Misterios en las noticias
Ciencia sin respuesta
El radiotelescopio chino FAST, de 500 metros de apertura, ha detectado dos grandes nubes de hidrógeno neutro en las afueras de la galaxia del Remolino, M51. Las nubes, denominadas Cloud N y Cloud S, se localizaron en observaciones a la longitud de onda de radio de 21 centímetros. Cada una contiene hidrógeno equivalente a unos tres millones de masas solares, y aun así no muestran ninguna luz estelar.
El equipo, dirigido por Qingze Chen, de los Observatorios Astronómicos Nacionales de la Academia China de Ciencias, sitúa las nubes entre unos 228.000 y 293.000 años luz del centro de M51. La masa total estimada de su halo alcanza miles de millones de masas solares. Los resultados se publicaron en la revista Astronomy and Astrophysics.
Qué son realmente estas nubes sigue sin resolverse. Una lectura sostiene que se trata de halos oscuros que nunca llegaron a formar estrellas, lo que los convertiría en supervivientes raros del universo joven. La alternativa es más corriente: gas arrancado de M51 en encuentros pasados con sus vecinas. Los autores no descartan ninguna opción y piden mapas de radio más nítidos.
El 12 de agosto de 2026 la revista Nature publico el hallazgo de un objeto sin equivalente en los catalogos, al que sus autores llaman estrella de agujero negro. Bautizado MoM-BH*-1, fue detectado por el telescopio espacial James Webb en luz que abandono su origen unos pocos cientos de millones de anos despues del Big Bang.
Su espectro es extrano. La luz se corta de golpe por debajo de cierta longitud de onda, un salto de Balmer muy marcado, y el objeto apenas contiene otra cosa que hidrogeno y helio. El equipo, dirigido por Rohan Naidu en el MIT, describe un agujero negro de unas cien mil masas solares enterrado dentro de un capullo denso de hidrogeno. Ese capullo brilla como una unica estrella enorme, del ancho aproximado del sistema solar.
El significado sigue abierto. El Webb ha registrado cientos de objetos rojos y debiles a distancias parecidas, y los investigadores discuten si todos esconden la misma estructura. Tampoco hay respuesta aceptada sobre como se formo tan pronto un agujero negro de esa masa.
Investigadores que analizaron los registros sísmicos del módulo InSight de la NASA describen un límite de composición situado unos 24 kilómetros bajo la superficie marciana. La roca por encima es más rica en sílice y la de abajo está dominada por hierro y magnesio. El trabajo, dirigido desde la Universidad de Oxford con colegas de Bristol, se publicó en la revista Nature Astronomy.
Ese patrón aparece cuando la roca fundida se acumula bajo tierra, se enfría despacio y se separa en capas. En la Tierra el proceso va ligado al movimiento de placas. Marte no tiene placas móviles, y la estratificación podría extenderse cientos o miles de kilómetros bajo el hemisferio norte.
Qué impulsó ese sistema sigue sin respuesta. Marte se ha descrito durante décadas como un planeta de tapa rígida cuyos volcanes se alimentaban de depósitos someros. Si un cuerpo así puede construir una red interconectada de este tamaño, la explicación habitual sobre la formación de cortezas rocosas está incompleta. Tampoco se sabe si algo de ese sistema conserva calor hoy.
Físicos en Japón han usado la propia Tierra como detector de materia oscura. Equipos de la Universidad de Kioto, la Universidad de Hiroshima y la Universidad Nihon analizaron cerca de diez años de mediciones geomagnéticas registradas entre 2012 y 2022 en el observatorio de Eskdalemuir, en Escocia, operado por el Servicio Geológico Británico. La idea es que partículas ultraligeras como los axiones o los fotones oscuros dejarían una huella electromagnética débil y regular en el campo magnético del planeta.
El análisis produjo límites sobre los axiones unas cien veces más estrictos que los de experimentos terrestres anteriores. También produjo algo que el equipo no buscaba: varias señales candidatas en el rango de los fotones oscuros que no coinciden con ninguna fuente identificada.
Los investigadores son cautos. Las candidatas no están confirmadas como materia oscura y no se han descartado efectos geofísicos ordinarios ni fallos instrumentales. El trabajo, con Atsushi Taruya como autor de correspondencia, apareció en Progress of Theoretical and Experimental Physics y en Physical Review D, y se difundió el 5 de septiembre de 2026.
Un nuevo estudio combinó el radiotelescopio chino FAST con las posiciones de galaxias del proyecto DESI para medir cuánto hidrógeno atómico neutro ha contenido el universo durante los últimos 4.500 millones de años. El equipo, dirigido por investigadores de la Academia China de Ciencias, sumó la débil emisión de radio de 21 centímetros de unos 2,5 millones de galaxias repartidas por casi un tercio del cielo.
Las cifras no cuadran. Hace 4.500 millones de años la formación estelar era unas 2,5 veces más rápida que hoy, pero la reserva de hidrógeno solo era unas 1,4 veces mayor. La falta de combustible, por tanto, no explica el desplome.
Qué cambió sigue siendo una pregunta abierta. Los autores proponen que las galaxias perdieron eficiencia al convertir el hidrógeno atómico en la forma molecular de la que nacen las estrellas, aunque la causa de esa pérdida no está establecida. El trabajo apareció en Nature Astronomy el 1 de septiembre de 2026.
Saturno ha desarrollado una segunda figura polar y nadie sabe por qué. Los astrónomos describen una onda atmosférica de diez lados, un decágono, que rodea el polo sur del planeta. Los observadores aficionados Trevor Barry y Jean-Paul Oger detectaron primero un patrón tenue en imágenes tomadas en 2024. El seguimiento con el telescopio espacial Hubble confirmó la estructura y mostró que atraviesa varias capas de la atmósfera.
El equipo, dirigido por Agustín Sánchez-Lavega en la Universidad del País Vasco, publicó el resultado en Science Advances. El hexágono del norte de Saturno se observa desde hace más de cuarenta años y se ha mantenido estable. El decágono del sur es distinto. Es nuevo y parece estar fortaleciéndose en lugar de desvanecerse.
La causa sigue abierta. Los investigadores no saben qué alimenta la onda, por qué se formó ahora y no durante los años de la misión Cassini, ni si perdurará. Se han planificado observaciones con el telescopio James Webb para poner a prueba las hipótesis rivales.
El experimento LUX-ZEPLIN, un tanque de diez toneladas de xenón líquido ultrapuro enterrado a casi un kilómetro y medio bajo tierra en la instalación subterránea de investigación Sanford, en Dakota del Sur, ha registrado una única interacción de partículas que su propio equipo no puede atribuir a ninguna fuente conocida. El resultado se presentó el 1 de septiembre de 2026 en un congreso de astrofísica de partículas celebrado en Japón.
La roca situada sobre el detector filtra la radiación cósmica, y el suceso cayó justo en la región donde se esperaría la huella de una partícula masiva de interacción débil, conocida como WIMP. La colaboración calcula una probabilidad aproximada de uno entre doscientos de que lo produjera el fondo habitual, una fuerza estadística de 2,6 sigmas. La física exige 5 sigmas antes de hablar de descubrimiento.
Si la señal es real, la partícula pesaría al menos 200 veces más que un protón. Rick Gaitskell, de la Universidad Brown y portavoz del experimento, dice que el grupo está intrigado pero comparte una anomalía, no un resultado. El detector sigue funcionando y solo más datos podrán decidirlo.
Dos enanas rojas débiles que un sondeo anterior había señalado como posibles emplazamientos de megaestructuras artificiales han sido examinadas por el telescopio espacial James Webb, y la anomalía que las hizo interesantes resulta estar mucho más atrás que ellas. Las candidatas procedían del Proyecto Hefesto, una búsqueda entre cerca de un millón de estrellas situadas a menos de mil años luz que rastreaba objetos tenues en luz visible pero inusualmente brillantes en el infrarrojo. Esa combinación es justo lo que cabría esperar de una envoltura de colectores que atrapara la energía de una estrella.
La mayor resolución del Webb separó la luz. En ambos casos el exceso infrarrojo pertenece a galaxias de fondo que los datos antiguos, más gruesos, habían mezclado con las estrellas en primer plano. Una coincide con una galaxia caliente oscurecida por polvo y la otra parece un brote estelar polvoriento.
El resultado no cierra la búsqueda. Los investigadores señalan que buena parte de las candidatas restantes puede estar contaminada del mismo modo, y solo los sondeos infrarrojos más precisos previstos para la década de 2030 mostrarán qué anomalías sobreviven.
