UN CASO REAL
En disputa

El crimen Hall-Mills: un pastor, una cantante del coro y un manzano silvestre

2026-10-19 · · Crímenes sin resolver · 14 min de lectura

El jueves 14 de septiembre de 1922, un pastor de la ciudad de New Brunswick, en Nueva Jersey, le dijo a su esposa que iba a salir.

New Brunswick es una ciudad universitaria del noreste de Estados Unidos, entre Nueva York y Filadelfia. El pastor se llamaba Edward Hall. Tenía 41 años y dirigía la iglesia episcopal de San Juan Evangelista, una de las iglesias respetables de la ciudad.

Según el relato que dio después su esposa, ese día lo había llamado por teléfono una mujer de la parroquia. Hacia las 7 de la tarde llegó otra llamada. Hacia las 7:40 dijo que iba a ocuparse de una factura médica de esa mujer, y salió de casa.

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La mujer era Eleanor Mills. Tenía 34 años y cantaba de soprano en su coro. Su marido trabajaba en la misma iglesia como sacristán, el hombre que cuida el edificio. La familia Mills vivía en un pequeño apartamento y no tenía teléfono propio.

Esa tarde Eleanor Mills también salió de casa. Ni ella ni el pastor volvieron esa noche.

La noche de la búsqueda

La esposa del pastor vivía con él en una casa grande, en la mejor calle de la ciudad. Su hermano vivía con ellos. Tenía unos 50 años, era un hombre peculiar que no podía vivir solo, y los periódicos serían crueles con él.

Según su propio relato, ella se acostó. Hacia las 2:30 de la madrugada se levantó y se vistió, porque su marido seguía sin volver. Con su hermano caminó hasta la iglesia. Estaba a oscuras. Pasaron junto al edificio donde vivían los Mills. También estaba a oscuras. Volvieron a casa.

A la mañana siguiente, el viernes 15 de septiembre, la esposa del pastor y el marido de la cantante se encontraron en la iglesia. Cada uno buscaba a alguien. Más tarde dieron horas distintas para ese encuentro: ella dijo las 7 de la mañana, él las 8:30. Es una diferencia pequeña. Pero en este caso ningún detalle, por pequeño que fuera, quedó nunca aclarado.

Lo que dos jóvenes encontraron en un camino de tierra

La mañana del sábado 16 de septiembre de 1922, un joven de 23 años y una chica de 15 caminaban por un camino de tierra a las afueras de New Brunswick. El camino se llamaba De Russey's Lane. En la ciudad lo conocían como un camino de enamorados.

Bajo un manzano silvestre, al borde de un campo, vieron a un hombre y una mujer tendidos boca arriba.

Estaban uno junto al otro, con los pies hacia el árbol. La cabeza de la mujer descansaba sobre el brazo del hombre. Un sombrero panamá le tapaba la cara al hombre.

Eran el pastor y la cantante. Llevaban tiempo muertos.

Alguien había colocado los cuerpos. Alguien los había dejado así. Entre ellos, y encima de ellos, había cartas rotas esparcidas. Una pequeña tarjeta de visita blanca, de las que llevaba en el bolsillo un hombre respetable, estaba apoyada contra el pie izquierdo del pastor. Era su propia tarjeta.

Más tarde se juntaron los pedazos de una de las cartas. Estaba escrita con la letra de la cantante. Una línea decía: "No hay un hombre que pueda hacerme sonreír como tú lo hiciste hoy".

Lo que mostraban los cuerpos

A los dos les habían disparado con una pistola del calibre 32. Cerca había un casquillo vacío.

Al pastor le dispararon una vez. La bala entró por encima de la oreja derecha y salió por el cuello. Tenía un pequeño moretón en la oreja, rasguños en dos dedos y una herida en la pantorrilla derecha. Su reloj de oro había desaparecido. Las monedas seguían en su bolsillo.

A la cantante le dispararon 3 veces: bajo el ojo derecho, en la sien derecha y por encima de la oreja derecha. Le habían cortado la garganta. Tenía un pañuelo de seda marrón enrollado alrededor. Llevaba un vestido azul de lunares rojos. Tenía un moretón en el brazo y un pequeño corte en el labio.

