Lizzie Borden y los asesinatos de Fall River: dos cuerpos, una mañana y ninguna respuesta
La mañana del jueves 4 de agosto de 1892, Abby Borden subió al piso de arriba a hacer una cama.
Tenía 64 años. Llevaba 27 años casada con Andrew Borden. La cama estaba en el cuarto de invitados, porque un pariente se había quedado a dormir la noche anterior.
Abby no volvió a bajar.
Una hora y media después, más o menos, volvió a casa su marido, Andrew, de su paseo matinal al banco y a la oficina de correos. Tenía 69 años. Se tumbó a descansar en el sofá de la sala.
A las 11:10 de esa misma mañana, los dos estaban muertos.
La casa estaba en el número 92 de Second Street, en Fall River, una ciudad de fábricas textiles en el estado de Massachusetts, en el noreste de Estados Unidos, a unos 80 km al sur de Boston. Era una casa de madera estrecha, de 2 plantas, pegada a la calle y pegada a los vecinos.
Este es el caso de Lizzie Borden. En una frase: 2 personas murieron a hachazos en una casa pequeña a plena luz del día, con otras personas dentro o muy cerca; la hija de la familia fue acusada y absuelta; y nadie más fue acusado jamás. Más de 130 años después, todavía no se sabe con certeza quién los mató.
Quién vivía en la casa
Andrew Borden era uno de los hombres más ricos de Fall River. Tenía propiedades, formaba parte de los consejos de bancos y fábricas, y su fortuna rondaba los 300.000 dólares, una suma enorme para la época.
También tenía fama de tacaño. En la planta de arriba no había agua corriente, aunque podía haberse permitido sin esfuerzo una casa elegante en la colina, donde vivían las familias ricas de la ciudad.
Tenía 2 hijas de su primer matrimonio. Su madre murió en 1863. Emma, la mayor, tenía 41 años en 1892. Lizzie, la menor, tenía 32. Ninguna estaba casada. Las 2 seguían viviendo en casa.
Abby era su madrastra. Andrew se casó con ella en 1865, cuando Lizzie era una niña pequeña.
En la casa vivía también una criada, una joven de 25 años llegada de Irlanda. Dormía en un cuartito del tercer piso, bajo el tejado.
En el juicio, la criada contó que las 2 hermanas casi nunca comían con su padre y su madrastra. Dentro de la casa, algunas puertas entre las habitaciones se mantenían siempre cerradas con llave.
También había una disputa por dinero. Unos años antes, Andrew había comprado una casa para la hermana de Abby. Las hijas se enfadaron. Para compensarlas, él les dio también una casa a ellas. Desde entonces Lizzie dejó de llamar a Abby "madre" y empezó a llamarla "la señora Borden".
La semana anterior
El final de julio y el comienzo de agosto de 1892 fueron muy calurosos.
Emma estaba de visita en casa de unos amigos, en un pueblo a unos 25 km. Lizzie también se había ido una temporada y había vuelto.
En los primeros días de agosto, Andrew, Abby y la criada enfermaron con vómitos violentos. Lizzie dijo después que ella también se había sentido mal. Abby se asustó. Cruzó la calle para ver al médico de la familia y le dijo que creía que los habían envenenado. El médico pensó que era comida en mal estado, seguramente carne que había pasado demasiado tiempo al calor.
Según un farmacéutico de la ciudad, el día antes de los asesinatos entró en su tienda una mujer que él identificó como Lizzie. Quería comprar ácido prúsico, un veneno mortal. Dijo que era para limpiar una capa de piel. Él se negó a vendérselo sin receta. Lizzie negó que hubiera sido ella.
Ese mismo día llegó de visita el tío de Emma y Lizzie, hermano de su difunta madre. Durmió en el cuarto de invitados.
Jueves, 4 de agosto
Ese día puede reconstruirse casi minuto a minuto gracias a los testimonios que se dieron después en el tribunal.
La familia desayunó temprano. El tío salió de casa hacia las 8:45 para visitar a unos parientes al otro lado de la ciudad. Dijo que volvería para el almuerzo.
Poco después de las 9:00, Andrew salió hacia el centro.
Abby subió a hacer la cama del cuarto de invitados. A la criada la mandaron fuera a lavar las ventanas.
