El envenenamiento de Charles Bravo: 3 días de agonía y ni una palabra sobre quién lo hizo
La tarde del martes 18 de abril de 1876, Charles Bravo llegó a casa conmocionado.
Tenía 30 años y era barrister en Londres, Inglaterra: un abogado que defiende casos ante los tribunales. Ese día, al volver del trabajo en la ciudad, el caballo que montaba se desbocó. Logró dominarlo, pero llegó a casa pálido y rígido, entre las 6 y las 7 de la tarde. Se metió directamente en un largo baño caliente.
Su casa era una gran mansión llamada el Priory, en Balham. Balham era entonces un barrio tranquilo y rico en el extremo sur de Londres, junto a un amplio prado abierto.
Llevaba 4 meses casado.
Su esposa, Florence, no se encontraba bien. Pocos días antes había perdido un embarazo. Era la segunda vez desde la boda.
Esa mañana la pareja había discutido en el carruaje. En un momento Florence ordenó al cochero dar la vuelta y volver a casa. Su marido la convenció de seguir.
Después del baño se sentaron a cenar: Charles, Florence y la dama de compañía de Florence, una viuda a sueldo que además llevaba la casa.
La cocinera sirvió, entre otros platos, cordero asado y huevos escalfados sobre pan tostado. Charles bebió 3 o 4 copas de borgoña, un vino tinto. Las dos mujeres no lo probaron.
Durante la cena llegó una carta de su padrastro con el informe de un agente de bolsa. Mostraba pérdidas en el mercado. Según una fuente, aquello lo enfureció.
Después de cenar estuvieron unos 30 minutos en la sala de día. Florence seguía débil, y Charles le dijo que subiera a acostarse. La dama de compañía subió con ella.
Charles se quedó solo abajo hasta cerca de las 21:15.
Los últimos minutos
En la escalera se cruzó con una joven criada. Llevaba una copa de vino a Florence.
Más tarde contó a la policía que lo vio pálido. La miró 2 veces y no dijo nada.
Entró en el dormitorio de su esposa. En francés, para que la criada no entendiera, le reprochó que bebiera vino todo el día. Ella no contestó. Él se fue a su propio cuarto.
Desde la enfermedad de Florence, el matrimonio dormía por separado. Esa noche la dama de compañía durmió en el cuarto de Florence.
En su dormitorio, según contó él mismo después, Charles se frotó las encías con un poco de láudano. El láudano era un remedio común en aquella época: opio disuelto en alcohol. Lo usaba contra el dolor de mandíbula.
Después bebió agua de la jarra que tenía junto a la cama.
A los pocos minutos estaba en la puerta, gritando que le trajeran agua caliente.
La noche de los médicos
La criada lo oyó y corrió a buscar a la dama de compañía.
Charles vomitaba. Vomitó por la ventana sobre el tejado de abajo y luego en una palangana. La dama de compañía mandó llevarse la palangana y lavarla.
Mezcló mostaza con agua y se la dio a beber, para que vomitara más. Le metió los pies y las manos en agua caliente con mostaza. Luego envió a un criado a buscar al médico de Florence, que vivía en un barrio vecino.
Florence se despertó. Cuando comprendió lo grave que estaba su marido, mandó llamar también al médico más cercano, del propio Balham.
Ese médico llegó hacia las 22:30. Charles ya estaba inconsciente. El médico de Florence llegó poco después.
Los dos sospecharon de un veneno desde el principio. A petición suya, Florence mandó buscar al centro de Londres a un pariente de Charles, cirujano en Harley Street, la calle de los grandes médicos de la ciudad. Llegó a las 02:30 de la madrugada, junto con otro médico de prestigio.
Fue entonces cuando la dama de compañía dijo a los médicos algo nuevo. Contó que, cuando llegó junto a él, Charles le había dicho: "He tomado veneno. No se lo diga a Florence".
3 días
Unas 2 horas después de que los médicos empezaran a tratarlo, Charles despertó.
