UN CASO REAL
Resuelto

El caso Lesley Molseed: 31 años, el hombre equivocado y una tira de cinta adhesiva

2026-10-29 · · Los crímenes más graves, resueltos · 13 min de lectura

El domingo 5 de octubre de 1975, hacia el mediodía, una madre de un barrio obrero del norte de Inglaterra mandó a su hija a la tienda de la esquina.

La niña tenía 11 años. Se llamaba Lesley Molseed.

Era pequeña para su edad. Había nacido con un problema de corazón y a los 3 años la habían operado a corazón abierto. Era frágil, y su familia la cuidaba mucho.

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El recado era sencillo. Una barra de pan y un ambientador. La tienda estaba a pocos minutos a pie. Llevaba un impermeable azul y 1 libra en monedas.

La vieron caminar por un sendero estrecho entre las casas, cerca de su hogar.

Fue la última vez que alguien que la conocía la vio con vida.

Como no volvía, sus padres salieron a buscarla. Hacia las 3 de la tarde ya habían llamado a la policía.

El barrio se llama Turf Hill. Está en las afueras de Rochdale, una ciudad de Inglaterra a unos 16 km al norte de Mánchester.

Tres días en el páramo

Durante 3 días, policías y vecinos registraron las calles, los descampados y los campos alrededor del barrio.

La mañana del miércoles 8 de octubre, hacia las 8, un conductor se detuvo en un apartadero de una carretera que cruza los páramos al este de la ciudad.

Vio algo en la ladera, por encima de la carretera. Era Lesley.

Estaba boca abajo en la ladera, a unos 9 metros por encima de la calzada. El lugar se llama Rishworth Moor. Está al otro lado del límite del condado, en West Yorkshire, a poca distancia en coche de su casa.

La habían apuñalado 12 veces. Una de las heridas le alcanzó el corazón. No tenía heridas en las manos ni en los brazos, las que aparecen cuando alguien intenta defenderse. Su libra había desaparecido.

Hubo un hallazgo más. En su ropa, los peritos encontraron restos de semen. El asesino también la había agredido sexualmente.

Este es el caso en una sola frase: una niña fue asesinada en una ladera, la policía condenó a un hombre que no podía haberlo hecho, y hicieron falta 31 años para encontrar al que sí lo hizo.

Como el cuerpo apareció en West Yorkshire, el asesinato quedó en manos de la policía de West Yorkshire. Un detective veterano asumió el mando.

Los equipos forenses recogieron todo lo que pudieron de la ladera y de la ropa. La lista llegó a 379 objetos pequeños. Entre ellos había fibras ajenas y restos de cola de empapelar seca.

Lo más importante era el semen. En 1975 no existían las pruebas de ADN. Pero un científico podía mirar las manchas al microscopio y ver si contenían espermatozoides.

Miró. Y anotó en su cuaderno que se veían claramente cabezas de espermatozoides.

Esa nota es el centro de toda esta historia. Conviene recordarla.

Un sospechoso que no hubo que buscar lejos

En las semanas siguientes, la policía tomó declaración a cientos de personas del barrio.

Entre ellas había 4 chicas y jóvenes de la zona. Dijeron que el día antes de la desaparición de Lesley un hombre se había exhibido ante ellas en el barrio.

Dieron el nombre de un hombre del lugar. Se llamaba Stefan Kiszko.

Tenía 23 años. Trabajaba de administrativo en una oficina de Hacienda. Vivía con su madre, no lejos de la casa de Lesley. Su padre, que había llegado a Inglaterra desde Europa del Este, había muerto unos años antes.

Era un hombre grande y torpe, lento al hablar y al entender. Más tarde, médicos y psicólogos lo describieron como alguien con la mente de un niño. Las fuentes no coinciden en la edad exacta que le atribuyeron.

Tenía una enfermedad. Su cuerpo no producía suficiente hormona masculina, y recibía inyecciones hormonales.