Lizzie bajó a la cocina en algún momento de la mañana. Más tarde dijo que no había comido nada.
Hacia las 10:30, Andrew volvió a casa. La puerta principal estaba cerrada por dentro con 3 cerraduras. La criada fue a abrirle. Le costó con la cerradura y soltó una pequeña maldición.
Entonces oyó una risa en lo alto de la escalera. Según ella, era Lizzie, de pie en el rellano del piso de arriba.
Ese detalle se convirtió en uno de los más importantes de todo el caso. Desde el rellano se veía el interior del cuarto de invitados. El cuerpo de Abby estaba en el suelo de ese cuarto. Si Abby ya estaba muerta en ese momento, sostendría después la acusación, entonces Lizzie estaba a pocos metros de ella.
Lizzie bajó. Le dijo a su padre que Abby había salido. Contó que había llegado una nota pidiéndole que fuera a ver a una amiga enferma.
Andrew se sentó en el sofá de la sala. La criada terminó las ventanas del comedor. Hacia las 10:55, todavía débil por la enfermedad de los días anteriores, subió a su cuarto del tercer piso a echarse un rato.
Hacia las 11:10 oyó a Lizzie llamándola desde el pie de la escalera de atrás:
"¡Baja rápido! ¡Papá está muerto! ¡Alguien ha entrado y lo ha matado!"
Lo que encontró la policía
Andrew Borden estaba tendido en el sofá, vestido, con los pies en el suelo. Había recibido unos 10 u 11 golpes en la cabeza y la cara con una hoja pesada y afilada. Un ojo estaba partido en 2. La sangre todavía estaba fresca. Parecía estar dormido cuando cayó el primer golpe.
Lizzie mandó a la criada a buscar al médico de enfrente. Llegó una vecina. Alguien preguntó dónde estaba Abby.
Lizzie dijo que le parecía haberla oído entrar.
La criada y la vecina subieron. A mitad de la escalera, a la altura del suelo del cuarto de invitados, la vecina vio a Abby boca abajo entre la cama y el tocador.
Abby había recibido 18 o 19 golpes en la parte de atrás de la cabeza. El primero parece haberla alcanzado cuando estaba de frente a quien la mató.
Los médicos notaron algo enseguida. La sangre de Andrew todavía corría. La de Abby estaba oscura y coagulada. Su cuerpo estaba más frío.
Abby había muerto primero. Al menos una hora antes que su marido, quizá más.
Ese hecho es el centro del misterio. Durante una hora o más, el asesino estuvo dentro de la casa, o entró y salió 2 veces, mientras Lizzie, la criada y luego Andrew estaban allí.
¿Dónde estaba Lizzie?
Los primeros policías empezaron a hacer preguntas a los pocos minutos.
Lizzie les contó que, mientras su padre descansaba en el sofá, había salido al granero de detrás de la casa. Dijo que había subido al altillo a buscar trozos de metal para hacer plomos de pesca. Dijo que estuvo allí unos 20 minutos, tal vez media hora. Y que al volver a la casa encontró a su padre muerto.
Esa misma tarde un policía subió al altillo del granero. Más tarde declaró que el suelo estaba cubierto por una capa gruesa de polvo sin tocar. No vio ninguna huella. Para comprobarlo, apretó su propia mano contra el polvo, y la marca quedó clara. En su opinión, nadie había subido allí esa mañana.
Más tarde la defensa presentó testigos que dijeron que varios chicos del barrio habían subido al altillo poco después de los asesinatos, antes de que llegara el policía. Eso puso en duda lo que él había visto.
Los relatos de la propia Lizzie no se mantuvieron iguales. A distintas personas les dijo ese día que había oído un gemido, que no había oído nada, que estaba en el granero, que estaba en el patio, que estaba comiendo peras bajo un árbol.
Varias personas que la vieron en la primera hora notaron algo más. Estaba tranquila. No lloraba. Y no le vieron sangre: ni en el pelo, ni en la cara, ni en las manos, ni en el vestido.
Matar a 2 personas con tantos golpes habría manchado de sangre al asesino casi con toda seguridad.
El registro de la casa
En el sótano, la policía encontró 4 herramientas con hoja: 2 hachas, una hachuela con sacaclavos y la cabeza de una hachuela pequeña a la que le habían roto el mango de madera.