Un policía notó que los insectos ya habían empezado a actuar sobre su cuerpo. Eso significaba que llevaba muerta al menos 24 horas. Todo apuntaba a la noche del jueves 14 de septiembre: la noche en que ambos salieron de sus casas.

Así que, en un sentido, el caso estaba claro. Dos personas casadas, cada una con otra, se veían en secreto. Sus cartas estaban a su alrededor. Alguien les había disparado a los dos y quería que todos supieran por qué.

Quién era ese alguien no estaba nada claro.

Una investigación que empezó mal

El primer error se cometió en la primera hora.

El camino de tierra quedaba justo al otro lado de un límite de condado. La policía de New Brunswick llegó primero, pero el campo pertenecía al condado vecino. Durante horas los dos condados discutieron de quién era el caso. Nadie tomó el control del lugar.

Mientras tanto llegó la multitud. La noticia corrió deprisa y la gente salió de la ciudad a ver el sitio. Pisotearon el suelo. Se llevaron recuerdos. Se pasaron la tarjeta de visita de mano en mano. En los meses siguientes, los visitantes despojaron incluso el manzano. Para el juicio, 4 años después, ya no estaba.

El segundo error fue médico. El primer médico que examinó a la cantante no hizo una autopsia de verdad. Los primeros informes decían que le habían disparado una vez. Solo un segundo examen, unas semanas después, encontró 3 heridas de bala. El forense admitió en público que no le había hecho una autopsia real.

El tercer error fue una pista que nadie siguió. El día en que se encontraron los cuerpos, un conductor de un pueblo cercano fue a la policía de New Brunswick. Dijo que la noche de los crímenes había visto un pequeño Ford sin matrícula, con 3 hombres dentro. Nadie hizo nada con su aviso.

A los fiscales también les llegaron cartas y llamadas que decían que el Ku Klux Klan estaba detrás de los asesinatos. El Klan era fuerte en Nueva Jersey en esa época y se presentaba como guardián de la moral pública. Tampoco se siguió ninguno de esos avisos.

En quién se fijó la policía

Los investigadores miraron primero a las personas más cercanas a los muertos.

Interrogaron al marido de la cantante. Era un hombre callado, y los periódicos lo describían como débil y sumiso. Pronto lo descartaron como sospechoso.

La esposa del pastor atrajo mucha más atención. Venía de una familia rica y conocida. Tenía 48 años, 7 más que su marido. Si toda la ciudad conocía el romance, costaba creer que ella no. Su hermano menor, el que vivía en su casa, tenía un revólver del calibre 32. Tenía además otro hermano, y la familia tenía un primo del mismo círculo.

Pero contra ellos no había un caso, solo una silueta. No apareció un arma que coincidiera. No había testigo que los hubiera visto en el campo. El paseo nocturno de la esposa hasta la iglesia podía leerse de 2 maneras: como la búsqueda de una mujer preocupada, o como otra cosa. No había nada más.

La criadora de cerdos

A mediados de octubre de 1922 apareció una nueva testigo.

Era una mujer que criaba cerdos en una pequeña granja junto al camino de tierra y vivía en un granero reformado. Los periódicos la llamaron "la mujer de los cerdos", y el apodo se quedó.

Dijo que la noche del 14 de septiembre, hacia las 9, su perro empezó a ladrar hacia el campo. Pensó que alguien le robaba el maíz. Se subió a su mula y salió a mirar.

Junto al manzano, según contó, vio a un grupo de personas discutiendo. Oyó un disparo. Se alejó. Después oyó más disparos.

Dio nombres: la esposa del pastor, sus 2 hermanos y el primo.

Su relato tuvo un problema desde el principio. Cambiaba. Lo que dijo a la policía, lo que dijo a los periódicos y lo que declaró después bajo juramento no eran la misma historia. Partes no encajaban con los hallazgos médicos. Cada versión tenía más detalles que la anterior.

El gran jurado dice que no

A finales de noviembre de 1922 el caso pasó a un gran jurado: el órgano que decide si hay pruebas suficientes para acusar a alguien.

Escuchó a 67 testigos durante 5 días. No creyó a la criadora de cerdos. Decidió que no había pruebas suficientes para acusar a nadie.

