12 años, 52 víctimas y un análisis de sangre que mintió: así cayó Andréi Chikatilo
En la región de Rostov, en el sur de Rusia, a comienzos de los años 80, la gente empezó a hablar de las franjas forestales.
Eran hileras estrechas de árboles, plantadas entre los campos para frenar el viento. Corrían durante kilómetros junto a las vías del tren y las carreteras. Quien iba a pie desde una pequeña estación hasta una aldea solía tener que atravesar una.
Entre 1978 y 1990 aparecieron cuerpos, una y otra vez, en esas franjas y en los parques, huertos y campos cercanos. Niños y niñas. Mujeres jóvenes. Muchos viajaban solos. A muchos se los vio por última vez en una parada de autobús o en una estación de tren.
Todos habían muerto a cuchilladas, con una violencia que impresionó incluso a detectives veteranos.
Esta es la historia de Andréi Chikatilo, el hombre al que luego llamaron "el Carnicero de Rostov", y de la cacería de 12 años que por fin lo atrapó. En 1992 fue condenado por 52 asesinatos.
Por el camino, la investigación mandó a un inocente ante un pelotón de fusilamiento, empujó a hombres vulnerables a confesar lo que no habían hecho y tuvo al verdadero asesino en una celda durante 3 meses... para luego dejarlo libre.
Un hombre callado con un maletín
Andréi Chikatilo nació el 16 de octubre de 1936 en una aldea de Ucrania, que entonces formaba parte de la Unión Soviética. Hizo el servicio militar entre 1957 y 1960. En 1961 consiguió trabajo como ingeniero de comunicaciones cerca de Rostov del Don, la ciudad principal de la región.
En 1963 se casó. Tuvo 2 hijos. En 1970 obtuvo a distancia un título en literatura rusa, y desde 1971 trabajó como maestro.
Su carrera de maestro terminó mal. Dejó una escuela tras las quejas de los alumnos. En marzo de 1981 abandonó la enseñanza por completo, después de nuevas denuncias de que había abusado de niños.
Pasó a ser encargado de suministros en una fábrica. Ese trabajo lo obligaba a viajar por toda la región y más allá, en tren y en autobús.
Para un hombre como él era la tapadera perfecta. Un funcionario de mediana edad con un maletín, esperando en un andén, era la imagen más corriente de la Unión Soviética.
El primer asesinato y el hombre equivocado
El primer crimen que más tarde se le probaría ocurrió el 22 de diciembre de 1978 en Shajty, una ciudad minera de la región de Rostov.
Yelena Zakótnova tenía 9 años. Volvía a casa desde una pista de patinaje sobre hielo cuando un hombre le habló.
Su cuerpo apareció 2 días después, el 24 de diciembre, bajo un puente sobre el río Grúshevka.
La policía encontró pronto a un sospechoso. Aleksandr Kravchenko era un obrero que ya tenía una condena anterior. Lo detuvieron y lo interrogaron. Confesó (bajo presión, según dijo después) y luego se retractó.
Aun así lo condenaron a muerte. En diciembre de 1980 el Tribunal Supremo rebajó la pena a 15 años de cárcel.
Pero los familiares de la niña siguieron presionando. Kravchenko fue juzgado y condenado de nuevo. En julio de 1983 lo fusilaron.
Él no había matado a Yelena Zakótnova. La había matado Andréi Chikatilo. Hasta 1992 ningún tribunal lo dijo.
Aparece un patrón
En septiembre de 1981 desapareció Larisa Tkachenko, de 17 años, mientras esperaba el autobús para volver a su internado. La encontraron muerta.
El 12 de junio de 1982, Liubov Biriuk, de 13 años, fue raptada cuando volvía de hacer compras en el pueblo de Donskói. Su muerte fue la primera de la serie que la policía vinculó a una sola búsqueda.
A lo largo de 1982 aparecieron más cuerpos. El método era siempre el mismo.
El asesino abordaba a la víctima en un lugar público: una estación, una parada de autobús, un tren. Le ofrecía o le prometía algo. Después la llevaba a pie hasta el bosque o a campo abierto, lejos de cualquier testigo. Y allí usaba el cuchillo.
En enero de 1983 se vincularon de forma provisional 4 asesinatos a un mismo autor. Moscú envió a Rostov un equipo de investigadores. Al principio lo formaban unas 10 personas.
En marzo de 1983 se puso al frente de la búsqueda a un analista forense llamado Víktor Burakov. El 6 de septiembre de 1983 la fiscalía soviética vinculó oficialmente 6 asesinatos a un solo hombre.
Los sospechosos equivocados
Lo que vino después es la parte más oscura de la investigación.
No había testigos ni nombres. Así que la policía buscó entre la gente que le parecía probable.