Esa cabeza rota fue lo que más les interesó. La rotura de la madera parecía reciente. La hoja estaba cubierta por una capa de ceniza, como si la hubieran frotado a propósito, y el polvo era distinto del de las otras herramientas.
En la autopsia se extrajeron los estómagos de las 2 víctimas y se enviaron a un profesor de química de la Universidad de Harvard para buscar veneno. No encontró ninguno. También analizó las hachas. No encontró sangre en ellas.
La nota que, según Lizzie, había hecho salir a Abby nunca apareció. Nadie dijo haberla escrito. La amiga enferma nunca fue identificada, aunque los periódicos pidieron a quien la escribió que se presentara.
La policía encontró también en el sótano un cubo con trapos empapados en sangre. Lizzie dijo que era de su menstruación. La policía no lo analizó.
Un médico que vivía cerca contó que esa mañana, al pasar por la calle, había visto a un hombre extraño cerca de la casa. Los periódicos le dieron mucha importancia. Ese hombre nunca fue encontrado.
El tío que había dormido en el cuarto de invitados fue interrogado a fondo. Describió su mañana con detalle y precisión. Una multitud lo abucheó en la calle. Pero su coartada se confirmó. A la hora de los crímenes estaba al otro lado de la ciudad, con sus parientes.
También interrogaron a la criada. No tenía motivo, no tenía sangre encima, y la mayor parte de su mañana se explicaba por el trabajo que hacía fuera.
El vestido quemado
El domingo por la mañana, 3 días después de los asesinatos, una amiga íntima de Lizzie se alojaba en la casa.
La amiga entró en la cocina. Vio a Lizzie junto a la estufa, con un vestido azul claro en las manos. Lizzie dijo que iba a quemarlo porque era viejo y estaba manchado de pintura. Lo rasgó y lo echó al fuego.
La amiga le dijo: "Yo en tu lugar no dejaría que nadie me viera haciendo eso, Lizzie".
Al día siguiente, la amiga se lo contó a la policía.
¿Era el vestido que Lizzie llevaba la mañana de los crímenes? Nunca se demostró. El vestido que Lizzie entregó a la policía como el que había llevado esa mañana no tenía sangre. Algunas personas que la vieron esa mañana dijeron que llevaba un vestido azul claro. Otras lo describieron de otra manera.
La investigación a puerta cerrada y la detención
A los pocos días se celebró una audiencia a puerta cerrada. Lizzie fue interrogada durante 3 días sin su propio abogado. Su médico le estaba dando un sedante para que pudiera dormir.
Sus respuestas fueron confusas. Dio versiones distintas de dónde estaba cuando su padre volvió a casa: leyendo en la cocina, planchando en el comedor, bajando la escalera.
El 11 de agosto de 1892, una semana después de los crímenes, Lizzie Borden fue detenida y acusada del asesinato de su padre. Quedó en prisión.
Unas semanas después, en otra audiencia, el juez dijo que la consideraba "probablemente culpable". El 2 de diciembre de 1892, un gran jurado la acusó formalmente de los 2 asesinatos.
Desde el primer día, el caso dividió al país. Mucha gente sencillamente no podía creer que una mujer respetable, de buena familia y que iba a la iglesia, pudiera hacer algo así.
El juicio
El juicio empezó el 5 de junio de 1893 en New Bedford, una ciudad portuaria a unos 25 km al este de Fall River. Duró unas 2 semanas. Llegaron periodistas de todo Estados Unidos.
En su defensa había un exgobernador de Massachusetts.
Antes de empezar, la defensa ganó 2 batallas importantes. Los jueces decidieron que no se podía usar lo que Lizzie había declarado a puerta cerrada, porque no la habían advertido como era debido ni le habían permitido un abogado. Y decidieron que no se podía escuchar la historia del farmacéutico sobre el veneno, porque estaba demasiado lejos de la forma en que murieron realmente las víctimas.
La acusación se apoyó en 3 puntos. Primero: Lizzie tenía razones para querer su muerte, una herencia y el odio a su madrastra. Segundo: tuvo la oportunidad, porque estaba en la casa. Tercero: después quemó un vestido.
