Treinta y cuatro hombres y 13,500 toneladas de maíz: el barco que nadie buscó
La tarde del 24 de octubre de 1980, un carguero terminó de cargar maíz en una terminal de granos de Filadelfia, en Estados Unidos, y bajó por el río hacia el mar.
En sus bodegas llevaba 13,500 toneladas de maíz amarillo. A bordo iban 34 hombres.
El viaje era rutinario. Cruzar el Atlántico, atravesar el Mediterráneo y entrar en Puerto Saíd, en Egipto, a unos 8,000 km. Tres semanas, más o menos.
Soltó amarras hacia las 13:30.
A las 21:00 de esa misma noche comunicó su posición por radio. Estaba frente al cabo Henlopen, en la boca de la bahía de Delaware. En rumbo, a su velocidad, y todo en orden a bordo.
Unas horas después, cerca de la medianoche, uno de los oficiales usó la radio de barco a tierra para llamar a su mujer. Fue una conversación corta y normal. Era el tercer oficial, y su padre era un oficial retirado del servicio de guardacostas de Estados Unidos.
Esa llamada es lo último que se supo del barco.
No se recibió ninguna señal de socorro. No apareció un bote salvavidas, ni un salvavidas, ni una mancha de combustible, ni carga flotando, ni un cuerpo. Un buque de 159 metros salió de la costa de Estados Unidos con 34 hombres y no llegó a ninguna parte.
Y aquí empieza la parte que convirtió un naufragio en un escándalo.
Nadie salió a buscarlo durante 15 días.
Un barco más viejo que casi toda su tripulación
Se había construido en 1944, en California, como transporte de tropas para el último año de la Segunda Guerra Mundial. Medía 159 metros y desplazaba unas 11,400 toneladas brutas.
Al acabar la guerra quedó amarrado, luego se vendió, y luego se vendió otra vez. En 36 años llevó tres nombres distintos antes del último. En 1980 era un granelero de una pequeña compañía estadounidense y transportaba cereal.
Los barcos de esa edad siguen trabajando. También son, a esas alturas, una lista de reparaciones que alguien decidió aplazar.
Esto importa más adelante, porque es una de las pocas cosas de su final sobre las que los investigadores pudieron discutir con algo en la mano.
El tiempo
Esa noche una tormenta cruzaba su derrota.
El informe oficial situó el viento entre 35 y 50 nudos, es decir entre 65 y 90 km/h, y el oleaje entre 3.5 y 7 metros. Otros relatos, incluidos algunos repetidos por las familias, hablan de olas cercanas a los 9 metros.
Las fuentes no coinciden en esa cifra y la discrepancia nunca se resolvió, porque no quedó nadie que pudiera medirla.
Lo que no se discute es que otros barcos estaban en ese mismo temporal aquella noche. Lo pasaron. Sus tripulaciones describieron condiciones duras, pero ninguna describió condiciones capaces de hundir a un carguero cargado sin una sola palabra por radio.
Diez días de silencio
El barco debía reportarse por radio a su armador. No lo hizo.
Tampoco al día siguiente, ni al otro, ni durante 10 días.
El 3 de noviembre el armador llamó por fin al centro de rescate de guardacostas de Nueva York y dijo que no había noticias del barco desde que dejó la costa.
Los guardacostas no lanzaron una búsqueda. Lanzaron una comprobación de comunicaciones. Durante 5 días más los operadores llamaron, escucharon, preguntaron a otros buques y consultaron a los puertos de la ruta.
La búsqueda aérea y marítima no empezó hasta el 8 de noviembre. Para entonces el barco llevaba 15 días en silencio.
**Ese es el último hecho firme de la historia. Todo lo posterior es la búsqueda de algo que ya no estaba.**
La búsqueda
No fue una búsqueda pequeña.
Los aviones volaron durante 10 días. En el punto máximo fueron 7. Se cubrieron más de 767,000 kilómetros cuadrados del Atlántico Norte, hacia el este desde la costa americana, a lo largo de la ruta prevista.
No encontraron nada.
Ni una balsa. Ni una tapa de bodega. Ni un salvavidas con un nombre. El maíz flota, al menos un tiempo, y no se vio maíz. La zona donde se supone que se perdió, a unos 900 km al este de la bahía de Delaware, estaba vacía.
La búsqueda se suspendió el 17 de noviembre.
Lo que la investigación pudo decir y lo que no
Dos organismos oficiales examinaron el caso, y en junio de 1981 un comité del Congreso de Estados Unidos celebró audiencias.