Desde septiembre de 1983 se llevó a interrogatorio a varios jóvenes con discapacidad intelectual, y se los interrogó durante horas. Algunos confesaron. Sus confesiones no encajaban con los hechos. Y mientras ellos estaban detenidos, los asesinatos continuaban.
La policía también persiguió a hombres homosexuales y a delincuentes sexuales conocidos. La presión fue tan fuerte que 3 hombres homosexuales y 1 delincuente sexual condenado se quitaron la vida.
Víktor Burakov había dejado de creer en las confesiones. Había visto demasiadas, arrancadas en interrogatorios largos, que se venían abajo en cuanto se comprobaban.
Como efecto secundario, la enorme redada resolvió más de 1.000 delitos sin relación con el caso. El que debía resolver, no lo resolvió.
Septiembre de 1984: el asesino en una celda
Entonces, el 13 de septiembre de 1984, la investigación quedó a un paso de la respuesta.
2 detectives de paisano vigilaban a la multitud en Rostov. Se fijaron en un hombre de mediana edad que se acercaba una y otra vez a mujeres jóvenes e intentaba darles conversación. Lo siguieron hasta el mercado central y allí lo detuvieron.
Era Andréi Chikatilo.
En su maletín encontraron un cuchillo, una cuerda y un frasco de vaselina.
Lo retuvieron mientras comprobaban si tenía relación con los asesinatos. La prueba clave era la sangre.
En los escenarios de 6 asesinatos de 1984, el asesino había dejado semen. El laboratorio lo había clasificado como grupo sanguíneo AB. La sangre de Andréi Chikatilo era del grupo A.
El resultado no coincidía. Los investigadores, en la práctica, lo descartaron como sospechoso.
No lo soltaron enseguida. Lo retuvieron por otra acusación, un robo sin relación con los crímenes. Lo condenaron, lo expulsaron del Partido Comunista y le impusieron 1 año. El 12 de diciembre de 1984, tras 3 meses detenido, salió en libertad.
Poco antes, el 8 de octubre de 1984, la fiscalía había unido oficialmente 23 asesinatos en un solo caso, y había retirado los cargos contra los hombres que habían confesado antes.
**El día en que salió, nadie en la investigación sabía que acababan de dejar libre al asesino.**
La búsqueda crece
En noviembre de 1985 se nombró a un fiscal especial para dirigir todo el caso. Para entonces el equipo había crecido hasta 15 fiscales y 29 detectives.
Ese mismo año, Víktor Burakov acudió a un psiquiatra, Aleksandr Bujanovski. Le pidió que describiera al hombre que buscaban.
Bujanovski escribió un perfil de 65 páginas. Algunas fuentes lo describen como el primer perfil psicológico utilizado en una investigación criminal soviética.
Describía a un hombre de entre 45 y 50 años. Solitario. Impotente. Sádico. De inteligencia normal. Y con un trabajo que lo obligaba a viajar según un horario.
Cada rasgo encajaba con Andréi Chikatilo. Pero nadie relacionó el perfil con el empleado detenido en el mercado.
Su trabajo lo llevaba lejos de casa, y los asesinatos iban con él. Los registros del caso incluyen víctimas a las que hizo bajar de trenes lejos de la región: una en Taskent, en Asia Central, y otra en Leningrado, la ciudad que hoy se llama San Petersburgo.
En 1988 llegó a los investigadores una circular oficial. Decía que, en casos raros, el grupo sanguíneo de un hombre podía ser distinto del que se detectaba en su semen y su saliva. Ni siquiera entonces volvió nadie al empleado de 1984.
Octubre de 1990: la trampa en las estaciones
En 1990 los investigadores estaban seguros al menos de una cosa. El asesino se movía en tren, y muchas víctimas habían sido llevadas desde pequeñas estaciones de las mismas líneas.
El 27 de octubre de 1990 la policía lanzó una nueva operación. Colocó a 360 hombres en las estaciones de tren de la región de Rostov.
En las estaciones grandes, agentes uniformados se dejaban ver en los andenes. En las 3 estaciones más pequeñas de la línea clave, donde parecía no haber razón para poner a nadie, colocaron en cambio a agentes de paisano.
La idea era sencilla. Un asesino que viera policías en las estaciones grandes se iría a las pequeñas. Y allí alguien estaría mirando.
6 de noviembre de 1990: la última víctima
El 6 de noviembre de 1990, Svetlana Koróstik, de 22 años, fue asesinada en el bosque junto a una pequeña estación llamada Donleshoz.
Ese mismo día, un agente de paisano de la estación paró a un hombre. Varios detalles le parecieron extraños. Pero no había cuerpo ni denuncia de ningún crimen, así que no tenía motivos para detenerlo.
Hizo lo que exigía la operación. Revisó los documentos del hombre y anotó su nombre.
El nombre era Andréi Chikatilo.