También tenía una afición extraña. Anotaba las matrículas de los coches que, según él, lo habían molestado. Para los detectives, un hombre que anotaba matrículas y tenía coche parecía un hombre capaz de llevar a una niña hasta el páramo.

En su coche encontraron una bolsa de caramelos y algunas revistas para adultos.

El 21 de diciembre de 1975, 11 semanas después del asesinato, la policía lo detuvo.

Lo interrogaron durante 3 días. No había abogado. A su madre no la dejaron estar con él.

Al final, confesó.

Años después explicó por qué. Creía que si les decía lo que querían oír, lo dejarían volver a casa con su madre por Navidad. Luego, pensaba, todo se aclararía.

Nada se aclaró. El 24 de diciembre de 1975, Nochebuena, fue acusado de asesinato.

Lo que la policía sabía y no dijo

Tras la detención, la policía le tomó una muestra para compararla con las manchas de la ropa de Lesley.

Y aquí la investigación chocó con un problema.

La muestra del sospechoso no contenía ni un solo espermatozoide. Su enfermedad hacía que no los produjera.

Las manchas de la ropa de Lesley estaban llenas de ellos.

Dicho de forma sencilla: la prueba científica decía claramente que el semen de la niña no podía venir del hombre que había confesado.

Había un segundo dato. Según los registros médicos, el sospechoso se había roto el tobillo unos meses antes del crimen. Y el asesino había subido a una niña, o la había llevado, por una pendiente empinada.

Ninguno de los dos datos se entregó a la defensa. El jurado no oyó hablar de ninguno.

El juicio

El juicio empezó el 7 de julio de 1976 en el tribunal de Leeds.

La acusación se apoyó en la confesión y en las 4 testigos que decían que se había exhibido.

Su propia defensa tomó una decisión que lo perjudicó mucho. Además de sostener que era inocente, argumentó que, si lo había hecho, no era plenamente responsable por su estado mental. Él nunca aceptó esa línea. Al jurado le sonó como si hasta su propio bando creyera que podía ser culpable.

El 21 de julio de 1976, tras 5 horas y 35 minutos, el jurado lo declaró culpable por una mayoría de 10 a 2. Fue condenado a cadena perpetua.

Más o menos al mismo tiempo, a pocos kilómetros, ocurrió algo que nadie relacionó con el caso.

El 3 de julio de 1976, 4 días antes de que empezara el juicio, un joven de la misma zona secuestró a una niña de 9 años y abusó de ella. Se declaró culpable y le pusieron una multa de 25 libras. 2 años después volvieron a multarlo, esta vez por abusar de un niño de 7 años.

Nadie lo investigó en relación con Lesley. Tenía antecedentes de ataques a niños y venía de su barrio. Pero el caso ya estaba cerrado. La policía ya tenía a su hombre.

En la cárcel, el hombre condenado por matar a una niña era un blanco.

Otros presos lo atacaron una y otra vez. Tras una agresión, en 1977, necesitó 17 puntos. Lo aislaron para protegerlo.

En 1978 recurrió. El Tribunal de Apelación no encontró ningún motivo para dudar del veredicto.

Hacia 1979 su mente empezó a romperse. Desarrolló esquizofrenia. Empezó a creer cosas extrañas sobre el mundo y sobre sí mismo.

Siempre dijo que no había matado a Lesley.

Una madre que no se rindió

Fuera, una persona nunca aceptó el veredicto. Su madre.

No tenía dinero ni contactos. En 1984 escribió a una organización benéfica de ayuda jurídica. Hacia 1987 la pusieron en contacto con un abogado que aceptó revisar el expediente.

El abogado lo leyó y encontró cosas que no cuadraban. Juntos prepararon una petición al ministro del Interior, responsable de la policía y las cárceles.

Funcionó. En 1991 se reabrió el caso.

La segunda investigación

La policía de West Yorkshire encargó la revisión a un comisario que no había participado en la investigación original.

Sus instrucciones eran revisarlo todo otra vez, desde el principio, sin dar nada por supuesto.

Volvió a los registros del laboratorio de 1975.