Los investigadores nacionales de accidentes escribieron la frase más simple de todo el expediente: no pudieron determinar la causa probable, porque nunca se oyó una señal de socorro y nunca se halló rastro del barco ni de su tripulación.
Sí ofrecieron un cálculo. Con el estado del mar estimado, la velocidad y el rumbo, el buque pudo entrar en balance sincrónico.
El balance sincrónico ocurre cuando el periodo natural de balanceo del barco coincide con el ritmo de las olas que lo golpean. Cada ola llega justo a tiempo para empujar el balanceo un poco más. Un buque que se balanceaba con seguridad puede, en pocos minutos, pasar el punto de no retorno y volcar.
Si fue eso, no habría habido tiempo de transmitir nada. Esa es la fuerza de la teoría y también su debilidad: explica el silencio porque no se puede refutar.
Los investigadores escribieron además que la demora en dar el barco por desaparecido pudo contribuir a la pérdida de vidas.
En la audiencia el armador declaró que el buque había volcado de forma súbita y sin aviso. Le preguntaron por qué había esperado 10 días y respondió que confiaba en el barco. El presidente del comité calificó la desaparición de inaudita en los tiempos modernos. La audiencia se había pedido a instancias de un capitán retirado de guardacostas, padre del tercer oficial que hizo aquella última llamada.
Un oficial superior de guardacostas declaró que el sistema había funcionado de forma eficiente y correcta. Dijo que él mismo supo del fallo de comunicaciones el 7 de noviembre y ordenó la búsqueda aérea al día siguiente, en contra de la recomendación de su propio estado mayor.
Las dos declaraciones constan en el acta. Encajan mal entre sí.
Lo que se sabe y lo que no
Esto está documentado: un carguero de 36 años cargado de grano salió de Filadelfia, comunicó su posición con normalidad a las 21:00, se le oyó una vez más hacia medianoche cuando un tripulante llamó a casa, y nunca más se supo de él. Una tormenta cruzó su derrota. Su armador calló 10 días. La búsqueda empezó el día 15 y no halló absolutamente nada, y nunca se ha localizado el pecio.
Todo lo demás es deducción.
En Filadelfia hay una placa de bronce por los 34 hombres. Lleva una vieja oración de marineros: "Oh Dios, tu mar es tan grande y mi barca tan pequeña."
Conclusiones y preguntas abiertas
Hay cuatro explicaciones sobre la mesa. Ninguna es completa.
**Volcó en segundos por balance sincrónico.** El cálculo oficial lo respalda y es la única teoría que explica que no se transmitiera nada. El problema: se apoya en un estado del mar supuesto, una velocidad supuesta y un rumbo supuesto. Ninguno de esos tres datos se midió realmente aquella noche.
**Falló un casco viejo.** Tenía 36 años, venía de un transporte de tropas, y los graneleros de esa generación eran conocidos por agrietarse con mal tiempo. Un casco que se abre puede inundar una bodega más rápido de lo que reacciona una tripulación. El problema: no hay pecio. Sin el acero nadie puede mostrar una fractura, y la teoría se queda en una opinión sobre su edad.
**La carga se movió, o se mojó.** El grano a granel puede desplazarse con el balanceo y dejar el barco escorado. El maíz que absorbe agua se hincha con fuerza real, suficiente para forzar la estructura desde dentro. El problema: hace falta agua en la bodega antes de la pérdida, y no hay pruebas de inundación, solo su posibilidad.
**No se hundió en absoluto.** En los años siguientes circularon dos historias: que unos criminales se lo llevaron y que formó parte de un acuerdo político de armas relacionado con los rehenes retenidos entonces en Irán. El problema: 34 hombres habrían tenido que callar 46 años, y un buque de 159 metros habría tenido que ocultarse o desguazarse sin que aparezca un solo documento. Nada ha respaldado nunca ninguna de las dos versiones.
Quedan tres preguntas abiertas.
¿Por qué un barco que compartía tormenta con otros buques, todos los cuales sobrevivieron, no transmitió nada? Incluso un barco que se pierde suele lograr una palabra.
¿Por qué pasaron 10 días antes de que el armador dijera a alguien que no había comunicación?
¿Y cómo se hunde en el Atlántico Norte un buque de 159 metros cargado de grano que flota, sin dejar un solo objeto en la superficie para que lo encuentren 7 aviones?
El expediente sigue abierto. Lo está desde 1980, y salvo que alguien encuentre el pecio en el fondo, seguirá así.