UN CASO REAL
En disputa

El globo de Andrée: tres hombres volaron hacia el Polo Norte y aparecieron 33 años después

2026-10-31 · · Desaparecidos sin rastro · 8 min de lectura

La mañana del 11 de julio de 1897, en una costa rocosa y fría del extremo norte, tres hombres subieron a una cesta de mimbre.

Sobre ellos flotaba un enorme globo de seda barnizada, de 20,5 metros de diámetro, lleno de hidrógeno. Después de semanas de espera, el viento por fin había cambiado. Ahora soplaba hacia el Polo Norte.

Cortaron las cuerdas. El globo subió, bajó un instante hacia el mar, volvió a subir y se alejó hacia el norte. La gente en la orilla lo vio hacerse cada vez más pequeño, hasta que desapareció.

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Nadie volvió a ver con vida a esos tres hombres.

Esta es la historia del globo de Andrée, un intento sueco de llegar al Polo Norte por el aire. El globo cayó sobre el hielo tras unos 2 días. Los hombres caminaron casi 3 meses y murieron en una isla helada. Sus cuerpos aparecieron por casualidad 33 años después. Sabemos dónde murieron. Todavía no sabemos de qué.

Un plan que sonaba moderno

En la década de 1890, nadie había llegado al Polo Norte.

Andrée era un ingeniero sueco de 42 años que trabajaba en la oficina nacional de patentes. Tenía una idea. ¿Por qué caminar sobre el hielo, si se podía volar por encima?

Su globo se llamaba el Águila. Andrée creía que podría dirigirlo. De la cesta colgarían cuerdas largas y pesadas que se arrastrarían por el suelo. Su roce frenaría el globo, y unas pequeñas velas le permitirían desviarse del viento.

El rey de Suecia aportó dinero. También el industrial cuya fortuna creó más tarde el Premio Nobel.

El punto de partida fue una pequeña isla en el noroeste de Svalbard, un grupo de islas noruegas en el océano Ártico. Desde allí, el Polo estaba a unos 1.100 km.

El primer intento, y una advertencia

El primer intento fue en el verano de 1896. Todo el verano el viento sopló del norte, en la dirección equivocada. El globo ni siquiera despegó.

Pero aquel verano dejó una advertencia seria. Un meteorólogo del equipo midió el globo cada día. Perdía gas. Cada día perdía unos 68 kg de fuerza de elevación, por millones de agujeros diminutos en las costuras.

Según su cálculo, el globo aguantaría en el aire unos 17 días, no los 30 que prometía el plan. Se negó a volver a ir si no se arreglaba.

Andrée no canceló. Sustituyó al meteorólogo por un ingeniero de 27 años, un atleta fuerte. El tercer hombre era Nils Strindberg, un joven físico y fotógrafo de la expedición.

Unos minutos que lo arruinaron todo

El 11 de julio de 1897, los problemas empezaron casi enseguida.

Al salir del hangar, el globo bajó hacia el agua y las cuerdas de arrastre se engancharon. Estaban sujetas con unas roscas nuevas, pensadas para soltarse en caso de emergencia. Se soltaron. Unos 530 kg de cuerda cayeron al mar.

En ese mismo momento, los hombres tiraron 210 kg de arena para que la cesta no tocara el agua.

En pocos minutos, el globo pesaba 740 kg menos. Subió mucho más de lo previsto. Sin las cuerdas, ya nada podía dirigirlo. El Águila era ahora un globo corriente, que iba adonde lo llevara el viento.

Mensajes que decían que todo iba bien

Los hombres llevaban palomas mensajeras. Solo se recuperó una. La abatió la tripulación de un barco noruego. Su nota estaba fechada el 13 de julio. Decía que a bordo todo iba bien.

No era así. El propio diario de Andrée cuenta otra historia. La niebla y el hielo hacían pesar el globo. Durante 41 horas cayó una y otra vez y fue rebotando sobre el hielo.

El 14 de julio, tras unos 2 días en el aire, los hombres soltaron el gas y aterrizaron sobre el hielo a la deriva, un poco antes del paralelo 83. Aún les faltaban unos 780 km para el Polo. Nadie resultó herido.

Caminar sobre un hielo que se mueve

Tenían fusiles, trineos, una tienda y un pequeño bote plegable. Tenían 767 kg de comida, sobre todo carne en conserva y leche condensada.

Lo que no tenían era ropa de piel. Vestían lana y tela encerada. Durante el resto de su vida, estuvieron mojados.

Cargaron más de 200 kg en cada trineo. Los trineos se rompieron. Bajaron la carga a unos 130 kg cada uno y el 22 de julio se pusieron en marcha. La meta era un depósito de víveres en unas islas lejanas, al sureste.

Pero el hielo a la deriva no es tierra firme. Flota, y el viento y las corrientes lo empujan. Todo el día los hombres tiraban de los trineos hacia el sur. Y una y otra vez descubrían que el hielo los había devuelto hacia atrás.

El terreno era brutal. Había crestas de hielo roto tan altas como una casa de 2 pisos. Había canales de agua abierta entre los témpanos. A veces avanzaban a gatas, arrastrando los trineos. Cazaban osos polares y focas y comían la carne, a menudo medio cruda.

El 4 de agosto cambiaron de rumbo, hacia otro depósito en unas islas pequeñas al norte de Svalbard. Calculaban de 6 a 7 semanas de marcha. El hielo también los alejó de esa meta.

