UN CASO REAL
Resuelto

La familia de la casa de Edgemoor: treinta y un anos, y el asesino envio la respuesta el mismo

2026-09-07 · · Los crímenes más graves, resueltos · 11 min de lectura

Julie Otero llevo a sus hijos al colegio la manana del 15 de enero de 1974, igual que cualquier otra manana.

Tenia treinta y tres anos. Su marido Joseph tenia treinta y ocho, un militar retirado de las Fuerzas Aereas que habia trasladado a la familia a Wichita desde Panama unos meses antes y trabajaba como instructor de vuelo. Habia cinco hijos. Aquella manana los tres mayores fueron al colegio y los dos pequenos se quedaron en casa: Joey, de nueve anos, y Josephine, de once, a quien llamaban Josie.

Hacia las cuatro menos cuarto de la tarde, los hijos mayores volvieron a casa. La casa de North Edgemoor Street estaba en silencio. Su padre estaba en el suelo del dormitorio. Su madre, sobre la cama. Joey estaba en su habitacion. Josie estaba en el sotano.

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Al perro de la familia lo habian sacado fuera. La linea telefonica estaba cortada. No se habian llevado nada de valor.

Lo que ninguno de ellos podia saber, y que solo se estableceria treinta y un anos despues por boca del propio asesino, es que el responsable los habia elegido dos meses antes. Habia observado a Julie llevando a los ninos al colegio. Habia escogido la casa, aprendido la rutina, y esperado a una manana en que la proporcion de adultos y ninos dentro le conviniera.

Un nombre que se dio a si mismo

La policia de Wichita no tenia huellas utilizables, ni un testigo que hubiera visto una cara, ni un movil evidente. No habia habido robo. No existia conexion alguna entre los Otero y nadie conocido por la policia.

En octubre de aquel ano, alguien telefoneo y dirigio a un empleado de un periodico hacia un libro de ingenieria concreto en la biblioteca publica de Wichita. Dentro habia una carta. Describia la escena de los Otero con detalles que nunca se habian hecho publicos - eso era lo que la hacia creible - y se quejaba de que la policia buscaba en la direccion equivocada. Cerca del final, el autor se propuso un nombre a si mismo, basado en lo que dijo que era su metodo: atarlos, torturarlos, matarlos.

BTK.

Volvio a escribir en 1978, tras dos asesinatos mas, y se quejo de no recibir la atencion que merecia. Pregunto a cuanta gente tenia que matar antes de conseguir un nombre en los periodicos.

Aquella carta decia a los investigadores algo a lo que deberian haber dado mas peso. Era un hombre para quien ser conocido formaba parte del asunto. Y fue, al final, lo unico de el que pudo aprovecharse.

Lo que tenian en comun las escenas

Cuando empezaron las cartas, los inspectores ya distinguian un metodo, y el metodo era lo mas util que tenian.

No entraba por la fuerza. Entraba por una puerta o una ventana que ya habia inspeccionado, a menudo tras cortar antes la linea telefonica, de modo que la casa quedaba aislada del exterior antes de que nadie dentro supiera que habia motivo para llamar. Traia consigo sus propios materiales - cuerda, cinta, bolsas - lo que significaba que cada visita habia sido planeada de antemano y no improvisada. Controlaba a sus victimas hablandoles, diciendoles que solo queria un coche o dinero, manteniendolas colaboradoras mientras eso le sirviera.

Y despues se llevaba objetos pequenos. No cosas de valor. Objetos personales: un carne de conducir, una joya sin ningun valor, fotografias. Los investigadores entendieron que los guardaba, lo que significaba que en algun lugar de Wichita habia una caja con ellos en una casa que nadie habia registrado.

Lo otro que compartian las escenas era una disciplina de plena luz. Varios de los ataques ocurrieron a media tarde, en calles residenciales corrientes, en casas con vecinos a ambos lados. Un hombre que hace eso o asume riesgos enormes o tiene una razon para que lo vean en una calle en mitad de una jornada laboral sin que nadie se lo plantee.

Esa segunda posibilidad estuvo en el expediente todo el tiempo. Nadie construyo una investigacion sobre ella.

Los anos de nada

Despues los asesinatos parecieron detenerse, y el expediente se enfrio del modo mas completo en que un expediente puede enfriarse.