Durante los 2 días siguientes permaneció consciente y casi siempre lúcido.
Los médicos le preguntaron una y otra vez qué había tomado. Siempre dio la misma respuesta: solo el láudano, frotado en las encías. El láudano no podía explicar lo que estaban viendo.
Sufría dolores terribles. El miércoles 19 de abril dictó testamento a su pariente, el cirujano. Lo dejó todo a su esposa. También le pidió que fuera buena con una niña pequeña que él había tenido antes del matrimonio.
La tarde del jueves 20 de abril llegó a la casa el médico más famoso de Inglaterra: uno de los médicos personales de la reina. Pasó 2 horas junto a la cama.
Le dijo a Charles con claridad que se estaba muriendo y que debía decir qué había tomado. Charles respondió lo mismo: láudano, y nada más.
Más tarde, el médico real dio su impresión bajo juramento. El hombre de la cama, dijo, no se comportaba como alguien que creyera que lo estaban asesinando.
Florence propuso llamar a un sacerdote. Charles se negó. Su familia rezó el padrenuestro junto a su cama.
Charles Bravo murió a las 5:30 de la mañana del viernes 21 de abril de 1876. Había sufrido unas 54 horas.
En todo ese tiempo nunca dijo cómo le había llegado el veneno.
Lo que mostró el cuerpo
Un médico hizo la autopsia. Un profesor de química analizó el estómago y el vómito recogido del tejado.
El resultado fue claro. Charles había ingerido entre 1,3 y 2,6 gramos de antimonio, en forma de una sal llamada tártaro emético. Un semanario londinense publicó entonces que la dosis hallada bastaba para matar a 10 personas.
El tártaro emético era un polvo blanco que se disuelve en agua y casi no tiene sabor. Los médicos lo daban en cantidades mínimas para provocar el vómito. Los mozos de cuadra lo usaban con los caballos.
Según una fuente, en la casa no se guardaba antimonio en ninguna parte.
La mayoría de los estudios del caso concluyen que el veneno estaba en el agua que bebió en su cuarto.
**Este es el punto sobre el que gira todo el caso: una gran dosis de veneno llegó al agua junto a su cama, y a partir de aquí nadie ha podido demostrar quién la puso, ni si lo hizo él mismo.**
Quién vivía en la casa
Para entender las sospechas hay que conocer a la gente del Priory.
Florence venía de una familia muy rica. Su padre había hecho fortuna en Australia.
A los 19 años se casó con un joven oficial del ejército. Bebía mucho y la golpeaba. Ella lo dejó, y en 1871 él murió en un hotel de Alemania. Ella heredó de él una gran fortuna.
Después empezó una relación amorosa con un médico famoso. Dirigía una clínica de cura por agua muy de moda y tenía casi 40 años más que ella. Estaba casado, aunque llevaba décadas separado de su mujer. La relación fue un escándalo, y la propia familia de Florence rompió con ella por eso.
La relación terminó cuando ella aceptó casarse con Charles, en diciembre de 1875. Pero el viejo médico seguía viviendo cerca.
Una ley de 1870 permitía a la mujer casada conservar su dinero. Florence conservó el suyo. Para Charles, un abogado con deudas e ingresos modestos, aquello era motivo constante de enfado. La presionaba para reducir gastos: menos criados, menos caballos.
Una de las personas que quería recortar era la dama de compañía. Era viuda con 3 hijos pequeños y vivía del dinero que le pagaba Florence. En las semanas anteriores a su muerte, Charles se había preguntado en voz alta si podían seguir pagándola.
Y había una persona más: el cochero. Poco después de la boda, Charles lo despidió, según una fuente por conducir sin cuidado. El cochero usaba tártaro emético en su trabajo, con los caballos. En diciembre de 1875, en un pub de Londres, lo oyeron decir de su nuevo amo que no viviría 4 meses.
Charles murió 4 meses después.