Una estrella muerta catalogada como 1E 1547.0-5408 podría haber revelado algo extraño sobre el propio espacio vacío. Se trata de un magnetar, el núcleo colapsado de una estrella grande envuelto en un campo magnético billones de veces más intenso que cualquiera fabricado en la Tierra. Un equipo dirigido por Rachael E. Stewart, de la Universidad George Washington, combinó datos de radio del telescopio Murriyang, en Australia, con mediciones de rayos X de los instrumentos IXPE y NICER de la NASA, y después modeló los resultados en un superordenador de la Universidad Swinburne.
Los rayos X llegaron muy polarizados, es decir, con sus ondas alineadas en una sola dirección, y esa dirección permaneció fija respecto al campo magnético mientras la estrella giraba. Las ondas de radio se comportaron igual. Según el artículo publicado en Nature, eso se parece a lo que ocurriría si el vacío alrededor de la estrella curvara la luz, un efecto que Werner Heisenberg predijo hace unos noventa años y que nunca se había observado.
Los autores evitan hablar de prueba definitiva. Otros procesos en la atmósfera de un magnetar podrían dejar una huella parecida, y hacen falta más observaciones y simulaciones.
La Burbuja del Cisne es una inmensa nube de rayos gamma de muy alta energía que se extiende miles de años luz. Durante años los astrónomos supusieron que la producía la cercana región de formación estelar Cygnus X, situada a unos 4.600 años luz. La parte más energética de esa emisión, sin embargo, nunca tuvo una explicación satisfactoria.
Un equipo dirigido por Zhaodong Shi propone ahora un origen mucho más lejano: Cygnus X-3, un microcuásar a unos 31.600 años luz, donde un objeto compacto gira alrededor de una estrella normal. El sistema ha sido descrito como el primer super PeVatrón confirmado de la Vía Láctea, capaz de acelerar partículas hasta al menos 30 PeV. Sus simulaciones reproducen tanto el brillo de la burbuja como su desvanecimiento hacia el exterior, y solo requieren un pequeño porcentaje de la potencia del sistema.
El caso no está cerrado. Los telescopios actuales no pueden separar a Cygnus X-3 de los cúmulos estelares de la misma zona del cielo. Los autores señalan que hará falta el Cherenkov Telescope Array. Publicado en The Astrophysical Journal Letters.
Un equipo de la Universidad de Wisconsin-Madison ha medido un planeta que no encaja en los modelos actuales sobre cómo se forman los mundos. Catalogado como GJ 523b, tiene unas 23 veces la masa de la Tierra y solo unas 2.5 veces su anchura. Esa combinación lo convierte en un cuerpo extraordinariamente denso, una bola de roca y metal comprimida en un tamaño menor que el de Neptuno.
El satélite TESS de la NASA lo detectó primero al vigilar la leve caída de luz que se produce cuando un planeta pasa por delante de su estrella. Las observaciones posteriores con el telescopio WIYN de Arizona y con el telescopio espacial James Webb fijaron su masa y su diámetro. El sistema es joven en términos astronómicos, de unos 170 millones de años.
El enigma es la atmósfera ausente. Un cuerpo tan pesado debería haber atraído una gruesa envoltura de hidrógeno durante su formación, y GJ 523b apenas tiene. Los investigadores plantean dos hipótesis: la radiación de la estrella cercana arrancó el gas, o una colisión entre dos planetas jóvenes lo expulsó. Ninguna está demostrada. El artículo sigue siendo un preprint en revisión.
Astrónomos del programa MeerTRAP, que trabaja con el radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica, han comunicado 27 fuentes de radio hasta ahora desconocidas dentro de nuestra galaxia. El artículo que las describe se envió el 12 de agosto de 2026.
Los objetos pertenecen a la clase de los transitorios de radio rotantes (RRAT). En lugar del pulso regular de un púlsar normal, emiten impulsos aislados separados por largos silencios, a veces de minutos y a veces de horas, de modo que los sondeos habituales los pasan por alto con facilidad. Los periodos medidos van aproximadamente de 0,78 a 4 segundos. La posición de catorce de ellos se fijó con precisión de segundo de arco gracias a los datos guardados en el búfer de transitorios del telescopio, y solo cuatro cuentan por ahora con una solución temporal completa.
Sigue sin explicarse por qué algunas estrellas de neutrones emiten de forma esporádica mientras otras laten sin interrupción. Las observaciones de seguimiento mostraron que cuatro de las nuevas fuentes se comportan como púlsares corrientes, lo que difumina aún más la frontera entre ambas categorías.
Un equipo que observó un único objeto lejano durante dos décadas ha obtenido un resultado que no encaja con los manuales. Se trata de PKS 2155-304, un blázar situado a unos 1.500 millones de años luz en la constelación de Piscis Austrinus. Un blázar es una galaxia cuyo agujero negro central dispara un chorro de partículas casi directamente hacia la Tierra, y los modelos habituales predicen que su luz visible y su emisión de rayos X deben aumentar y disminuir a la vez.
Alicja Wierzcholska, del Instituto de Física Nuclear de Cracovia, y Michael Zacharias, de la Universidad de Heidelberg, reunieron casi veinte años de mediciones. En la revista Journal of High Energy Astrophysics informan de que el vínculo esperado entre la luz óptica y los rayos X sencillamente no aparece. Cada estallido siguió además su propio patrón, y en 2012 se registró una caída de brillo sin ninguna llamarada asociada.
Una lectura abierta es que los protones, y no solo los electrones, alimentan la emisión. Por ahora el desajuste no tiene explicación aceptada.
Astrónomos que trabajan con el telescopio espacial James Webb informaron el 12 de agosto de 2026, en la revista Nature, de un objeto que no encaja en ningún catálogo previo. Bautizado MoM-BH*-1, parece una enorme nube de hidrógeno del tamaño aproximado de nuestro sistema solar y brilla unas 100.000 millones de veces más que una estrella corriente. Su luz no procede de la fusión nuclear. El equipo sostiene que la alimenta un agujero negro de unas 100.000 masas solares enterrado en el gas, y llama a esta clase estrella de agujero negro.
El objeto se encuentra en el universo temprano, apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang. Podría explicar los pequeños puntos rojos que el Webb sigue detectando en esa época y que nadie ha logrado interpretar.
Lo que no se explica es por qué estos objetos parecen abundar en el cosmos joven y luego desaparecen. Cómo se forman, cuánto duran y qué dejan atrás siguen siendo preguntas abiertas.
Un grupo dirigido por Thomas Siegert ha revisado más de veinte años de datos del espectrómetro SPI, a bordo del satélite INTEGRAL, y ha llegado a un resultado incómodo. La línea gamma de 511 keV, la huella inequívoca de positrones que se aniquilan con electrones, aparece en manchas situadas bastante lejos del plano de la Vía Láctea. Algunas caen hacia la Corriente de Magallanes, una hacia la estructura de gas llamada Complex C y otras hacia concentraciones de galaxias cercanas.
Los positrones son antimateria. Los astrónomos saben desde hace mucho que la galaxia los produce, pero el suministro esperado no encaja con lo que implican estas manchas. Al recalcular con las nuevas medidas, la producción de positrones de la Vía Láctea sale entre dos y tres veces más alta que en las estimaciones previas. El estudio se publicó en Astronomy and Astrophysics en julio de 2026.
Los autores son prudentes. Admiten que algunos rasgos podrían ser artefactos de imagen, aunque sostienen que sería extraño que todas las manchas fueran solo ruido. Una respuesta más firme quizá deba esperar a la misión COSI de la NASA, prevista para 2027.
Un destello catalogado como TDE 2025abcr ha dado a los astrónomos uno de los casos más raros registrados en torno a un agujero negro. La señal se produjo cuando una estrella fue desgarrada por la gravedad de un agujero negro masivo, un proceso llamado evento de disrupción por marea. Lo inusual es el lugar: unos 30.000 años luz del centro de la galaxia WISEA J014656.04-152214.7.
Se espera que los agujeros negros masivos ocupen los centros galácticos, anclados por la masa que los rodea. Uno situado tan afuera es un errante. El destello lo detectó primero un clasificador de inteligencia artificial llamado tdescore y luego lo confirmó el telescopio SOAR de 4,1 metros en Chile, con un equipo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Los resultados salieron en The Astrophysical Journal Letters el 27 de julio de 2026, y el equipo lo describe como el mayor desplazamiento medido hasta ahora en un evento de este tipo hallado en luz visible.
Cómo llegó allí el agujero negro sigue sin resolverse. Puede ser el núcleo sobreviviente de una galaxia fusionada hace mucho tiempo, o haber sido expulsado por encuentros gravitatorios con otros agujeros negros.
Los astrónomos que seguían al objeto cercano a la Tierra 1998 SH2 encontraron algo que la gravedad por sí sola no explica. Durante un acercamiento en agosto de 2025, el cuerpo apareció a unas 19 desviaciones estándar del lugar que predecían los cálculos orbitales. Una discrepancia de ese tamaño suele indicar un error en los datos, no un comportamiento extraño del objeto.