Allí, en el cuaderno del propio científico, estaba la línea sobre las cabezas de espermatozoides. Había estado allí todo el tiempo.

El nuevo equipo pidió a otro científico forense que examinara de nuevo los portaobjetos originales del microscopio. Se habían conservado. Y lo confirmó: cabezas de espermatozoides, claramente visibles.

Después, los médicos examinaron al preso. Su enfermedad quedó confirmada. No producía esperma, y nunca lo había producido.

Los investigadores también volvieron a las 4 testigos. Ya adultas, admitieron que la historia del hombre que se exhibía era inventada. Según los registros, dijeron que lo habían hecho "por diversión".

Absuelto

El 17 de febrero de 1992 el caso llegó al Tribunal de Apelación de Londres.

El juez de más alto rango de Inglaterra lo vio junto a otros 2 jueces. Dijo que se había demostrado que aquel hombre no podía producir esperma, y por tanto no podía ser el asesino.

La condena fue anulada. Tras 16 años en prisión, Stefan Kiszko quedó libre.

Nunca fue libre de verdad. Lo enviaron a un hospital psiquiátrico para tratarlo, y salió en marzo de 1992. Vivió con su madre y casi no salía de casa.

Murió de un ataque al corazón en diciembre de 1993, menos de 2 años después de ser absuelto. Tenía 41 años. La mayoría de las fuentes dan diciembre de 1993; una da octubre.

Su madre murió en mayo de 1994.

En 1994, el detective veterano de la investigación original y el científico forense fueron acusados de obstrucción a la justicia. La acusación era que habían retenido las pruebas que lo habrían exculpado.

En 1995 un magistrado detuvo el proceso. Dictaminó que había pasado tanto tiempo que ya no era posible un juicio justo.

Así que ningún tribunal decidió nunca si esos 2 hombres eran culpables. Ante la ley, son inocentes de esa acusación. El detective murió en 2007.

Vuelta al principio

Después de 1992, la policía estaba en una situación terrible. Sabía quién no había matado a Lesley. No sabía quién lo había hecho.

Habían pasado ya 17 años desde el crimen.

Aquí la historia estuvo a punto de terminar para siempre. En octubre de 1985, 10 años después del asesinato, la ropa de Lesley había sido destruida. Era lo habitual entonces en un caso resuelto.

Pero una cosa había sobrevivido.

En 1975, los peritos habían presionado tiras de cinta adhesiva contra su ropa para levantar fibras y manchas. Esas tiras se archivaron en el laboratorio. Nadie las tiró.

En la cinta quedaban todavía unas cuantas cabezas de espermatozoides.

En 1999, con las nuevas técnicas de ADN, los científicos lograron obtener de esos restos diminutos un perfil genético completo del asesino de Lesley.

Lo pasaron por la base de datos nacional de ADN.

Sin coincidencias.

El asesino andaba por ahí, y desde que existía la base de datos no había tenido problemas con la policía. El perfil se quedó en el sistema, esperando.

Esperó 6 años.

El 1 de octubre de 2005, un hombre fue detenido en la zona de Rochdale por una denuncia de agresión sexual. No lo acusaron. Pero, como en toda detención de aquellos años, le tomaron una muestra del interior de la mejilla, y su ADN entró en la base de datos.

El resultado fue una coincidencia directa con el perfil de la ropa interior de Lesley.

El hombre tenía 53 años. Era taxista y además vendía cómics. Había crecido en el barrio de Turf Hill, el mismo que Lesley, y seguía viviendo a pocos kilómetros.

Era aquel joven multado en 1976 y 1978 por atacar a niños.

El 5 de noviembre de 2006 la policía lo detuvo por el asesinato de Lesley Molseed.

El segundo juicio

Su juicio empezó el 22 de octubre de 2007 en el tribunal de Bradford.

Lo negó todo.

Su defensa sostuvo que la muestra de ADN podía estar contaminada. La cinta llevaba décadas guardada. En el mismo laboratorio se habían manipulado muestras de casos distintos.

