UN CASO REAL
Documentado

Eternal Flame Falls: el fuego que no debería arder

2026-06-26 · · Naturaleza inexplicable · 8 min de lectura

El sendero empieza en un bosque anodino. Un poco al sur de Búfalo, en el estado de Nueva York, un camino desciende entre las cicutas del parque Chestnut Ridge, pasa junto a los helechos y la roca negra y húmeda, y sigue el arroyo Shale Creek cuesta abajo hacia una cascada baja, en una reserva que toma prestado el nombre del arroyo. No es una cascada grandiosa. Apenas nueve metros de alto, una modesta lámina de agua que se pliega sobre un saliente de lutita oscura, la clase de lugar por el que un excursionista pasaría sin una segunda mirada. Salvo por una cosa. Acérquese, agáchese al pie y asómese a la gruta poco profunda que el agua ha excavado en la roca tras la cortina que cae, y encontrará algo que no tiene por qué estar allí: una pequeña llama dorada, de la altura de una mano más o menos, ardiendo con firmeza dentro de la cascada.

La bruma se posa en la piedra alrededor. Las salpicaduras resbalan por la roca y gotean desde el saliente de arriba. La llama se inclina en la corriente de aire, se recobra y sigue ardiendo en lo que quizá sea el lugar menos hospitalario de la tierra para un fuego que quiera perdurar: mojado, frío, empapado, amurallado por todos lados por el agua que cae. La gente viene a mirarla desde hace generaciones. La llaman la Llama Eterna, y las postales la llaman uno de los más bellos manantiales ardientes del mundo.

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