El 13 de noviembre de 1990 se encontró el cuerpo de Svetlana Koróstik cerca de la estación. Era la muerte número 38 vinculada a la búsqueda.
Los investigadores repasaron los nombres anotados en esa estación. Uno de ellos era el de un hombre detenido ya en 1984, con un cuchillo y una cuerda en el maletín.
La detención
Desde el 14 de noviembre de 1990 lo mantuvieron vigilado.
El 20 de noviembre de 1990 lo detuvieron en Novocherkask, una ciudad de la región. Tenía una herida en un dedo. Los médicos forenses concluyeron que era un mordisco humano.
El 21 de noviembre le analizaron la sangre otra vez. Era del grupo A, exactamente como en 1984. Esta vez también le tomaron una muestra de semen. El resultado: grupo AB. Igual que las muestras de los escenarios de los crímenes.
Durante días lo negó todo. La ley permitía retenerlo 10 días. Después había que acusarlo o soltarlo.
La confesión
El 29 de noviembre de 1990, con el plazo a punto de vencer, Víktor Burakov tomó una decisión poco habitual. Permitió que el psiquiatra Aleksandr Bujanovski hablara con el detenido.
Bujanovski se sentó con él y le leyó fragmentos del perfil que había escrito 5 años antes.
Andréi Chikatilo se echó a llorar. Y entonces empezó a confesar.
La acusación se presentó ese mismo día, antes de que vencieran los 10 días. El 30 de noviembre de 1990 fue acusado formalmente de 36 asesinatos.
Admitió 36 de los 38 casos que la policía le había atribuido, y negó los otros 2. En los días siguientes confesó unos 20 más, que la policía nunca había relacionado con el caso.
En diciembre de 1990 llevó a los investigadores al campo. Les mostró el cuerpo de Alekséi Jobótov y los restos de otras víctimas.
Al final confesó 56 asesinatos.
El juicio
El 20 de agosto de 1991 lo enviaron al Instituto Serbski de Moscú, el principal centro psiquiátrico del país, para una evaluación de 60 días. El 18 de octubre de 1991 los psiquiatras concluyeron que tenía un trastorno de la personalidad con rasgos sádicos y que estaba en condiciones de ser juzgado.
El juicio se abrió el 14 de abril de 1992 en el tribunal regional de Rostov. Se le acusaba de 53 asesinatos y 5 agresiones sexuales.
Se sentaba dentro de una jaula de hierro. La habían construido para protegerlo de las familias de las víctimas, que estaban en la sala.
Su conducta en el juicio fue descontrolada. Gritaba por encima del juez. Llamaba farsa al tribunal. Cantaba himnos socialistas. A veces se desnudaba. El juez lo reprendió una y otra vez, y en ocasiones la sesión siguió sin él.
El 21 de abril dejó de responder preguntas. El 13 de mayo retiró sus confesiones de 6 de los asesinatos. Además afirmó haber matado a 4 personas más que no figuraban en la acusación.
En julio, peritos psiquiátricos del Instituto Serbski dijeron al tribunal que su conducta era calculada: un intento de que lo declararan demente.
El 14 de octubre de 1992 el tribunal lo declaró culpable de 52 de los 53 asesinatos y de las 5 agresiones sexuales. El 15 de octubre de 1992 fue condenado a muerte.
En el verano de 1993 el Tribunal Supremo examinó su apelación. Dictaminó que 9 de los 52 asesinatos no estaban suficientemente probados. Confirmó los otros 43 y confirmó la pena de muerte.
El 4 de enero de 1994 el presidente de Rusia rechazó su petición de indulto.
El 14 de febrero de 1994, en la prisión de Novocherkask, Andréi Chikatilo fue ejecutado de un solo disparo. Tenía 57 años. Lo enterraron en una tumba sin nombre en el cementerio de la prisión.
Lo que quedó abierto
El caso se resolvió. Pero 2 cosas nunca se aclararon del todo.
La primera es el análisis de sangre de 1984. En el juicio, una experta en serología declaró que Chikatilo era un caso raro de lo que ella llamó "secreción paradójica": un hombre cuyo semen mostraba un grupo distinto al de su sangre. Otros expertos en serología y en ADN lo rechazaron. Uno dijo que la causa más probable eran reactivos de laboratorio soviéticos defectuosos, que dieron una lectura falsa. Las fuentes no coinciden, y la cuestión nunca se resolvió.
La segunda es Aleksandr Kravchenko. Fue fusilado en 1983 por el asesinato de Yelena Zakótnova, el crimen que abrió la serie. Amnistía Internacional dejó constancia de que un hombre fue juzgado y ejecutado por error por el primer asesinato de Chikatilo.
Los hombres que confesaron bajo presión y los 4 que se quitaron la vida también fueron víctimas de la búsqueda. Kravchenko fue el único al que el Estado ejecutó.