Las imágenes más profundas contaron otra historia. Telescopios en Brasil, Chile y Hawái detectaron una coma débil y una cola estrecha de más de 20 segundos de arco: gas y polvo escapan de la superficie y empujan al cuerpo fuera de su ruta. El trabajo, publicado en Nature Astronomy en julio de 2026, ofrece una de las confirmaciones más claras de un cometa oscuro, un objeto con aspecto de roca y conducta de cometa.
Queda abierto cuántos cuerpos disfrazados de este tipo recorren el sistema solar interior. Si la desgasificación puede desviar una órbita tanto sin que nadie lo note, las predicciones de impacto a largo plazo tal vez deban revisarse.
Desaparecidos y casos abiertos
Los restos humanos hallados en julio de 2020 en el porche de una casa vacía de Birmingham, Alabama, han sido identificados como Willie Warren Tansil Jr., un hombre de 58 años de Grand Rapids, Michigan. La oficina del forense del condado de Jefferson anunció la identificación el 8 de septiembre de 2026, más de seis años después del hallazgo.
La comparación de ADN habitual no dio ninguna coincidencia y el caso quedó estancado. En 2025 se envió una muestra al laboratorio privado Othram para aplicar genealogía genética forense. Los genealogistas fueron avanzando por ramas de parientes lejanos durante unos diez meses hasta llegar a su familia directa, que aportó una muestra de referencia y confirmó la coincidencia. Tansil había sido denunciado como desaparecido ante la policía de Grand Rapids en 2017.
El forense fijó como causa de muerte una cardiopatía hipertensiva, es decir, causas naturales. Lo que nadie ha explicado es cómo llegó a Alabama. No se le conocían vínculos con Birmingham y no hay constancia de cómo hizo el viaje hacia el sur ni de por qué acabó en ese porche.
Sara May Reynolds, de 26 anos, fue vista por ultima vez el 2 de julio de 2026 en la carretera 492, cerca del enlace con la Interestatal 81, en el municipio de New Milford, condado de Susquehanna, Pensilvania. No tenia vehiculo. Los investigadores creian que iba a pie o acompanada por alguien a quien nunca lograron identificar.
El 21 de agosto aparecieron restos humanos en una zona boscosa del mismo municipio. El 28 de agosto el forense del condado confirmo que eran suyos. La policia estatal afirma que la causa y las circunstancias de la muerte siguen sin determinarse, y segun la prensa el estado de los restos impide una autopsia convencional.
La policia no ha revelado quien encontro los restos, el lugar exacto ni si sospecha de un delito. La investigacion sigue abierta y hay una recompensa por informacion. La pregunta de fondo permanece intacta. Una mujer joven desaparecio de dia en una carretera rural y murio a pocos kilometros, y nada de lo publicado explica como.
Nancy Guthrie, de 84 años, fue sacada de su casa en Catalina Foothills, cerca de Tucson, Arizona, el 1 de febrero de 2026. Casi siete meses después no ha sido hallada y no hay ningún sospechoso identificado. Su familia y una televisión local recibieron notas de rescate, y los investigadores concluyeron después que parte de ellas eran intentos de extorsión sin base real.
A finales de agosto, agentes acudieron a unos restos humanos localizados en una zona desértica al oeste de la ciudad. El sheriff del condado de Pima dijo que no había indicio alguno de relación con el caso. El médico forense jefe del condado señaló que su oficina descarta con rapidez cualquier coincidencia cada vez que aparece un aviso así.
La repetición forma parte de la historia. El condado de Pima custodia unos 600 conjuntos de restos humanos sin identificar, más que ningún otro condado del país, muchos de migrantes muertos al cruzar el desierto de Sonora. El paradero de Guthrie sigue sin conocerse.
El 11 de mayo de 2023 un empleado de un vivero encontró restos óseos en un terreno arbolado cerca de la cuadra 8000 de South Military Trail, en la zona no incorporada de Boynton Beach, Florida. Nada junto al cuerpo permitía darle un nombre, y la oficina del sheriff del condado de Palm Beach registró el caso como el de una mujer sin identificar.
En 2025 la unidad de casos sin resolver envió material al laboratorio Othram, en Texas, donde se construyó un perfil genético y se rastrearon posibles parientes. Una prueba de parentesco confirmatoria realizada este verano coincidió con un hermano ya fallecido. El 4 de septiembre de 2026 la oficina dio el nombre: Regina Hess, nacida el 22 de agosto de 1948, de unos 74 años cuando aparecieron los restos.
Los familiares dijeron a los investigadores que llevaba décadas apartada de la familia y que no se la veía desde hacía más de cincuenta años. Ahí se acaban las respuestas. Cómo y cuándo murió, y cómo llegó a ese terreno, siguen sin saberse, y no se ha divulgado la causa de la muerte. El caso continúa abierto.
El 25 de noviembre de 1983 se recuperó el cuerpo de un hombre de un canal situado en la cuadra 2400 de la Décima Avenida Norte, en la zona no incorporada de Lake Worth, Florida. La autopsia concluyó que la muerte fue un ahogamiento accidental. Nadie fue a reclamarlo y permaneció sin identificar durante casi 43 años.
La oficina del sheriff del condado de Palm Beach reabrió el expediente y envió material a la empresa de genómica forense Othram. En abril de 2026 el laboratorio generó pistas genealógicas que apuntaban a parientes vivos. En agosto de 2026 los detectives viajaron a California, entrevistaron a una persona considerada hija suya y tomaron una muestra de referencia. La comparación confirmó la coincidencia.
Se trataba de Archie Patterson Jr., nacido el 15 de agosto de 1940 y de 43 años al morir. Cómo llegó al agua no se ha explicado, y sigue sin aclararse por qué en cuatro décadas ninguna denuncia por desaparición se vinculó con él.
En 1964 se hallaron restos humanos junto a un camino rural cerca de Richmond, Texas. La cabeza, las manos y los pies nunca aparecieron. La muerte se calificó de homicidio, el hombre nunca fue identificado y los investigadores acabaron llamándolo Stubby. Fue enterrado en un cementerio de Richmond en 1984 y el expediente quedó en silencio durante décadas.
En 2024 la oficina del sheriff del condado de Fort Bend exhumó los restos para buscar material genético utilizable. Junto con la firma Moxxy Forensic Investigations se obtuvo un perfil suficiente para la genealogía genética de investigación. El resultado contradice el informe original. Los agentes de 1964 anotaron un varón blanco de unos cuarenta a sesenta años. El ADN apunta en cambio a un origen del este de Asia, con líneas familiares ligadas a los apellidos Palacat, Auna y Napeahi.
El hombre sigue sin nombre. Los investigadores piden que se presente quien viviera o pasara por la zona de Fort Bend y Houston hacia 1964 y recuerde a un hombre adulto desaparecido.
En junio de 1982 un obrero entró en el edificio inacabado del Atlantic Bank, en el número 20 de North Orange Avenue, en Orlando, Florida, para recoger sus herramientas y encontró a un hombre muerto en el fondo del hueco de un ascensor. No había señales evidentes de violencia. El forense anotó la causa de la muerte como indeterminada y el hombre no llevaba nada que revelara su identidad.
La policía lo había parado dos veces, en octubre de 1981 y de nuevo en junio de 1982. En ambas ocasiones dijo que no tenía hogar, que había llegado hacía poco desde Melbourne Beach y que se llamaba Adam Kadmon. No era su nombre. La expresión pertenece a la tradición mística judía, donde designa al ser humano primordial.
La unidad de casos sin resolver de la policía de Orlando envió las pruebas al laboratorio texano Othram, que construyó un perfil genómico y rastreó posibles parientes. La identificación, anunciada en agosto de 2026, lo nombra Vincent Todd Peterson. Su familia había perdido el contacto y lo buscaba. Por qué estaba en el edificio, y por qué eligió ese nombre, sigue sin saberse.
La ciudad de Nueva York ha identificado a otra víctima de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center, empleando por primera vez la genealogía genética en ese trabajo. El anuncio se hizo el 24 de agosto de 2026, semanas antes del vigésimo quinto aniversario. La víctima es una mujer adulta y su familia pidió que no se difundiera su nombre. Es la persona número 1.651 identificada formalmente entre los fallecidos en el lugar.
La genealogía genética combina las pruebas de ADN con la investigación de árboles familiares. En lugar de exigir una coincidencia directa con un pariente cercano que ya haya entregado una muestra de referencia, avanza hacia parientes más lejanos y registros públicos hasta acotar un nombre. El trabajo lo realizó la Oficina del Médico Forense Jefe de la ciudad junto con detectives de la policía neoyorquina.
