Recreo en Westall: la mañana en que 200 escolares australianos vieron aterrizar algo
El miércoles 6 de abril de 1966 era un día escolar de otoño corriente en Clayton South, un suburbio llano y a medio construir en el borde sudeste de Melbourne. El instituto Westall se alzaba junto a la escuela primaria Westall, con los campos de deportes entre ambos y, más allá de la valla, una extensión de hierba silvestre y huertas que los vecinos llamaban The Grange.
Poco antes de las 11 de la mañana, una clase de niñas corría vueltas en el campo del colegio cuando varias se detuvieron y señalaron. Sobre los pinos del extremo opuesto, a plena luz del día, había un objeto.
Las descripciones son inusualmente coherentes para un avistamiento masivo. La mayoría de los testigos describió algo redondo o con forma de platillo, con una cúpula elevada en la parte superior, gris, plateado o blanco apagado, sin alas, sin cola y sin marcas visibles. Las estimaciones de tamaño se agruparon en torno al doble de la longitud de un coche familiar. Varias personas mencionaron un leve tono violáceo en uno de los bordes. Apenas hacía ruido, si es que hacía alguno. Shaun Matthews, que se alojaba cerca de The Grange y no estaba en el colegio, ofreció uno de los pocos relatos desde fuera del recinto escolar y describió un objeto de tamaño y color muy parecidos.
La noticia recorrió el colegio como recorren las noticias un colegio. En cuestión de minutos las aulas se vaciaban. Los alumnos saltaban la valla. Los profesores fueron detrás, unos para mirar y otros para devolver a los niños al interior. En el edificio contiguo, alumnos y personal de la escuela primaria Westall miraban lo mismo. Las estimaciones del número total de testigos aquella mañana van de unos 200 a más de 350; la cifra más citada es de más de 200 alumnos y trabajadores de los dos centros.
Muchos testigos hablaron también de aviones. La cifra que más se repite es la de cinco avionetas, descritas como girando alrededor del objeto o cruzando cerca sin llegar nunca a acercarse. Algunos testigos describieron cómo el objeto se alejaba, era seguido y luego regresaba.
Entonces descendió. Los testigos lo vieron caer tras la hilera de pinos del borde de The Grange, fuera de la vista directa desde el recinto escolar. Los relatos de lo que ocurrió después difieren en los detalles pero no en la forma: tras un rato en el suelo o cerca de él, recordado unas veces como segundos y otras como varios minutos, volvió a elevarse y se marchó a una velocidad que todos los presentes describieron como muy superior a cuanto habían visto hacer a un avión.
Decenas de alumnos cruzaron corriendo el prado. Lo que encontraron, y lo que después describieron, era una mancha de hierba aproximadamente circular, aplastada y arremolinada. Las descripciones variaron. Algunos la recordaban chamuscada o quemada, otros como hervida, otros simplemente pisada. Unos recordaban un círculo, otros dos o tres.
La reacción del colegio es, para muchos testigos, la parte del día que nunca ha tenido sentido. Se ordenó a los alumnos volver adentro. Se convocó una asamblea especial en la que se les dijo que no habían visto nada relevante y que no debían comentarlo. Varios antiguos alumnos han contado que fueron castigados por hablar con periodistas. Al menos un profesor declaró que le retiraron una cámara o un carrete. Numerosos testigos han descrito la llegada al colegio, uno o dos días después, de hombres desconocidos, algunos con traje oscuro y otros con uniformes azules que el personal no identificó, que realizaron entrevistas a puerta cerrada. El profesor de ciencias Andrew Greenwood, uno de los testigos adultos, contó más tarde que se le advirtió en términos tajantes que no hablara de lo que había visto.
El suceso no se ocultó en su momento. The Dandenong Journal, el periódico local, lo llevó a portada el 14 de abril de 1966 y le dio seguimiento una semana después, citando por su nombre a alumnos y vecinos. The Age, el 7 de abril, ofreció la primera explicación: la Oficina Meteorológica había soltado un globo en Laverton a las 8.30 de aquella mañana, y los vientos del oeste podrían haberlo arrastrado hacia Clayton. El 9 de abril, personal de la Real Fuerza Aérea Australiana y aficionados civiles a los ovnis inspeccionaron el lugar y comunicaron que no habían encontrado nada de interés. Los curiosos siguieron llegando hasta que el propietario quemó el prado para disuadirlos.
Y después, durante más de treinta años, el caso desapareció en la práctica. Jamás se ha presentado un expediente oficial sustancial sobre Westall. El suceso sobrevivió como memoria privada de varios centenares de adultos que un día fueron niños juntos durante una sola mañana.
Resurgió a comienzos de la década de 2000, cuando Shane Ryan, académico afincado en Canberra, empezó a localizar sistemáticamente a antiguos alumnos y trabajadores de Westall. A lo largo de varios años reunió los testimonios de más de 100 testigos, muchos de los cuales nunca habían hablado en público y la mayoría de los cuales no habían tenido contacto entre sí en las décadas intermedias.