Renunciar a caminar

Hacia el 12 de septiembre aceptaron la verdad. No podían salir a pie.

Eligieron un témpano grande y grueso y construyeron una cabaña encima, con paredes de nieve endurecida con agua. El plan era pasar allí el invierno, a la deriva.

El témpano avanzó deprisa hacia el sur. Pero el 2 de octubre el hielo empezó a agrietarse, justo debajo de la cabaña. El témpano se estaba aplastando contra la costa de una isla.

Esa isla era la Isla Blanca, en el extremo oriental de Svalbard. Casi toda está cubierta por un glaciar, y la mayoría de los años la rodean el hielo y la niebla. Los barcos rara vez pueden acercarse.

En los días siguientes, los hombres llevaron sus víveres a tierra. El 5 de octubre pisaban suelo firme por primera vez en casi 3 meses.

Las últimas palabras

El diario de Strindberg termina el 7 de octubre. Su última palabra legible es "Mudanza".

Andrée escribió una entrada más, el 8 de octubre. Escribió que era agradable dormir en tierra firme, después de semanas oyendo crujir el hielo bajo ellos. Escribió que tendrían que recoger madera de deriva y huesos de ballena.

**Aquí termina lo escrito. A partir de este punto, nadie sabe con certeza qué les pasó a los tres hombres, ni en qué orden murieron.**

33 años de silencio

En Suecia esperaron. Las búsquedas no encontraron ningún rastro. Los tres hombres se convirtieron en héroes nacionales, y después en una leyenda triste.

En el verano de 1930, el tiempo alrededor de la Isla Blanca fue excepcionalmente cálido, y el hielo retrocedió. Un barco foquero noruego, que llevaba un equipo científico, logró desembarcar allí.

A principios de agosto, dos cazadores fueron a buscar agua dulce. Junto a un pequeño arroyo vieron algo que asomaba de la nieve. Era el bote de la expedición, todavía lleno de equipo.

Encontraron dos cuerpos. Uno estaba junto al campamento, medio sentado contra una roca, con un fusil al lado. Era Andrée. Su diario estaba envuelto con cuidado en ropa, paja y tela del globo.

El segundo cuerpo era el de Strindberg. Estaba encajado en una grieta entre las rocas y cubierto de piedras. Alguien lo había enterrado. Es decir, murió primero.

El 5 de septiembre llegó a la isla un segundo barco, con periodistas. Encontraron el cuerpo del tercer hombre en lo que quedaba de la tienda. También hallaron una caja de metal con rollos de película expuesta.

Un fotógrafo de Estocolmo, la capital de Suecia, rescató 93 imágenes de la película empapada.

El 5 de octubre de 1930, justo 33 años después de que los hombres pisaran la Isla Blanca, los cuerpos llegaron a Estocolmo. Multitudes llenaron las calles. Después, los cuerpos fueron incinerados, sin una autopsia completa.

Esa decisión es la razón principal de que la pregunta siga abierta. Sabemos dónde murieron, más o menos cuándo, y que a su alrededor había comida, fusiles y combustible. No sabemos qué los mató.

Conclusiones y preguntas abiertas

Ninguna de las explicaciones lo explica todo.

**Una enfermedad por carne de oso polar poco cocida.** En 1952, un médico sostuvo que los hombres se contagiaron de un gusano parásito a través de la carne de oso. Se hallaron larvas de ese gusano en restos de oso del campamento, y los diarios mencionan diarrea y dolores. El problema: los diarios nunca mencionan fiebre, el síntoma principal. Esta enfermedad rara vez mata. Y otros exploradores vivieron más de un año a base de carne de oso en la misma región sin sufrir daño.

**Gas del hornillo.** Un conocido explorador del Ártico sostuvo que un hornillo de queroseno averiado llenó la tienda de monóxido de carbono. El problema: el hornillo apareció con combustible dentro, y probablemente estaba fuera de la tienda.

**Frío, agotamiento y desesperación.** Un investigador de museo sueco que estudió la expedición durante décadas sostuvo que no hubo una sola causa. Tras 3 meses de humedad y frío, perder la cabaña fue el golpe final. En su opinión, lo sorprendente no es que murieran, sino que aguantaran tanto. El problema: explica por qué estaban débiles, pero no por qué los 3 murieron pocos días después de llegar a tierra.

**Un oso polar, y después morfina.** Una médica sueca que dedicó años al caso examinó los informes médicos de 1930 y la ropa conservada. Encontró desgarros en la ropa de Strindberg que podrían haber sido hechos por las garras de un oso. Según ella, un oso lo mató primero. El tercer hombre murió después en la tienda. Y Andrée, solo, quizá tomó morfina del botiquín. En el lugar se hallaron frascos de morfina casi vacíos. El problema: un trozo de tela rasgado tras 33 años en el hielo no es una prueba. Sin los cuerpos, no se puede comprobar nada.

Se han propuesto otras causas: plomo de las latas de conserva, botulismo, escorbuto. Cada una tiene algún apoyo, y cada una tiene un punto débil.

Lo que sigue abierto es fácil de decir. Tres hombres, con comida y fusiles, llegaron a tierra firme tras 3 meses sobre el hielo. En pocos días, los 3 estaban muertos. Andrée tuvo tiempo de envolver su diario con cuidado. Qué pasó en esos días sigue sin saberse.

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