Casi 1.100 víctimas siguen sin identificar. Las autoridades señalan que 47 perfiles de ADN se consideran hoy aptos para el nuevo método, una fracción pequeña de los restos recuperados. Muchos fragmentos quedaron demasiado dañados por el fuego y el tiempo, y nadie ha estimado cuántos nombres más aportará la técnica.
El 7 de julio de 1994, unos leñadores que trabajaban cerca de una zona de acampada en el lago Putt, en Sierra Nevada, condado de Placer, California, encontraron un cráneo humano parcial. El lugar está junto a la autopista Interestatal 80, cerca de Nyack Road. Los detectives recogieron varios objetos como prueba y calcularon entonces que los restos llevaban allí alrededor de un año. No hubo identificación y el caso quedó archivado.
El 27 de agosto de 2026 la oficina del sheriff del condado de Placer anunció un nombre. Los restos pertenecen a George Krusely, nacido en 1929. El perfil de ADN obtenido del cráneo se envió al Centro de Genealogía Genética Investigativa del Ramapo College, en Nueva Jersey, donde los investigadores reconstruyeron el árbol familiar hasta llegar a un descendiente vivo. Señalaron que la ascendencia croata y yugoslava de Krusely apenas figura en las bases de datos de ADN comerciales, lo que retrasó el trabajo.
Las preguntas de fondo siguen abiertas. La última constancia de Krusely en California es de 1963, treinta y un años antes del hallazgo. Nadie sabe dónde estuvo en ese periodo y la causa de la muerte nunca pudo determinarse.
En julio de 1990, cuatro niños que recogían bayas junto a un puente ferroviario en Monroe Township, condado de Clarion, Pensilvania, encontraron unos restos humanos en un arroyo. Los investigadores calcularon que el cuerpo llevaba allí entre seis y ocho semanas. El cráneo presentaba un traumatismo contundente en el lado derecho. Como en los bolsillos de sus vaqueros había monedas de un centavo, la llamaron Penny Doe y el caso quedó registrado en la base nacional como UP6580.
Durante 36 años no tuvo nombre. En 2022 la policía estatal de Pensilvania, junto con el departamento de ciencia forense de la Universidad Mercyhurst, envió las pruebas al laboratorio Othram, en Texas. Allí se obtuvo un perfil genético mediante secuenciación del genoma y se rastrearon parientes vivos. El 24 de agosto de 2026 la fiscalía del condado de Clarion anunció el resultado: era Windy Buchanan, de 19 años cuando desapareció.
La identificación responde a quién era, no a qué le ocurrió. El homicidio sigue abierto y la policía pide información.
La policía de la isla surcoreana de Jeju ha iniciado una búsqueda a gran escala de Jang Mi-ran, vista por última vez el 12 de mayo. La señal de su teléfono móvil se registró por última vez el 16 de mayo. Los investigadores han rastreado sus últimos movimientos conocidos hasta su alojamiento y hasta la zona del puerto de Hallim.
El caso tomó un giro inusual desde el principio. Un primer aviso de desaparición se cerró el 15 de mayo, después de que un investigador anotara que se había establecido contacto con ella. Más tarde no se halló registro alguno de esa llamada. Un segundo aviso, meses después, reabrió el asunto, pero para entonces la mayor parte de las grabaciones de cámaras de calle y de comercios ya se había borrado, porque esos sistemas suelen sobrescribirse a los treinta días.
Ahora se han asignado unos 140 agentes, cerca de cinco veces el esfuerzo anterior, junto con perros rastreadores y una revisión de cámaras privadas. Más de tres meses después, se desconoce su paradero y no se ha establecido la causa de su desaparición.
La Oficina del Sheriff del condado de Santa Cruz, en Arizona, anunció el 6 de agosto de 2026 que ha identificado a un hombre que se ahogó en el lago Patagonia en 1978 y que permaneció sin nombre durante casi cinco décadas.
Los investigadores atribuyen la identificación a los avances en el análisis de ADN. El perfil obtenido de los restos se comparó con bases de datos genealógicas y apuntó a un pariente lejano que vive en Canadá. Las autoridades canadienses contactaron con la familia y un hermano del fallecido aportó una muestra que confirmó la coincidencia. Se trata de David Alan McInroy, ciudadano canadiense.
La identificación resuelve quién era, pero no cómo llegó a un lago del sur de Arizona ni por qué pasaron casi cincuenta años sin que ninguna búsqueda familiar llegara al expediente. La oficina del sheriff no ha descrito el ahogamiento como sospechoso y las circunstancias no figuran en la información pública.
Los investigadores de California han renovado un llamamiento público en un caso que estuvo medio siglo sin identificar. El 19 de enero de 1974 aparecieron restos humanos parcialmente enterrados cerca de Desert Hot Springs, en el condado de Riverside. Durante décadas nadie pudo ponerles un nombre.
La genealogía genética cerró ese hueco. El laboratorio forense Othram procesó muestras óseas, se construyó un perfil de ADN y en 2024 los restos fueron identificados como Rebecca Jean McMahan, conocida también como Becky Solis, de diecinueve años. Su familia la vio por última vez el 3 de julio de 1973. Entre 1969 y 1973 vivió en Bellingham, en el estado de Washington, y también pasó tiempo en Bell Gardens, Bell, Cudahy y Commerce, en California.
Los investigadores señalan que casi todo lo importante sigue sin respuesta: cómo murió, quién fue responsable y qué ocurrió en las semanas entre su última aparición pública, en junio de 1973, y el hallazgo del cuerpo. Piden que cualquiera que la conociera se ponga en contacto.
El 24 de febrero de 1986 apareció en Fort Worth, Texas, el cuerpo de una mujer estrangulada. Nadie pudo decir quién era. Fue enterrada como víctima sin identificar y el expediente quedó parado durante cuatro décadas.
La policía anunció el 18 de agosto de 2026 que ha sido identificada como Brenda Darnell McLerran. La evidencia biológica conservada se envió en 2025 al laboratorio forense Othram para un trabajo de genealogía genética que orientó a los investigadores hacia una familia concreta. Su hermano, Floyd Ray McLerran, aportó una muestra de ADN, y a finales de julio de 2026 el Centro de Identificación Humana de la Universidad del Norte de Texas confirmó la coincidencia entre hermanos.
Devolverle el nombre no cierra el caso. Se desconoce quién la mató y el homicidio sigue abierto y bajo investigación activa. Los detectives piden que quien la conociera, o recuerde algo de Fort Worth a principios de 1986, se ponga en contacto con la unidad de homicidios.
Astrid Bridges, de 45 años, fue hallada muerta en su casa de Gresham, Oregón, el 2 de julio de 1993. Presentaba lesiones, pero el médico forense registró la muerte como un accidente y el expediente se cerró.
Treinta y tres años después esa conclusión se ha revertido. Tras volver a examinar las lesiones y las pruebas conservadas, la oficina del médico forense reclasificó la muerte como homicidio. La policía de Gresham reabrió la investigación con apoyo de la fiscalía del condado de Multnomah, y los detectives han interrogado desde entonces a su marido, John Bridges, en Misuri.
El caso también ha implicado a investigadores de otro estado. Detectives de Kentucky vuelven a revisar la muerte en 1972 de Joyce Bridges, conocida como Mable, primera esposa de John Bridges. Aquella muerte también se anotó primero como accidental y más tarde se reclasificó como homicidio. No hay cargos anunciados en ninguno de los dos casos ni sospechoso nombrado en público. Las autoridades no han detallado qué cambió en su lectura de las lesiones de 1993 tras tres décadas.
Elizabeth Waddell, de 44 años, conocida como Liz, había viajado desde Cary, Carolina del Norte, a la isla de Granada. Fue vista por última vez el 22 de julio de 2026 cuando salía a nadar en Grand Anse Beach, una de las playas más concurridas de la isla. No regresó.
Las autoridades granadinas han rastreado el agua y la costa. El comisario de policía en funciones, Randy Connaught, dijo a la prensa que el asunto sigue tratándose como una investigación de persona desaparecida, una formulación que deja abiertas tanto un accidente en el mar como otras posibilidades. No se ha anunciado ninguna detención ni se ha establecido una causa.
Grand Anse es una playa muy frecuentada, y eso es parte de lo que hace difícil explicar la desaparición. Las autoridades no han informado públicamente del hallazgo de un cuerpo, ropa o efectos personales, ni han dicho si algún testigo la vio entrar o salir del agua. Casos así suele resolverlos el propio mar en pocos días. Este no, y sigue formalmente abierto.
