La pila de Bagdad: una vasija que quizá dio chispas, o solo guardó pergaminos
En 1936, unos obreros del Ferrocarril del Estado de Irak que abrian una zanja de cimentacion en Khujut Rabu, una aldea a las afueras de Bagdad no lejos de las ruinas de Ctesifonte, irrumpieron en una tumba antigua. Dentro habia un racimo de pequenas vasijas de barro. Como suele ocurrir con los hallazgos raros, fueron a parar al Museo de Irak, en Bagdad, y a los almacenes del hombre que dirigia su laboratorio.
Dos anos despues, en 1938, ese hombre - un investigador austriaco llamado Wilhelm Konig - daba vueltas a una de las vasijas entre las manos. Era pequena y sin gracia: unos trece centimetros de ceramica palida y sin vidriar, cuya boca estrecha estuvo cerrada alguna vez con un tapon de betun negro. Dentro habia un cilindro de cobre enrollado y, dentro de este, una varilla de hierro muy comida por la corrosion. Todo el conjunto se sostenia con el mismo betun que sellaba la boca.
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