Las primeras horas se perdieron
Ahora, la investigación. Empezó mal, y mucho de lo que podía haber dado la respuesta desapareció antes de que nadie lo buscara.
La palangana donde vomitó se lavó esa misma noche. El vaso junto a la cama se vació. Las botellas de vino de la última cena se lavaron.
Un detective veterano de Scotland Yard, la sede de la policía de Londres, se hizo cargo. Registró la casa. No encontró antimonio en ninguna parte. Encontró láudano y encontró cloroformo, otro remedio que Charles usaba contra el dolor de la cara.
Reunió 13 botellas de vino vacías. Otras 4 ya se habían devuelto al vinatero.
Según una fuente, la policía no interrogó a Florence ni a su dama de compañía hasta 8 días después de la muerte.
El detective pasó semanas interrogando a la casa y a todo su entorno. Reconstruyó la noche minuto a minuto. Al final escribió que no se había encontrado nada que mostrara de qué modo había hallado la muerte el difunto.
La primera investigación judicial
En Inglaterra, una muerte súbita e inexplicada iba a una investigación judicial ante un juez de instrucción forense y un jurado, que decidían cómo había muerto la persona.
La primera se abrió el 25 de abril de 1876, 4 días después de la muerte. Se celebró en el propio Priory, en el comedor, a petición de Florence. Al jurado se le sirvió un refrigerio.
A Florence no la llamaron a declarar.
El jurado aceptó que Charles había sido envenenado, pero no pudo decir cómo. La mayoría de las fuentes lo llaman un veredicto abierto. Una fuente habla de un veredicto de muerte accidental.
El caso podía haber terminado ahí. No terminó.
Crece la presión
La familia de Charles no aceptó que se hubiera suicidado. Su padrastro y sus amigos insistían en que no era ese tipo de hombre.
Uno de los médicos que habían estado junto a su cama habló con la prensa. En su opinión, dijo, Charles no había tomado veneno a sabiendas.
Los periódicos se lanzaron sobre la historia. Cada semana traía nuevos rumores sobre la joven viuda rica, su dama de compañía y el viejo médico.
El 2 de junio, las dos mujeres entregaron nuevas declaraciones escritas a sus abogados. En la suya, la dama de compañía cambió su versión. Ahora decía que Charles le había contado que había tomado el veneno "por" el viejo médico, es decir, por la relación de Florence con él.
Una tragedia familiar silenciosa se convirtió en un escándalo nacional.
El principal jurista del gobierno, el fiscal general, acudió al Tribunal Superior. El 19 de junio el tribunal anuló la primera investigación y ordenó una nueva.
La segunda investigación
La segunda investigación se abrió el 11 de julio de 1876. Esta vez el Priory no bastaba. Se celebró en la sala de billar del hotel Bedford, un gran pub de Balham.
Duró hasta el 11 de agosto, un mes entero. Las fuentes difieren sobre cuántos días hubo sesión; la mayoría dice 23. Declararon más de 40 testigos.
A la dama de compañía la interrogaron durante 5 días. Su relato cambiaba sin cesar. En un momento dijo que Charles había confesado haber tomado el veneno él mismo. Después dijo que él lo había negado.
Cuando llegó el turno de Florence, se hizo salir de la sala a las mujeres y los niños.
Un abogado de la familia Bravo la interrogó a fondo sobre su relación con el viejo médico. Ella la admitió. Rompió a llorar 3 veces y pidió al juez que la protegiera de las preguntas.
Dijo que no creía que su marido se hubiera quitado la vida. También admitió que, al final, ya no lo amaba.
El viejo médico también declaró. No negó la relación. Negó tener nada que ver con el veneno.
También llamaron al cochero despedido. Preguntado por su predicción en el pub, dijo que se basaba en el rumor de que a Charles lo había mordido un perro.
Los periódicos publicaban cada palabra. Uno de los principales llamó a Florence adúltera y borracha.
Lo que decidió el jurado
El viernes 11 de agosto de 1876, el jurado dio su veredicto.