Durante casi 26 años el expediente solo llevaba un nombre provisional: Chelsea Jane Doe. Los restos de una mujer joven aparecieron en el año 2000 en un aparcamiento de Chelsea, Massachusetts, al otro lado del río de Boston. Nadie podía decir quién era.
Eso cambió gracias a la genealogía genética investigativa, un método que combina el análisis de ADN con un trabajo lento de árboles familiares. El laboratorio forense privado Othram construyó un perfil de ADN utilizable a partir de los restos. Después el FBI avanzó por las ramas familiares hasta llegar a un hermano, y la coincidencia se sostuvo. La policía local, el FBI y la fiscalía del distrito anunciaron el 3 de junio de 2026 que la víctima era Tiffany Bradley, de 16 años cuando murió. El jefe de policía de Chelsea dijo que nada podía deshacer lo sufrido por la familia, pero que al fin podían tener un cierre.
La técnica se creó para buscar sospechosos. Ahora se dirige en sentido contrario, hacia los cientos de cuerpos sin identificar que siguen guardados por los forenses de Estados Unidos, muchos de ellos desde hace décadas.
Arqueología enigmática
Una prospección en Castiglione di Paludi, un asentamiento fortificado en lo alto de una colina de Calabria, en el sur de Italia, ha cartografiado edificios todavía enterrados sin abrir una sola zanja. Equipos de la Universidad de Catania combinaron la tomografía de resistividad eléctrica, que hace pasar una corriente débil por el terreno, con la magnetometría, que registra pequeñas distorsiones del campo magnético terrestre. Cada lectura se situó mediante GPS.
La anomalía más clara aparece justo atravesando la calle central del asentamiento. Allí se levantó en su día algo de cierta envergadura que interrumpía una vía que debería haber quedado libre. Los restos están muy degradados y la prospección no permite decir para qué servía el edificio. Los investigadores se inclinan por una función religiosa, pero eso es una interpretación, no un resultado.
La pregunta de fondo es más antigua que la prospección. Los especialistas siguen sin ponerse de acuerdo sobre si el poblado lo fundaron colonos griegos de la Magna Grecia o la población bruttia local. Los nuevos datos describen cómo se organizó el asentamiento entre el siglo IV antes de Cristo y el periodo helenístico, sin resolver quién lo trazó.
En las excavaciones de Karahantepe, en el sureste de Turquia, ha aparecido una escultura de unos setenta centimetros de alto que representa una figura humana sentada encima de un leopardo. El ministro de Cultura y Turismo turco anuncio el hallazgo el 27 de agosto de 2026. El yacimiento pertenece al mismo mundo neolitico que el cercano Gobekli Tepe y tiene unos once mil anos.
La estatua estaba apoyada sobre un banco junto al muro de un edificio circular de unos tres metros de diametro, con el suelo pavimentado con losas planas. Esa posicion indica que se exhibia y no que se hubiera desechado o enterrado, pero nada mas en la sala aclara con que fin.
Los animales depredadores aparecen a menudo en el arte de este periodo, casi siempre como relieves o como figuras exentas. Una persona montada sobre uno de ellos es rara. Quienes la tallaron no dejaron escritura, y no hay ni enterramientos ni piezas comparables en la region que digan a los arqueologos si la escena recoge un rito, un mito, un individuo concreto u otra cosa.
Arqueólogos que trabajan en la villa romana del Collet, sobre la bahía de Palamós en Cataluña, han identificado fragmentos de un recipiente cerámico poco común. Un asa conservada fue modelada como una serpiente de dos cabezas. El estudio, dirigido por Marc Bouzas Sabater, de la Universidad de Girona, se publicó en la revista Antiquity.
La iconografía coincide con objetos asociados a Sabazio, una divinidad de origen tracio y frigio cuyo culto dejó muy pocos testimonios escritos. El análisis de la pasta indica que la pieza no se fabricó en la zona y podría proceder del norte de África. Se rompió y se enterró en época de Augusto, entre el 27 a.C. y el 14 d.C., lo que la convierte en uno de los ejemplares rurales más tempranos de Iberia.
Cómo llegó ese culto a una finca agrícola del extremo occidental del imperio no está resuelto. Una hipótesis apunta a un sacerdote llegado de oriente al cercano puerto de Emporiae. Tampoco se sabe por qué se rompió y se depositó la pieza.
Un estudio en la zona de Awunbarna, al oeste de Arnhem Land, en el norte de Australia, ha registrado más de 160 sitios con arte rupestre. Entre ellos el equipo documentó 29 imágenes de la Serpiente Arcoíris en 21 lugares distintos, algunas de casi seis metros de largo, junto a cocodrilos, canguros y pitones de tamaño natural.
El trabajo fue dirigido por Paul Tacon, de la Universidad Griffith, junto con el propietario tradicional Charlie Mungulda, y se publicó en la revista Australian Archaeology. La mayoría de las figuras parece pertenecer a los siglos diecinueve y veinte. Muchas se pintaron con arcilla blanca directamente sobre imágenes anteriores ya presentes en la roca.
Por qué se hicieron a ese tamaño, y justo en ese momento, no está resuelto. Los investigadores plantean que las pinturas fueron una respuesta a la colonización europea, con los seres ancestrales invocados como fuente de estabilidad en tiempos de trastorno. Esa lectura es una interpretación, no un hecho demostrado. La arcilla blanca suele desvanecerse en pocos siglos, de modo que la datación de cada panel sigue abierta.
En las excavaciones de Deultum, una colonia romana del sureste de Bulgaria conocida también como Debelt, ha aparecido el esqueleto de un hombre dentro de un dolium, uno de esos enormes recipientes cerámicos en los que los romanos guardaban grano y vino. La tinaja estaba en una torre de la puerta. Los restos se fechan en los siglos cuarto o quinto de nuestra era.
La torre muestra un incendio grave: ceniza, carbón, muros ennegrecidos, vidrio fundido, monedas de bronce chamuscadas y huesos de animales quemados. Bajo el esqueleto había ceniza, de modo que el hombre se metió allí cuando el fuego ya había comenzado. Conservaba dos cuchillos de hierro, uno en el cinturón y otro entre las piernas. Lyudmil Vagalinski, de la Academia Búlgara de Ciencias, lo interpreta como alguien que se ocultaba de un ataque, en una época en que la guarnición combatía a grupos germánicos orientales y a los hunos.
Quién era y si lo mató el fuego o los atacantes sigue sin saberse. Más tarde los supervivientes reconstruyeron la torre sobre un suelo elevado.
En Pashatepe, un asentamiento neolítico del distrito de Jalilabad, en el sur de Azerbaiyán, los excavadores han recuperado una esfera de piedra sin equivalente claro en todo el Cáucaso Sur. El asentamiento se fecha en el sexto milenio antes de Cristo. La bola pesa unos 1,87 kilogramos y mide cerca de diez centímetros de diámetro.
La excavación está dirigida por Vafa Mahmudova, del Instituto de Arqueología y Antropología de la Academia Nacional de Ciencias de Azerbaiyán. Las primeras aldeas agrícolas sí tallaban piedras redondas, pero esos objetos solían servir como percutores o molinos y conservan el desgaste correspondiente. Esta pieza no lo tiene. No hay perforaciones, ni desconchados, ni marcas de impacto. La superficie fue pulida de forma deliberada.
Se barajan dos lecturas. La esfera pudo ser un objeto ritual, o pudo ser una pesa normalizada empleada en el intercambio. Ninguna puede contrastarse con lo hallado hasta ahora, y por el momento el objeto sigue sin explicación.
Un equipo dirigido por Petr Kristuf, de la Universidad de Bohemia Occidental, ha excavado una enorme estructura circular de tierra cerca de la aldea de Chleby, en Bohemia central, República Checa. El anillo mide más de 230 metros de diámetro y estaba delimitado por un foso de más de dos metros y medio de profundidad. Las primeras dataciones sobre material orgánico lo sitúan hacia hace unos 6.500 años, unos mil años antes de que se levantaran las primeras piedras de Stonehenge.
Doce aberturas interrumpen el trazado, y los excavadores señalan que su posición no es casual. Dos apuntan al amanecer del solsticio de verano y al ocaso del solsticio de invierno, y otras parecen marcar los extremos del ciclo lunar de 18,6 años. Kristuf describe el recinto como un calendario monumental ligado a las ceremonias y al año agrícola.
Junto a las entradas aparecieron cráneos y cuernos de bóvidos que, según el equipo, pudieron decorar antaño las puertas. En qué consistían aquellas ceremonias, y quién organizó el enorme trabajo de abrir el foso, el yacimiento no lo dice.
Los excavadores de la colina de Gedikkaya, en Bilecik, al noroeste de Turquía, han recuperado del suelo de una cueva 25 tallas de caliza con forma de tortuga. El equipo, dirigido por la arqueóloga Deniz Sari, sitúa el depósito entre unos 14.500 y 11.200 años atrás, al final de la última Edad de Hielo.