El problema no fue la falta de esfuerzo. A mediados de los ochenta se formo una unidad dedicada, conocida dentro del departamento como los Cazafantasmas, y trabajo el caso unos tres anos con todo lo que existia entonces: analisis de ADN tempranos, busquedas en bases de datos informatizadas, perfiles psicologicos de la unidad de conducta del FBI. Elaboraron listas de hombres que encajaban en el perfil. Persiguieron pistas. No encontraron nada, y la unidad se disolvio.

Leidas juntas, las razones dibujan la forma de la trampa.

No habia pruebas fisicas que apuntaran a ningun sitio. Habia huellas en algunas escenas, pero no coincidian con nadie fichado, y el hombre nunca habia sido detenido por nada, de modo que sus huellas no estaban fichadas ni lo estarian nunca.

No habia testigos oculares. Nadie que lo viera sobrevivio.

Y su ritmo rompia el modelo. A los delincuentes en serie se los perfila en parte por la frecuencia, y en los setenta y los ochenta se daba por supuesto que un hombre asi mata a menudo y escala hasta que lo atrapan o lo detienen. Este dejaba pasar anos entre crimenes. Mato en 1974, y de nuevo en 1977, y otra vez en 1985, 1986 y 1991. Los intervalos eran lo bastante largos como para que los investigadores concluyeran una y otra vez que debia de estar muerto, preso por otra cosa o mudado. Las tres suposiciones eran falsas. Estuvo en su casa de Wichita todo el tiempo.

Tenia mujer y dos hijos. Trabajaba instalando alarmas domesticas, oficio que lo metia legitimamente dentro de casas ajenas y le ensenaba como fallaban sus cerraduras. Mas tarde fue inspector municipal: el hombre que mide la altura de tu cesped y te multa si tu perro anda suelto. Los vecinos lo tenian por quisquilloso y desagradable. Era presidente del consejo de su iglesia luterana y jefe de scouts.

Era, en otras palabras, exactamente el tipo de hombre al que nadie mira.

La carta que puso el reloj en marcha

En marzo de 2004, el Wichita Eagle recibio un sobre con fotocopias de fotografias tomadas en una escena de asesinato de 1986, junto con una copia del carne de conducir de la victima.

El caso llevaba trece anos frio. Tras veinticinco anos de silencio, BTK habia vuelto a escribir.

Nadie sabe con certeza por que. Tenia cincuenta y nueve anos, y un periodista local habia publicado poco antes un articulo por el trigesimo aniversario de los asesinatos de los Otero que describia el caso como sin resolver y, por implicacion, al asesino como olvidado. Es razonable inferir que aquello escocio. No esta demostrado, y conviene decirlo.

Lo que siguio durante once meses fue una correspondencia: paquetes dejados en parques, pegados a senales, tirados en el aparcamiento de una ferreteria, dirigidos a periodicos y cadenas de television. Contenian trofeos de los crimenes, acertijos, dibujos, capitulos de una autobiografia escrita en tercera persona.

El teniente Ken Landwehr, que dirigia la investigacion, tomo la decision que resolvio el caso. En lugar de tratar las cartas como burlas que hay que soportar, trato al autor como a un hombre con una necesidad, y se propuso satisfacerla. Dio ruedas de prensa dirigidas, en la practica, a un solo espectador. Uso el nombre BTK con respeto. Respondio a las preguntas que planteaban las cartas. Construyo deliberadamente la apariencia de un dialogo entre iguales.

Hay que decir claramente que aquello fue una apuesta y que fue criticada en su momento. Cada paquete era el mensaje de un hombre describiendo lo que habia hecho a personas cuyas familias seguian en esa ciudad, y la policia salia en television siendo cortes con el. Hubo agentes que lo consideraron grotesco. Hubo familiares a quienes les resulto insoportable verlo.

El calculo de Landwehr era que la alternativa era peor. Veinticinco anos de trabajo policial correcto y distante no habian producido absolutamente nada. El hombre habia vuelto por su cuenta, y la unica pregunta que importaba era si podia mantenerselo hablando el tiempo suficiente para que cometiera un error. El silencio de la policia habria terminado la correspondencia, y la correspondencia era el caso entero.

Habia un segundo riesgo, y mas grave. Un hombre en ese estado, recibiendo tanta atencion, podia no conformarse con cartas. Los investigadores sabian que implicarse con el podia escalarlo. Siguieron adelante igualmente, y tuvieron la suerte de que nadie muriera mientras lo hacian.

En uno de sus paquetes, el autor pregunto si un disquete podia rastrearse hasta el. Queria una garantia.

Landwehr salio en television y se la dio. Dijo que no podia rastrearse.

Aquella afirmacion era falsa.