La esposa del pastor se fue a Europa.

**Aquí terminó el caso de 1922. A dos personas las habían matado a tiros y colocado bajo un árbol, y la respuesta oficial fue que no se podía acusar a nadie.**

El caso quedó parado casi 4 años.

Cómo un divorcio reabrió un asesinato

En julio de 1926 un hombre acudió a un tribunal de Nueva Jersey para anular su matrimonio.

Su esposa había trabajado en 1922 como criada en la casa del pastor. En su demanda, el marido hizo una afirmación asombrosa. Dijo que su mujer había ocultado lo que sabía de la noche del crimen, y que le habían pagado 5.000 dólares por callar.

Dijo más. Según él, la noche del 14 de septiembre su esposa le había contado a la esposa del pastor que este planeaba fugarse con la cantante. Y, según él, la esposa del pastor, su hermano menor y la propia criada fueron entonces en coche hasta el campo.

La antigua criada lo negó todo. Llamó a la historia de su marido "un montón de mentiras".

Nada de eso se probó nunca en un tribunal. Pero era exactamente la historia que buscaba un nuevo tipo de periódico.

Un periódico toma el mando

En 1924 uno de los dueños de prensa más poderosos de Estados Unidos había comprado un tabloide de Nueva York llamado Daily Mirror. Los tabloides eran entonces una novedad: páginas pequeñas, fotos grandes, crímenes en portada.

El Daily Mirror tomó la historia de la criada y la explotó. Publicó "nuevas pruebas" contra la esposa del pastor y su familia. Día tras día exigió que se reabriera el caso.

El gobernador de Nueva Jersey ordenó una nueva investigación. A finales de julio de 1926 se dictaron órdenes de arresto. Detuvieron a la esposa del pastor, a sus 2 hermanos y al primo. Los 4 se declararon no culpables.

Al primo se le asignó después un juicio aparte, y al final nunca fue juzgado. Los otros 3 serían juzgados juntos.

Los cuerpos se examinan de nuevo

Antes del juicio se exhumaron los dos cuerpos y se examinaron otra vez.

La nueva autopsia de la cantante encontró algo que los médicos de 1922 no vieron o no anotaron. Le habían cortado la lengua y, con ella, la laringe, el órgano de la voz. Un historiador del caso, en una revista de una biblioteca universitaria, señala que el hallazgo se hizo por primera vez 4 años después del crimen, en el cuerpo exhumado.

Las fuentes describen el hallazgo de forma algo distinta: unas hablan de la lengua, otras de la lengua y la laringe. Todas coinciden en que en 1922 no se sabía.

Para la acusación encajaba con una imagen de furia dirigida contra la voz de una mujer: la voz que cantaba en el coro.

El juicio

El juicio se abrió el miércoles 3 de noviembre de 1926 en el tribunal del condado en Somerville, Nueva Jersey, un pueblo pequeño no lejos del campo.

Llegaron más de 300 periodistas. Solo The New York Times tenía 4 taquígrafos en la sala para anotar cada palabra. A lo largo de las semanas del juicio la prensa envió más de 12 millones de palabras sobre él. Entre el público había escritores famosos. Fue uno de los primeros juicios en Estados Unidos cubiertos como un espectáculo.

El jurado escuchó las cartas de amor leídas en voz alta: las cartas que habían aparecido esparcidas sobre los cuerpos.

La esposa del pastor subió al estrado. Se mantuvo tranquila y dueña de sí durante horas de interrogatorio, y la prensa la llamó "la Viuda de Hierro".

Su hermano menor también declaró. Los periódicos se habían burlado de él durante 4 años como de un simple. En el estrado dio respuestas claras y firmes, y a muchos de los presentes les pareció creíble.

La huella dactilar

La principal prueba física de la acusación era la tarjeta de visita del pie del pastor.

Peritos de la acusación declararon que una huella en ella era del índice izquierdo del hermano menor.

La defensa lo atacó con dureza. La tarjeta había estado a la intemperie unas 36 horas antes de ser encontrada. Después había pasado de mano en mano entre policías y curiosos de la multitud. Nadie la trató como una prueba. Peritos de la defensa negaron que la huella fuera suya.