Las piezas son pequeñas, de menos de treinta centímetros, y muchas están apenas desbastadas en lugar de trabajadas con detalle. Algunas fueron recubiertas de arcilla. Lo que llama la atención es la disposición: los objetos se clavaron en el suelo formando anillos, un patrón deliberado y no un montón de piezas descartadas. Sari ha sugerido que las formas repiten el perfil de la propia colina, que se alza como una cúpula baja parecida a un caparazón.
La finalidad sigue abierta. La tortuga suele leerse como símbolo de larga vida y resistencia, y el lugar parece ceremonial, pero Sari advierte que hablar de un culto iría más allá de las pruebas disponibles. No se conoce ninguna disposición comparable en la región para ese periodo.
El cementerio de Pien, en el centro norte de Polonia, ha dado uno de los enterramientos más extraños de Europa. En 2022, arqueólogos de la Universidad Nicolás Copérnico abrieron la tumba 75 y hallaron a una mujer joven con una hoz de hierro curvada apoyada sobre la garganta y un candado triangular de hierro sujeto al dedo gordo del pie izquierdo. La fosa había sido reabierta antes de que el cuerpo terminara de descomponerse.
Un nuevo análisis de Dariusz Polinski y sus colegas, publicado en Journal of Archaeological Science: Reports, añade datos pero no resuelve el enigma. Murió con unos 17 a 19 años, entre 1620 y 1674. Su tocado de seda llevaba hilo dorado y plateado, señal de riqueza, mientras que los isótopos revelan largos periodos casi sin proteína animal. Su linaje materno es raro y apunta a Escandinavia, aunque ella creció en la zona. Una mancha verde en el paladar y en las vértebras del cuello indica un objeto o preparado de cobre colocado en su boca.
Por qué se la trató así sigue sin saberse.
Los arqueólogos que trabajan en Tepecik-Ciftlik, un asentamiento neolítico de la llanura de Melendiz, en Capadocia, Turquía, han identificado once puntas de flecha de obsidiana más con marcas hechas de forma deliberada. El total conocido asciende así a cincuenta y cuatro. El yacimiento estuvo ocupado entre aproximadamente 7100 y 5800 a. C., de modo que las piezas tienen cerca de nueve mil años.
Cada marca está tallada en el vidrio volcánico negro y no hay dos iguales. El estudio, de Alice Vinet, de la Universidad de Aix-Marsella, y Denis Guilbeau, del ministerio de Cultura francés, se publicó en PLOS One el 21 de agosto de 2026.
La explicación habitual no resiste el contraste con las pruebas. Durante años se supuso que las marcas eran signos de propiedad, la forma en que un cazador reclamaba el animal abatido por su flecha. Pero las puntas marcadas son escasas frente a las lisas y los diseños nunca se repiten. No hay un contexto funerario o doméstico constante, ni un sistema simbólico reconocido, ni un patrón que vincule las marcas con grupos concretos. Por ahora los autores admiten que su finalidad se desconoce.
La campaña de buceo de 2026 en Gran Carro, un poblado prehistórico sumergido bajo el lago Bolsena, en el centro de Italia, ha recuperado cerámica, espigas conservadas de espelta y grandes elementos de madera, según informaciones publicadas el 10 de agosto de 2026.
Varias vasijas se fechan en el Bronce Final y pertenecen a la fase protovillanoviana, lo que retrasa la ocupación del lugar más allá del poblado de la Edad del Hierro con el que suele asociarse. El bajo nivel de oxígeno y una capa de sedimento conservan materia orgánica que en tierra firme se habría podrido. El mismo yacimiento dio hace poco su primer fragmento textil de la Edad del Hierro tras más de sesenta años de trabajos.
El rasgo más extraño sigue siendo la Aiola, un montículo cónico de piedras sin argamasa sobre un núcleo de tierra. Allí aparecieron depósitos de grano y objetos parecidos a ajuares funerarios, y bajo las piedras hay maderos pesados. Si fue un edificio, una plataforma o un monumento ritual, no está resuelto.
Los excavadores que trabajan en A Sondum, en la aldea de Sandur, en la isla feroesa de Sandoy, han extraído una piedra tallada del suelo de lo que parece una capilla medieval. Las piedras rúnicas son casi desconocidas en las islas Feroe, y el equipo de Tjodsavnid, el museo nacional, junto con la Universidad de Aarhus y el Museo Moesgaard de Dinamarca, comprendió de inmediato lo que tenía delante.
La inscripción solo se lee en parte. Los especialistas creen que algunos de los caracteres conservados forman una expresión en nórdico antiguo que significa aproximadamente 'aquí yace' o 'aquí descansa', lo que apuntaría a una marca de tumba. El resto del texto no se ha recuperado, y tampoco está claro dónde estuvo la piedra originalmente, ya que apareció reutilizada en un suelo y no en pie.
Entre los demás hallazgos hay un fragmento de una pequeña talla de la Virgen con el Niño y una kola, una lámpara de aceite sencilla. La piedra ya está en el museo nacional, donde será escaneada en tres dimensiones antes de que su superficie se degrade más.
El ministerio de cultura de Perú presentó el 18 de agosto de 2026 el esqueleto de un hombre adulto excavado en la Huaca Pucllana, la pirámide de adobe que sigue en pie dentro de la Lima actual. Los restos se atribuyen a la cultura Lima y se fechan hacia el año 650 de nuestra era, es decir, unos 1.400 años de antigüedad.
Lo llamativo es dónde fue depositado. El cuerpo yacía sobre su costado izquierdo dentro de un canal, con el cráneo vuelto hacia la pirámide y el Pacífico al fondo. Cerca apareció una cabeza de serpiente de cerámica. Gladys Paz, que dirigió la excavación, señaló que el hombre pudo ser dejado allí como ofrenda en el momento en que se cerraba un canal que alimentaba una poza ceremonial.
Esa lectura es una hipótesis de trabajo, no una conclusión. Su edad, la causa de la muerte y si murió en un ritual dependen de análisis de laboratorio pendientes. Por qué la cultura Lima sellaba así un canal no se comprende.
En el complejo funerario de Baydala, cerca de Pavlodar, en el nordeste de Kazajistán, los excavadores han extraído un carro de madera que sostiene un refugio en forma de tienda, muy parecido a una yurta tradicional. Se fecha en el periodo kimako-kipchako, entre finales del siglo IX y comienzos del X, cuando el Kaganato Kimako dominaba las tierras del río Irtysh.
Las viviendas móviles de este tipo se conocían por descripciones escritas y por ilustraciones antiguas. Un ejemplar conservado, no. Las autoridades de la región de Pavlodar afirman que la estructura no tiene paralelo arqueológico conocido en Kazajistán ni en el resto de la estepa. Con ella se enterraron una silla de montar, estribos, bocados de caballo, armas, joyas y tejidos de seda, un conjunto que apunta a una persona de alto rango. Las excavaciones las dirige desde hace más de dos décadas el arqueólogo kazajo Timur Smagulov.
Por qué se colocó una casa rodante en una tumba no está resuelto. Su papel ritual exige más estudio, y la idea de que Baydala corresponda a Imakia, la capital kimaka citada en fuentes medievales, sigue siendo una hipótesis de trabajo.
Cuando en 2024 aparecieron seis esqueletos bajo las ruinas de la residencia de Hermann Goring en la Guarida del Lobo, el cuartel general de guerra de Hitler en lo que hoy es el nordeste de Polonia, las manos y los pies ausentes y las señales de quemaduras invitaron a teorías siniestras. Una excavación de tres semanas ha añadido ahora cinco esqueletos más y dos concentraciones de huesos humanos, una de ellas justo bajo los cimientos del edificio.
La conclusión del equipo de la Academia Polaca de Ciencias, que trabajó con la Fundación Latebra de Gdansk, es más prosaica y en cierto modo más incómoda. La casa se levantó encima de un cementerio anterior. Antes de construir se rebajó el terreno cerca de un metro y medio, lo que explica lo poco profundas que son las tumbas. Los cimientos y las zanjas de servicios cortaron sepulturas existentes y los restos desplazados se tiraron cerca. El arqueólogo Jakub M. Niebylski lo resumió sin rodeos: la casa se construyó sobre un cementerio.
La antigüedad del cementerio sigue sin conocerse. Se prevén análisis de radiocarbono y dendrocronología. No se recuperaron ofrendas, así que los enterrados siguen sin identificar.
