sin importar los supuestos de un investigador humano sobre lo que deberia decir. Su comparacion de la Piedra de Singapur con la Piedra de Calcuta, un monumento inscrito de la tradicion javanesa, hallo semejanzas reales junto a una diferencia apreciable en el uso de diacriticos, lo que respalda la conexion general con la familia kawi y complica cualquier atribucion precisa. Ninguno de los implicados reclama una lectura. El objetivo declarado es recuperar texto plausible suficiente para que el analisis de patrones llegue siquiera a ser posible.

Asi que las preguntas abiertas son inusualmente concretas. Que lengua se tallo en aquella roca. Si el monumento conmemoraba a un rey, una victoria, un tratado, una fundacion o la tumba de un hombre fuerte que quiza nunca existio. Si los demas fragmentos que Low envio a Calcuta estan hoy en algun almacen de Calcuta sin que nadie los reconozca. Y detras de todo ello la pregunta mas incomoda del caso, que no trata del mundo antiguo en absoluto: cuanto costo en realidad ensanchar un puerto en el siglo XIX. La piedra de la desembocadura llevaba en pie unos ochocientos anos y nadie en la memoria viva la habia leido. Bastaron una tarde y una carga de polvora para asegurarse de que nadie lo hiciera nunca.

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