Charles Bravo no se había suicidado. No había muerto por accidente. Había sido asesinado deliberadamente, con tártaro emético.
Pero, dijo el jurado, no había pruebas suficientes para atribuir la culpa a ninguna persona.
Nadie fue detenido. Nadie fue acusado. Ante la ley, todas las personas relacionadas con el caso murieron inocentes.
Dónde está el caso
El caso nunca se resolvió, y ya no se resolverá en un tribunal. Todos los implicados llevan más de 100 años muertos.
Las razones estaban claras ya entonces. La palangana, el vaso y las botellas se lavaron antes de que llegara la policía. Nadie descubrió de dónde salió el veneno ni vio a nadie comprarlo. Las únicas palabras de Charles sobre ello, "He tomado veneno", nos llegan a través de una sola testigo, la dama de compañía, que cambió su versión más de una vez.
Y la propia víctima, consciente durante 2 días e interrogada por 6 médicos, nunca lo explicó.
Lo que pasó después con la gente de la casa sí se sabe.
Florence vendió los muebles en subasta y dejó el Priory. En abril de 1877 se mudó a Southsea, una ciudad costera del sur de Inglaterra, con el apellido de nacimiento de su marido, Turner. Bebía mucho, y murió allí en septiembre de 1878, a los 33 años. Las fuentes dan como fecha el 17 o el 24 de septiembre.
El viejo médico perdió su posición en la sociedad y en la medicina. Murió en 1883.
La dama de compañía volvió a Jamaica, donde su familia tenía propiedades, y más tarde regresó a Inglaterra. Murió en 1913.
Los sospechosos y las teorías
Son teorías tomadas del registro documentado. Ninguna se demostró. Ninguna de estas personas fue acusada nunca de nada, y todas ellas gozan de la presunción de inocencia.
**Lo hizo Florence.** Tenía un móvil: un marido duro con ella, que quería controlar su dinero y con quien había perdido 2 embarazos en 4 meses. Un autor británico lo sostuvo en un libro de 2001, "Death at the Priory" ("Muerte en el Priory"), y sugirió que temía otro embarazo. El problema: nada la vinculó nunca con el veneno, y la jarra estaba en el cuarto de él, no en el de ella.
**Lo hizo la dama de compañía.** Estaba a punto de perder su hogar y sus ingresos. Se movía libremente por la casa. Mandó lavar la palangana, y su relato cambió de maneras que desviaban la sospecha hacia Florence. El problema: nadie le encontró antimonio. Lo que hay contra ella es su conducta, no pruebas.
**Lo hizo el viejo médico.** Seguía enamorado de Florence y, como médico, conocía los venenos. Según una fuente, la novelista Agatha Christie sospechaba de él. El problema: esa noche no estaba en la casa. Y difícilmente un médico elegiría un veneno tan fácil de detectar.
**Lo hizo el cochero despedido.** Tenía rencor, usaba tártaro emético con los caballos y predijo la muerte. El problema: nada lo situaba en la casa, y la policía abandonó pronto esa idea.
**Charles se suicidó.** La policía y el primer juez forense se inclinaron al principio por esta idea. El problema: no mostró ninguna señal de querer morir, y quien quiere morir no elige un veneno tan lento y doloroso.
**Fue un accidente.** Una versión, planteada en la serie de docudrama de la BBC "A Most Mysterious Murder" ("Un asesinato misteriosísimo"), sostiene que los frascos de láudano y de antimonio podían parecerse. Una versión más oscura, planteada por algunos investigadores posteriores: el propio Charles daba en secreto a Florence pequeñas dosis de tártaro emético, y esa noche se tragó por error una dosis grande, o la tomó creyendo que era un remedio inofensivo para vomitar. El problema: no hay ninguna prueba directa de que comprara nunca el veneno ni se lo diera a nadie.
150 años después, la pregunta es la misma que tuvo delante el jurado en 1876. El veneno estaba en el agua junto a su cama. Nadie ha demostrado nunca quién lo puso allí.