Dentro de la Subestructura II C de Calakmul, en el estado mexicano de Campeche, un mural de carbón muy deteriorado ha vuelto a ser legible. La imagen digital, la fotogrametría y la reconstrucción gráfica sacaron a la luz al héroe mitológico Juun Ajaw cazando una criatura en el agua y, junto a la escena, un signo calendárico del calendario ritual maya de 260 días.
La pintura se fecha entre unos 400 y 200 antes de Cristo, lo que la convierte en la escritura más antigua conocida en Calakmul por un margen amplio. Las inscripciones conservadas del sitio se habían atribuido casi por completo al periodo Clásico, entre el 250 y el 900 después de Cristo. El hallazgo sitúa a Calakmul junto a San Bartolo, El Mirador y Tikal, en el reducido grupo de centros del Preclásico Tardío con escritura temprana. El trabajo se realizó en el Proyecto Arqueológico Calakmul, dirigido por Ramón Carrasco Vargas, con la reconstrucción a cargo de Daniel Salazar Lama.
Quedan cuestiones sin resolver: para qué servía la Subestructura II C, la fecha exacta, que aún requiere muestreo científico, y si el signo marca un mito o un rito real.
Archivos desclasificados
Veinticinco años después de los atentados, un bloque central de documentos de la Comisión del 11-S sigue sin hacerse público. La Junta de Desclasificación de Interés Público, un órgano asesor que depende de la Casa Blanca, expuso la situación en una entrada publicada por los Archivos Nacionales de Estados Unidos el 1 de septiembre de 2026.
Hay dos grupos de documentos en juego. Uno es el resumen de un informe diario del presidente. El otro es un conjunto de memorandos para el expediente, las notas tomadas cuando el personal de la Comisión entrevistó a altos cargos de los gobiernos de Clinton y Bush, entre ellos Condoleezza Rice, Samuel Berger, Richard Clarke, Michael Scheuer y George Tenet. Las actas de las entrevistas al presidente Bush y al vicepresidente Cheney se publicaron ya en 2022.
La Junta escribió al presidente el 30 de junio de 2026 recomendando su publicación, y el material está ahora en manos del panel interagencial de apelaciones sobre clasificación. La Junta optó por no reclamar todos los informes diarios, alegando que el volumen de material sensible sería excesivo. No hay fecha de publicación.
Documentos obtenidos mediante la ley de acceso a la informacion, publicados el 12 de julio de 2026, muestran que el organismo del Pentagono que investiga el sindrome de La Habana ha contado con el apoyo de Anomaly 6, una empresa de Virginia que compra datos masivos de localizacion recogidos de millones de telefonos moviles en todo el mundo.
El trabajo se enmarca en un contrato de la Fuerza Aerea llamado Project Yellowfin, por cerca de seis millones de dolares. Segun el texto del contrato, la firma aportara inteligencia de localizacion y elaborara productos de datos que representen la distribucion geografica, la secuencia temporal y las conexiones entre hechos y actores para el equipo interfuncional de incidentes anomalos de salud. En 2022 esa misma empresa demostro su alcance en una presentacion comercial rastreando telefonos de personal de la CIA y la NSA entre sus casas y sus oficinas.
Los documentos no dicen que buscaba el equipo en esos datos ni que encontro. Ni la empresa ni la Fuerza Aerea respondieron. La causa de las lesiones que denuncia personal estadounidense en el extranjero desde 2016 sigue sin resolverse oficialmente.
Un aviso de contratación del Departamento de Defensa, difundido el 2 de septiembre de 2026, muestra que la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios pretende adjudicar sin concurso una suscripción de acceso digital a un archivo privado de registros sobre fenómenos anómalos no identificados. Lo custodia el Centro Nacional de Registros Históricos de Objetos Voladores No Identificados, una organización sin fines de lucro de Nuevo México dirigida por el investigador David Marler.
La colección se describe como la mayor de su tipo en manos privadas, con cientos de miles de expedientes reunidos durante más de setenta y cinco años. Incluye los archivos de grupos civiles de investigación activos desde principios de los años cincuenta y los papeles personales de J. Allen Hynek, consultor científico del Proyecto Blue Book. A la oficina le interesa sobre todo el material anterior a 1990.
El Congreso encargó a la oficina reunir un registro completo de la participación del gobierno estadounidense en estos fenómenos desde 1945. Muchos expedientes militares de mediados de siglo quedaron fragmentados o nunca se guardaron de forma centralizada, y algunos sobreviven solo porque investigadores privados los conservaron. El costo no se hizo público y el archivo declinó comentar.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos ha publicado el quinto lote de documentos desclasificados dentro del programa de divulgación progresiva sobre fenómenos anómalos no identificados, iniciado el 8 de mayo de 2026. Sean Parnell, asistente del secretario de Guerra para asuntos públicos, anunció la entrega el 7 de agosto de 2026.
El lote incluye informes de entrevistas a testigos elaborados por el FBI, reconstrucciones digitales basadas en esos relatos y un vídeo térmico con dos formas de movimiento lento registradas como oscuras sobre un fondo más cálido. Entre los testigos hay dos agentes especiales federales. Un civil describió tres avistamientos distintos en una ventana de cinco horas en algún punto del oeste del país.
Las fechas y los lugares están censurados, lo que dificulta la verificación independiente. Nada en la entrega identifica qué eran los objetos, cómo se propulsaban ni de dónde venían. La idea de que el programa retiene una explicación mayor sigue siendo una hipótesis abierta, no un hallazgo documentado. Habrá más entregas.
La Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos ha emitido una directriz preliminar que empieza a levantar una barrera de larga data. El memorando, numerado ES 2026-00818 y fechado el 31 de julio de 2026, ordena al Departamento de Guerra y a las agencias de inteligencia crear una vía por la que empleados actuales y antiguos puedan describir fenómenos anómalos no identificados ante representantes designados del gobierno, incluso cuando un acuerdo de confidencialidad o un juramento de secreto lo prohibirían normalmente.
Las agencias disponen de treinta días para nombrar un contacto del grupo de trabajo e informar a su personal de que la exención existe. El paso se inscribe en el programa de divulgación PURSUE, en cuyo marco ya se han publicado varias tandas de archivos este año.
Quedan lagunas importantes. La directriz cubre a los empleados pero nada dice con claridad sobre los contratistas, que concentran buena parte del trabajo relevante. Además solo alcanza a acuerdos y juramentos, un conjunto más estrecho que el previsto en la ley. Aún faltan los procedimientos detallados.
El Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington publicó el 31 de agosto de 2026 una nueva colección documental. Catalogada como Briefing Book 928 y editada por Walker Gargagliano, reúne registros sobre un episodio que los historiadores siguen discutiendo: el intento, bajo el secretario general Mijaíl Gorbachov, de reorientar la doctrina militar soviética en Europa desde la ofensiva hacia la defensa.
La recopilación se apoya en material estadounidense desclasificado, en evaluaciones de la CIA sobre el despliegue soviético y en notas tomadas por los propios asesores de Gorbachov durante las discusiones del Politburó. Entre los documentos figura la visita a Estados Unidos del ministro de Defensa soviético Dmitri Yázov en 1989. El mariscal Víktor Kulikov aparece describiendo el cambio como un paso de una orientación puramente ofensiva a una defensa fuerte y activa.
Los papeles muestran también la fuerte resistencia dentro de las fuerzas armadas, la industria de defensa y los servicios de inteligencia. Cuánto había de estrategia real y cuánto de escenificación dirigida a los gobiernos occidentales es una pregunta que el archivo deja abierta.
Un tribunal federal de apelaciones ha resuelto que la CIA no está obligada a buscar en sus archivos operativos documentos sobre prisioneros de guerra estadounidenses y militares registrados como desaparecidos en combate. La decisión en el caso Driggs contra la CIA fue dictada por el Cuarto Circuito el 4 de agosto de 2026 y confirma lo resuelto por el tribunal inferior.
El asunto gira en torno a la Ley de Información de la CIA, que permite a la agencia designar ciertos archivos operativos como exentos de la búsqueda que normalmente sigue a una solicitud amparada en la Ley de Libertad de Información. El tribunal aceptó que el material solicitado entra en esa exención. También confirmó las tachaduras aplicadas a un informe conjunto redactado con el Departamento de Defensa, retenido bajo la Exención 1, referida a información de seguridad nacional debidamente clasificada, y la Exención 3, referida a material protegido por otra ley.
El efecto práctico es que un conjunto de documentos vinculado a una de las preguntas abiertas más persistentes de la era de Vietnam sigue fuera del alcance público. La sentencia no describe el contenido oculto y la agencia no está obligada a decirlo.
La Junta de Desclasificación de Interés Público, órgano asesor que trabaja con el Archivo Nacional de Estados Unidos, publicó el 13 de agosto de 2026 una declaración de apoyo a una carta bipartidista del Comité Judicial del Senado. La carta, enviada por su presidente Chuck Grassley, pide una decisión presidencial para revisar y liberar los documentos que siguen retenidos bajo la Ley de Divulgación de Crímenes de Guerra Nazis de 1998.