Había otro problema. Él vivía en la misma casa que el pastor. Una huella suya en una tarjeta de esa casa no probaba por sí sola dónde había estado la noche del crimen.

La testigo en una cama de hospital

La testigo estrella de la acusación era la criadora de cerdos.

En el otoño de 1926 estaba gravemente enferma. La llevaron a la sala en una cama de hospital y declaró tumbada.

Contó otra vez la historia del perro, la mula y el manzano. Dijo que había oído a una mujer gritar el nombre "Henry". Tanto el hermano mayor como el primo se llamaban Henry. Señaló a los acusados.

Entonces la defensa desmontó su relato: las fechas, las versiones, los detalles que crecían con cada repetición. La presentó como una mujer a la que no se debía creer.

Y al fondo de la sala estaba sentada una anciana: la madre de la testigo. Durante la declaración gritó una y otra vez: "¡Es una mentirosa!"

En un momento la testigo se incorporó sobre un codo en la cama y dijo: "¡He dicho la verdad, que Dios me ayude, y ustedes lo saben!"

El veredicto

El 3 de diciembre de 1926 el jurado se retiró a deliberar. Deliberó unas 5 horas.

Declaró no culpables a los 3: la esposa del pastor y sus dos hermanos.

Hay que decirlo con claridad. Ante la ley, los 3 eran inocentes. Fueron juzgados y absueltos. Nadie más fue acusado nunca del asesinato de Edward Hall y Eleanor Mills.

Tras el veredicto, la familia demandó por difamación al Daily Mirror y a su dueño. Las fuentes dan cifras distintas para la demanda. Se llegó a un acuerdo fuera de los tribunales, por una suma que nunca se publicó.

Dónde está el caso

El caso nunca se resolvió.

Las razones constan en el expediente. La escena se perdió en las primeras horas, bajo los pies de una multitud. La primera autopsia no fue una autopsia de verdad. La tarjeta de visita, la mejor pista física, pasó por manos de extraños antes de que nadie pensara en protegerla. El aviso del coche con 3 hombres nunca se investigó. El reloj de oro nunca apareció.

Cuando un tribunal vio el caso, habían pasado 4 años, el árbol ya no existía y la testigo principal se estaba muriendo.

Hoy no queda nadie que pueda saberlo. La criadora de cerdos murió en un hospital en febrero de 1930. El primo murió en 1934. El hermano mayor murió el 3 de diciembre de 1939, justo 13 años después de la absolución. La esposa del pastor murió el 19 de diciembre de 1942. Su hermano menor murió 11 días después.

Un jefe de policía retirado de la zona ha dicho que hoy solo una confesión escrita, como un diario, podría resolver el caso. No se conoce ningún documento así.

Las teorías

Todo esto son teorías. Ninguna se probó.

**La familia.** Era la tesis de la acusación: que la esposa traicionada y sus hermanos mataron a la pareja. Un libro de 1999 sobre el caso, Fatal Tryst ("Cita fatal"), concluyó que la familia era culpable. Las pruebas: el móvil, el revólver del calibre adecuado, el paseo nocturno, la huella. El problema: un jurado oyó todo eso y absolvió a los 3. La huella fue discutida y a la testigo principal no la creyeron.

**El Ku Klux Klan.** Un libro de 1964 de un conocido abogado estadounidense, The Minister and the Choir Singer ("El pastor y la cantante del coro"), sostuvo que el Klan mató a la pareja como castigo por su romance. Las pruebas: los avisos que recibieron los fiscales en 1922, la escena preparada que parecía un mensaje, la fuerza del Klan en Nueva Jersey en esa época. El problema: el propio autor admitió que el Klan nunca había matado a nadie en Nueva Jersey antes.

**Sicarios.** En 1969, 47 años después de los crímenes, un hombre dijo que el hermano menor le había pedido entregar 6.000 dólares de la viuda a 2 asesinos a sueldo. El problema: los investigadores no pudieron confirmar ninguna parte de su relato, y todos los que nombró llevaban mucho tiempo muertos.

Alguien tendió dos cuerpos bajo un manzano silvestre, puso un sombrero sobre una cara y una tarjeta junto a un pie, y se fue. Más de 100 años después, nadie sabe quién.

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