Dieciseis dias

El 16 de febrero de 2005 llego a la cadena de television KSAS un sobre acolchado. Dentro habia un disquete morado.

Los peritos abrieron el documento borrado que contenia y leyeron los metadatos del archivo: el registro invisible que un procesador de textos guarda sobre quien creo un documento y donde. Habia dos cosas. El documento habia sido modificado por ultima vez por un usuario llamado Dennis. Y se habia guardado en un ordenador registrado a nombre de la Iglesia Luterana de Cristo.

Un investigador busco en la web de la iglesia. El presidente de su consejo de congregacion se llamaba Dennis Rader.

Aun hacia falta prueba. Un juez concedio una orden para una muestra de tejido que su hija habia dejado anos antes en una clinica universitaria. Su ADN se comparo con el recuperado en las escenas del crimen. No coincidia con ella: era una coincidencia familiar, el perfil de un pariente cercano. Un padre.

Dennis Rader fue detenido el 25 de febrero de 2005, nueve dias despues de enviar el disquete, mientras conducia cerca de su casa. Tenia sesenta anos.

La ciudad supo quien era por la television, igual que todos los demas. Personas que llevaban anos sentadas en los bancos detras de el, cuyos hijos habia llevado de acampada, cuyo cesped habia medido, vieron aparecer el nombre en la pantalla. Varios de los hijos Otero supervivientes eran ya adultos con hijos propios; habian esperado treinta y un anos a que se lo dijeran, y se enteraron por un informativo.

Confeso exhaustivamente, en un monologo ante el tribunal que duro casi toda una jornada, y describio cada uno de los diez asesinatos con una voz administrativa y plana que perturbo a cuantos la oyeron. Corrigio al fiscal en las fechas. Uso la palabra "proyectos" para referirse a los asesinatos y por momentos parecio disfrutar de la precision de su propio relato. En agosto de 2005 fue condenado a diez cadenas perpetuas consecutivas. En Kansas no estaba en vigor la pena de muerte para delitos cometidos en aquellos anos.

Conclusiones y preguntas abiertas

El caso suele contarse como una historia sobre tecnologia: los metadatos de un disquete cuya existencia un hombre desconocia. Esa lectura es cierta e incompleta.

El disquete importo porque el lo envio, y lo envio porque un inspector paso once meses convenciendolo de que era seguro. El trabajo de investigacion no fue forense. Fue la decision de dejar de tratar la vanidad de un asesino como un insulto y empezar a tratarla como la unica debilidad que tenia. Esa decision es la razon de que haya una condena, y no es una tecnica reducible a un procedimiento.

**Por que nadie lo miro?** Es la pregunta mas dura que deja el caso. Vivio en Wichita los treinta y un anos enteros. Habia estado dentro de casas profesionalmente como instalador de alarmas, precisamente el oficio que un investigador competente pensaria en comprobar. Tenia un historial documentado de crueldad con animales de joven. Recorria las calles de la ciudad de uniforme y con un portapapeles. Y escribia cartas llenas de detalle local concreto. Y sin embargo el perfil que elaboro el FBI apuntaba a un solitario, y Rader era un padre casado, un cargo de su iglesia, un jefe de scouts. No dejaba de encajar en el perfil en todo, pero encajaba lo bastante mal en lo mas visible para un vecino como para permanecer invisible.

**Lo habrian atrapado si hubiera callado?** Casi con seguridad no. Su ADN no estaba en ninguna base de datos ni lo habria estado: nunca fue detenido. No habia testigos. Las pruebas estuvieron en cajas un cuarto de siglo sin producir un solo sospechoso viable. La conclusion honesta es que la policia no lo encontro. El salio hacia ellos, a lo largo de once meses, e incluso entonces hizo falta un detalle tecnico concreto que el no entendia para salvar la distancia.

**Y por que despues de veinticinco anos?** Ha dado respuestas, y conviene tomarlas con cautela, porque es un hombre que ha pasado la vida construyendo una version de si mismo para un publico. Ha dicho que queria reconocimiento. Ha dicho que se aburria. Los investigadores que trataron con el creen que no soportaba ser olvidado mientras seguia vivo para notarlo. Es plausible e indemostrable, y pertenece a la categoria de cosas que entendemos de el solo a traves de lo que el eligio contarnos.

Lo que no esta en duda es la aritmetica. Murieron diez personas. Pasaron treinta y un anos. Y lo que puso fin a aquello no fue una huella, ni un testigo, ni una base de datos: fue que el hombre no soportaba que la historia terminara mientras el seguia dentro de ella.

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