Al amparo de esa norma, un grupo interinstitucional presidido por el Archivo Nacional funcionó entre 1999 y 2007 y desclasificó más de 8,5 millones de páginas sobre los crímenes de la Alemania nazi y del Imperio japonés. Una parte nunca salió a la luz. Las agencias alegan seguridad nacional, incluida la protección de fuentes de inteligencia, las relaciones exteriores y el desarrollo de armamento, y en algunos casos investigaciones abiertas del Departamento de Justicia.
La junta sostiene que el obstáculo de fondo es estructural: los criterios de clasificación varían según el organismo y el procedimiento de revisión descansa en métodos y tecnología anticuados. En ningún documento público consta cuántas páginas siguen selladas ni quién las custodia. Veintiocho años después, esa cifra nunca se ha publicado.
La oficina del Pentágono que investiga fenómenos anómalos no identificados ha publicado su informe anual del año fiscal 2025, unos nueve meses después del plazo fijado por el Congreso. El documento recoge 319 casos nuevos comunicados entre el 2 de junio de 2024 y el 30 de mayo de 2025, y eleva a 1.870 el total acumulado desde la creación de la oficina.
De los casos nuevos, 274 fueron aéreos, 44 espaciales y uno marítimo. Los analistas cerraron 114 atribuyéndolos a globos, aves, satélites, aviones, drones, un lanzamiento de cohete y, en un caso, una persona volando con una mochila propulsora. Otros 191 pasaron a un archivo activo por falta de datos suficientes y nueve se remitieron a especialistas de inteligencia y técnicos.
La oficina repite que no dispone de pruebas verificadas de tecnología extraterrestre, materiales recuperados ni efectos sobre la salud. Añade, sin embargo, que algunos informes cerca de instalaciones militares describen prestaciones superiores a lo conocido y advierte de que, de confirmarse, supondrían una amenaza aún sin respuesta.
Un conjunto de documentos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, obtenidos mediante una solicitud de acceso a la información, fue publicado el 18 de agosto de 2026 por el Archivo de Seguridad Nacional, un instituto de investigación de la Universidad George Washington.
Los documentos se refieren al programa federal de notificación de gases de efecto invernadero, la base de datos que registra las emisiones de las grandes fuentes industriales. Cuando se anunciaron los planes para derogarlo, muchas empresas de petróleo y gas pidieron públicamente que se mantuviera. Los registros liberados describen una segunda vía: durante más de un año, representantes del sector presionaron a la agencia a puerta cerrada para suavizar una parte concreta, la regla de contabilidad del metano conocida como Subpart W, revisada bajo la administración anterior, que obligaría a declarar emisiones superiores a las cifras que hoy se publican.
No se indica qué parte de la correspondencia sigue reservada, y todavía no se ha hecho pública ninguna decisión sobre la norma.
La CIA ha publicado la versión oficial más completa hasta ahora de KUBARK, el manual de interrogatorio de contrainteligencia que redactó en julio de 1963. El documento, de 132 páginas, es una guía de presión psicológica más que de fuerza física, y durante años circuló muy tachado.
La nueva versión procede de una solicitud de revisión obligatoria de desclasificación presentada en mayo de 2021 por el sitio de investigación The Black Vault, expediente EOM-2021-00117. Una primera respuesta, en febrero de 2024, apenas liberó nada. En marzo de 2024 se presentó un recurso y el resultado se publicó en julio de 2026.
Entre los pasajes ahora visibles hay referencias a una directiva interna sobre interrogatorios clandestinos en el extranjero, citas restauradas de una guía de agentes dobles de 1960 y una cifra que la agencia había ocultado: la estimación de que hasta un setenta por ciento de los desertores soviéticos en los años posteriores a 1955 pudieron ser agentes controlados. Frases enteras, identificadores de unidades y procedimientos operativos siguen tachados al amparo de la Orden Ejecutiva 13526.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos publicó el 7 de agosto de 2026 una quinta tanda de documentos desclasificados sobre fenómenos anómalos no identificados, dentro del programa conocido como PURSUE. Esta entrega incluye papeles del FBI que describen avistamientos reportados durante 2026 en el oeste del país.
Un documento registra una sola luz roja en el cielo a la que poco después se sumaron entre seis y diez más. Otro describe un encuentro de unas cinco horas repartido en tres episodios: el primero de las 20:00 a las 20:30 aproximadamente y el segundo entre las 22:00 y las 23:00. Los testigos hablaron de dos formas lentas que aparecían negras y calientes en infrarrojo durante cinco a diez minutos, de una luz suspendida unos 150 metros sobre un vehículo, de otra que se detuvo a unos dos metros del suelo y de un objeto calculado en la mitad de un helicóptero Black Hawk.
Las fechas y los lugares exactos fueron ocultados para proteger a los testigos y a las instalaciones. Los archivos recogen lo que la gente dijo haber visto. No se ofrece ninguna explicación oficial.
Dos programas reales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la Guerra Fría vuelven a estar bajo examen. El Proyecto Moondust tenía el encargo de localizar, recuperar y trasladar vehículos espaciales extranjeros caídos. La Operación Bluefly se ocupaba del traslado rápido de los objetos recuperados que se consideraban de valor para la inteligencia técnica. Los historiadores sitúan a ambos, en general, en la recogida de restos de satélites soviéticos y de material aeroespacial extranjero.
Documentación desclasificada difundida hace poco se lee de otra manera entre algunos investigadores. Un documento de la Fuerza Aérea de 1961 coloca Moondust, Bluefly y un esfuerzo de investigación de ovnis bajo una misma estructura de inteligencia. Un informe de 1965 procedente del Congo describe fragmentos metálicos cuyo origen se anotó como presuntamente de un objeto volador no identificado. Otros archivos mencionan recuperaciones en Nepal coordinadas con gobiernos extranjeros.
Lo que los documentos establecen es un solapamiento organizativo y la recogida de objetos que nadie pudo identificar de inmediato. Lo que no establecen es de dónde salió ese material. Ningún archivo liberado muestra tecnología no humana, y la tesis de un canal oculto de recuperación de tales naves sigue siendo una interpretación, no un hecho documentado.
La oficina del Pentágono encargada de resolver anomalías en todos los dominios publicó en julio de 2026 su informe del año fiscal 2025 sobre fenómenos anómalos no identificados, meses después del plazo que el Congreso fijó para el informe anual. Sus estadísticas se detienen en mayo de 2025.
La oficina registró 319 nuevos reportes: 284 dentro del periodo y 35 incidentes antiguos que nunca se habían presentado. Cerró 114 de los nuevos casos más 256 de años anteriores, y afirma que todos los casos resueltos tenían una causa ordinaria. Cerca de 205 de los nuevos reportes siguen sin resolver, y nueve se han marcado como dignos de más trabajo por parte de socios de inteligencia. El volumen total cayó con fuerza frente a los 757 reportes del año previo. Parte de ello se explica por un mejor tratamiento del brillo de satélites: 44 avistamientos en el dominio espacial se atribuyeron a luz solar reflejada en satélites, con modelado en tres dimensiones.
Por separado, el informe cuenta 50 avisos de drones cerca de infraestructura nuclear estadounidense, frente a 18, ninguno clasificado como UAP. También repite que no se ha hallado ninguna nave ni material exótico recuperado.
El 10 de julio de 2026 el Departamento de Guerra de Estados Unidos publicó su cuarto conjunto de documentos desclasificados sobre fenómenos anómalos no identificados en war.gov/UFO. Las entregas se hacen bajo un programa llamado PURSUE, un sistema presidencial de apertura y notificación de encuentros con UAP, y siguen a lotes anteriores del 8 de mayo, el 22 de mayo y el 12 de junio.
Este lote contiene 40 elementos: 14 documentos, 19 vídeos, cuatro archivos de audio y tres imágenes. El material abarca papeles de inteligencia de los primeros años de la Guerra Fría, registros ligados a instalaciones nucleares, informes Range Fouler de la Marina, expedientes de supervisión del antiguo Proyecto Blue Book, grabaciones de sensores militares actuales reunidas por la oficina AARO y material espacial de la NASA, incluidas imágenes de la misión del transbordador STS-80 de 1996. También se incluye un avistamiento de 2019 sobre el este del país y varios informes sin resolver de 2020.
Todos los casos del archivo llevan el mismo estatus oficial: sin resolver. Es decir, los investigadores miraron y no pudieron identificar lo registrado. Nada más que eso, y el gobierno no extrae ninguna conclusión extraterrestre. Se prometen más entregas.