El 8 de abril de 2006, cuarenta años después, se celebró un reencuentro de testigos en el local del club de tenis de Westall, en Clayton South. Antiguos alumnos que no se veían desde 1966 compararon sus recuerdos. El documental surgido de la investigación de Ryan, Westall '66: A Suburban UFO Mystery, se emitió por primera vez en la televisión australiana el 4 de junio de 2010, volvió a reunir a los testigos y devolvió el caso a la atención nacional, provocando una nueva oleada de personas dispuestas a hablar.
Clayton South ha hecho desde entonces una especie de paz con la historia. El Ayuntamiento de Kingston construyó un parque infantil en Grange Reserve, sobre el terreno abierto donde se vio descender el objeto, con un platillo volante plateado y toboganes rojos. El documental se ha usado en las aulas australianas como estudio de caso sobre cómo valorar los relatos populares de hechos históricos.
Los testigos rondan hoy los setenta años. Sus relatos, recogidos a lo largo de sesenta años por periodistas, investigadores y cineastas, han cambiado asombrosamente poco.
Conclusiones y preguntas abiertas
Sesenta años después, Westall tiene un núcleo documentado y un borde discutido, y casi toda la discusión sobre el caso es una discusión sobre dónde cae la línea.
La explicación más antigua es la más sencilla. The Age propuso al día siguiente que el objeto era un globo meteorológico soltado en Laverton aquella mañana. Su fuerza es que un globo es plateado, a distancia tiene aproximadamente la forma adecuada, es silencioso y estaba sin duda en el cielo aquel día. Su debilidad es que un globo meteorológico no se marcha a gran velocidad, no explica los aviones descritos y no da cuenta fácilmente de que centenares de personas en dos colegios coincidieran en la misma descripción.
La explicación más sólida vino del investigador australiano Keith Basterfield, que localizó en los Archivos Nacionales material relativo a HIBAL, un programa conjunto australiano y estadounidense de globos de gran altitud que vigilaba la radiación atmosférica tras las pruebas nucleares británicas en Maralinga. Los globos HIBAL se lanzaban desde Mildura, portaban instrumental y tenían un aspecto blanco plateado, con un paracaídas y un tubo de gas colgando de la parte superior, lo que encaja razonablemente con un disco con cúpula visto a distancia. Un vuelo HIBAL desviado explicaría además una recuperación rápida y discreta y la reticencia oficial a hablar del asunto. La debilidad es que Basterfield no halló ningún documento que situara un vuelo HIBAL concreto sobre Clayton South el 6 de abril de 1966, y un globo que desciende no vuelve a ascender para marcharse.
El escéptico estadounidense Brian Dunning ha sugerido que al menos parte del episodio fue un blanco remolcado de nailon, una manga parecida a un catavientos que se arrastra tras un avión para prácticas de tiro y que la Real Fuerza Aérea Australiana empleaba entonces. Eso explicaría los aviones que daban vueltas. Dunning ha sido explícito en que lo ofrece como respuesta parcial a una porción del avistamiento y no al conjunto.
Una cuarta línea de argumentación tiene que ver con la memoria y no con los objetos. El investigador australiano Richard Saunders ha señalado que las entrevistas sistemáticas se hicieron unos treinta y seis años después de los hechos, en una década saturada de imágenes de la carrera espacial y de historias de platillos volantes en la prensa, y que el contagio de recuerdos entre testigos que ya se conocían pudo alisar centenares de evocaciones vagas hasta formar un único relato compartido. Su debilidad es que no toca el registro contemporáneo: la cobertura periodística de 1966 y, sobre todo, la propia reacción inmediata del colegio.
Algunos sostienen que lo que bajó en The Grange era una aeronave clasificada de fabricación humana y que el secretismo es el secretismo habitual en torno a un prototipo recuperado. Una teoría afirma que el objeto no era de origen terrestre, que es lo que buena parte de los propios testigos ha creído siempre. Ninguna de las dos puede comprobarse, porque no se conservó nada: no se conoce ninguna fotografía superviviente del objeto, no se tomó muestra de suelo alguna y no ha aparecido ningún expediente.
Lo que queda sin explicar no es en realidad el objeto. Es la respuesta. Si varios centenares de niños vieron un globo meteorológico, no había motivo para convocar una asamblea, ni para advertir a un profesor de ciencias, ni para requisar una cámara. Si el 9 de abril no se encontró nada de interés, no hay una razón evidente para que el caso esté por completo ausente del registro oficial.
Las preguntas abiertas son estas. ¿Dónde están los expedientes de la Real Fuerza Aérea Australiana y del Departamento de Suministros de aquella semana, y llegaron a existir? ¿Quiénes eran los hombres de uniforme azul desconocido, y con qué autoridad entrevistaron a menores? ¿Había un vuelo HIBAL sobre Victoria aquella mañana y, de haberlo, por qué no se ha presentado ningún registro de vuelo? ¿Y por qué, sesenta años después, testigos que nunca se han conocido siguen describiendo la misma forma plateada con cúpula hundiéndose tras la misma hilera de pinos?