Pero la acusación no tenía ningún testigo de los crímenes. No había sangre en Lizzie. No había prueba de que la hachuela rota fuera el arma. Ni siquiera los policías se ponían de acuerdo. Uno dijo que el mango roto se encontró junto a la cabeza. Otro dijo que no.
Llevaron a la sala los cráneos de Andrew y Abby para mostrar cómo las heridas coincidían con la hoja. Cuando los mostraron, Lizzie se desmayó.
La criada declaró durante horas. Su relato de la risa en la escalera no cambió.
Después declaró para la defensa un vendedor ambulante de helados. Dijo que, más o menos a la hora del asesinato de Andrew, pasó con su carro por delante de la casa y vio a una mujer que caminaba del granero hacia la casa. Eso respaldaba lo que Lizzie decía del granero.
Pocos días antes de que empezara el juicio, otro crimen conmocionó Fall River. Una mujer joven murió a hachazos en una granja de la ciudad. Los periódicos lo compararon de inmediato con el caso Borden. Más tarde un peón fue condenado por ese crimen. Se demostró que no estaba en la zona en agosto de 1892, así que no pudo matar a los Borden.
El veredicto
Al final del juicio, el juez dio sus instrucciones al jurado. Habló largo rato de la debilidad de las pruebas circunstanciales. Les recordó que su comportamiento tranquilo no era prueba de culpa. A muchos observadores les pareció que sus palabras se inclinaban abiertamente hacia la defensa.
Los 12 miembros del jurado, todos hombres, se retiraron a deliberar el 20 de junio de 1893. Los periódicos de la época dijeron que se pusieron de acuerdo en la primera votación, en unos 40 minutos. Relatos posteriores hablan de una hora y media.
No culpable.
Lizzie Borden salió del tribunal como una mujer libre. La ley dijo que era inocente, y la ley nunca ha dicho otra cosa.
Dónde está hoy el caso
Nadie más fue acusado jamás de la muerte de Andrew y Abby Borden. El caso nunca se reabrió.
**Aquí termina lo documentado: 2 asesinatos, 1 persona juzgada y absuelta, y ninguna prueba contra nadie más.**
Varias cosas que quizá habrían dado la respuesta nunca se encontraron o nunca se analizaron. El arma real nunca se demostró. Los trapos del cubo no se analizaron. La policía nunca vio el vestido quemado. La nota para Abby nunca apareció, ni quien la escribió. Los métodos modernos, como el análisis de restos de sangre o de ADN, no existían en 1892.
Tras el juicio, Lizzie y Emma heredaron la fortuna de su padre. Compraron una casa grande en la colina, la zona de Fall River donde vivían las familias ricas. Lizzie empezó a llamarse Lizbeth.
La ciudad nunca la aceptó. Mucha gente cruzaba la calle al verla. En 1905, tras una discusión, Emma se marchó, y las 2 hermanas no volvieron a verse.
Lizzie Borden murió el 1 de junio de 1927, a los 66 años. Emma murió 9 días después. Las 2 fueron enterradas en la parcela familiar, junto a su padre y su madrastra.
La casa del número 92 de Second Street sigue en pie. Hoy es museo y casa de huéspedes.
Las teorías
Todas las personas mencionadas alguna vez en este caso llevan muertas muchas décadas. Estas son teorías de escritores e investigadores, no conclusiones de ningún tribunal.
**Lo hizo Lizzie, como dijo la acusación.** A favor: estuvo en la casa todo el tiempo, sus versiones cambiaron y quemó un vestido. El problema: nunca se le encontró sangre, y un jurado la absolvió.
**Lo hizo Lizzie en una especie de trance, sin ser consciente.** Lo propuso en un libro de 1967 una escritora que se crió en Fall River. El problema: no hay ningún registro médico que lo respalde.
**La criada estuvo implicada o ayudó a ocultar pruebas.** Lo propuso un novelista policíaco en los años 80 y 90. El problema: no tenía motivo, y la historia de una confesión tardía nunca se ha confirmado.
**Un extraño entró y se escondió en la casa.** El problema: habría tenido que esperar al menos una hora entre los 2 crímenes, dentro de una casa pequeña, sin que nadie lo viera ni lo oyera.
La casa tiene ahora 130 años más. La pregunta sigue siendo la misma que tuvo delante el jurado: si no fue Lizzie Borden, ¿quién fue?