Una científica forense dijo al jurado que la probabilidad de que el semen perteneciera a otra persona distinta del acusado era de aproximadamente 1 entre mil millones.

El 12 de noviembre de 2007, 32 años después de la muerte de Lesley, el jurado lo declaró culpable. Esta vez por unanimidad.

Fue condenado a cadena perpetua, con un mínimo de 30 años antes de que se pueda siquiera estudiar su libertad. Tendrá al menos 83 años antes de cualquier audiencia.

En julio de 2008 intentó recurrir. El Tribunal de Apelación lo rechazó. Uno de los jueces calificó los motivos del recurso de "totalmente especulativos".

**Aquí termina lo documentado: un hombre fue condenado, su recurso fue rechazado, y nunca ha admitido el crimen ni ha contado qué pasó en el páramo aquel domingo.**

Lo que no está en los registros es su versión. Cómo se encontró con Lesley en el sendero, por qué ella se fue con él, qué pasó en el coche y por qué eligió esa ladera. Solo él lo sabe, y nunca lo ha dicho.

Conclusiones y preguntas abiertas

En los tribunales, el caso está resuelto. Pero deja más preguntas que la mayoría de los casos resueltos.

**¿Cómo pudieron ocultarse las pruebas durante 16 años?**

La prueba: el cuaderno del propio científico registró los espermatozoides en 1975. La muestra del sospechoso no tenía ninguno. Los dos datos estaban en el expediente antes del juicio.

El problema: los 2 hombres acusados de ocultarlos nunca fueron juzgados, así que no hay sentencia sobre qué sabían, cuándo y por qué. Una opinión, defendida por quienes lucharon por su absolución, es que los investigadores decidieron que tenían al culpable e ignoraron todo lo que apuntaba a otro lado. Otra opinión es que en aquel momento no se entendió la importancia de esa diferencia. Ningún tribunal examinó ninguna de las dos.

**¿Por qué nadie miró al hombre multado en 1976?**

La prueba: 4 días antes de que empezara el juicio por el asesinato, un hombre del mismo barrio secuestró y agredió a una niña de 9 años, y en pocos días se declaró culpable. 2 años después fue condenado otra vez.

El problema: en 1975 y 1976 no había un sistema informático nacional que relacionara delitos, y cada policía guardaba sus propios expedientes en papel. Lesley desapareció en el Gran Mánchester y apareció en West Yorkshire. Los delitos anteriores se trataron a nivel local. Y una vez que un hombre había confesado y sido condenado, ya nadie buscaba. Si un registro mejor lo habría atrapado en 1976, nadie puede demostrarlo.

**¿Por qué "funcionó" la confesión?**

La prueba: un hombre asustado y con capacidad de comprensión limitada, 3 días de interrogatorio, sin abogado, y el deseo de volver a casa por Navidad.

El problema: en 1975 las normas para interrogar a sospechosos en Inglaterra eran mucho más débiles. En 1984 entraron en vigor normas nuevas, en parte por casos como este. Exigen ofrecer un abogado y tener especial cuidado con las personas vulnerables. El caso todavía se enseña a los policías como ejemplo de confesión falsa.

**¿Atacó el asesino a alguien más?**

La prueba: antes de 1979 fue condenado por ataques a 2 niños, y en 2005 fue detenido por otra supuesta agresión sexual que no llegó a acusación.

El problema: la policía nunca lo ha relacionado públicamente con ningún otro asesinato. Cualquier idea de que hizo más es una conjetura, y los registros no la respaldan.

**¿Qué habría pasado sin la cinta?**

Quizá sea la pregunta más extraña de todas. La ropa se destruyó en 1985. Si un empleado del laboratorio hubiera ordenado el archivo y tirado unas cuantas tiras de cinta vieja, no habría habido ADN en 1999, ni coincidencia en 2006, y el asesino de Lesley seguiría sin nombre.

La primera investigación tenía la respuesta en un cuaderno y no la usó. La segunda no tenía más que unas motas en una tira de cinta, y las usó para cerrar el caso.

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