UN CASO REAL
Resuelto

El Vampiro de Düsseldorf: cómo una carta a la dirección equivocada acabó con la caza de Peter Kürten

2026-11-06 · · Los crímenes más graves, resueltos · 14 min de lectura

En 1929, los padres de Düsseldorf dejaron de permitir que sus hijas volvieran solas a casa después del anochecer.

Düsseldorf es una gran ciudad industrial a orillas del Rin, en el oeste de Alemania, a unos 40 km al norte de Colonia. Aquel año, alguien en la ciudad atacaba a desconocidos. Mujeres que volvían a casa de noche. Niñas pequeñas. Un hombre en la calle.

A algunas víctimas las apuñalaron con unas tijeras. A otras las estrangularon. Más tarde, ese mismo año, a algunas las golpearon en la cabeza con un martillo. Muchas sobrevivieron. 8 no.

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Los periódicos le dieron un nombre al atacante desconocido: el Vampiro de Düsseldorf.

Esta es la historia de aquel caso, que terminó con la detención de un hombre llamado Peter Kürten. Primero, el resumen, para que nada de lo que sigue confunda. Entre febrero y noviembre de 1929 fueron asesinadas 8 personas en Düsseldorf, y muchas más fueron atacadas y sobrevivieron. La policía buscó durante más de un año. Recibió miles de pistas, elaboró una lista con cientos de miles de nombres y, aun así, no encontró al asesino. En mayo de 1930, una joven que había sido atacada y luego liberada escribió una carta a una amiga. La carta llegó a la policía por casualidad. La llevó hasta la puerta de un hombre casado y tranquilo. Confesó, fue juzgado en abril de 1931 y ejecutado en julio de 1931.

La pregunta abierta en 1929 era sencilla: ¿quién lo hacía? La pregunta que sigue este artículo es otra: ¿cómo pudo un hombre que mataba una y otra vez, en una sola ciudad, pasar junto a la policía durante 15 meses?

Quién era

Peter Kürten nació el 26 de mayo de 1883 en Mülheim am Rhein, una localidad que hoy forma parte de Colonia. Era el mayor de 13 hermanos. 2 murieron de pequeños.

La familia era muy pobre. Según los relatos del caso, ambos padres bebían y el padre pegaba a su mujer y a sus hijos. En 1897 el padre fue condenado a 18 meses de cárcel por violar a su hija mayor, que tenía 13 años. La madre obtuvo la separación, volvió a casarse y se mudó a Düsseldorf.

El chico dejó la escuela en 1897 y entró como aprendiz en una fundición. Unos 2 años después robó dinero y se escapó. Desde entonces, su vida fue una larga cadena de pequeños delitos. Entre 1899 y su última detención fue encarcelado 17 veces.

En 1921 salió de una prisión militar y se trasladó a Altenburg, en el este de Alemania. Allí conoció a la mujer que sería su esposa. Se casaron unos 2 años después. Tuvo trabajos estables e incluso llegó a ser dirigente de un sindicato. En 1925 la pareja se mudó a Düsseldorf.

Para quienes lo rodeaban, era un hombre casado corriente de 40 y tantos años, con un empleo. Nadie sabía que ya en 1913, durante un robo, había matado a una niña.

El primer asesinato, 16 años antes

El 25 de mayo de 1913, Kürten entró a robar en una taberna de Mülheim. En una habitación sobre el local encontró dormida a la hija del tabernero. Se llamaba Christine Klein. Tenía 9 años.

La estranguló, le cortó la garganta y se fue.

El asesinato de Christine Klein no se resolvió entonces. **Durante 17 años nadie supo quién la había matado.** La policía conoció la respuesta solo en 1930, cuando el propio Kürten lo confesó.

En 1930 afirmó además que de niño, en 1893, había ahogado a 2 chicos. Eso nunca se demostró, y el tribunal no lo incluyó en la sentencia.

Empiezan los crímenes: febrero de 1929

La serie que aterrorizó a Düsseldorf comenzó en febrero de 1929 en Flingern, un barrio obrero del este de la ciudad.

El 3 de febrero de 1929, una mujer llamada Apollonia Kühn fue atacada en la calle y apuñalada 24 veces con unas tijeras. Sobrevivió.

Pocos días después fue asesinada una niña llamada Rosa Ohliger. Tenía 9 años. Las fuentes dan como fecha el 8 o el 9 de febrero. Fue estrangulada y apuñalada con unas tijeras, y su cuerpo fue arrastrado bajo un seto. El asesino volvió más tarde e intentó quemar el cadáver con queroseno. La encontraron bajo el seto al día siguiente.

El 13 de febrero, un mecánico llamado Rudolf Scheer recibió unas 20 puñaladas y fue abandonado moribundo en la misma zona de la ciudad. La mayoría de las fuentes le dan 45 años. Una le da 54.

Kürten contó más tarde al psiquiatra que lo examinó que, después del asesinato de Scheer, volvió al lugar mientras la policía trabajaba allí. Habló con un detective y fingió que solo había oído hablar del caso.

Un hombre confiesa y la policía busca en la dirección equivocada

Aquí la investigación cometió su primer error grave.

En 1929, un joven con una enfermedad mental confesó 3 de los asesinatos y otros 2 delitos. La policía se tomó la confesión en serio.

La confesión era falsa. Según la literatura alemana sobre el caso, retrasó la investigación y dirigió a los detectives hacia el hombre equivocado mientras el verdadero asesino seguía libre.

Mientras tanto, entre marzo y julio de 1929, otras 4 mujeres fueron atacadas por un hombre que intentó estrangularlas. Más tarde se supo que todas eran víctimas de Kürten.

Agosto de 1929: el verano del miedo

En agosto de 1929 los ataques volvieron, más rápidos y más descarados que antes.

El 8 de agosto, Kürten conoció a una joven criada llamada Maria Hahn. Quedaron en verse otra vez el domingo 11 de agosto para una excursión al valle de Neandertal, justo al este de la ciudad.

Pasaron varias horas juntos. Por la tarde la llevó a un prado. Allí la violó, la estranguló y la apuñaló muchas veces. Enterró su cuerpo en un campo.

Nadie lo vio. Nadie informó de ningún cadáver. Durante los 3 meses siguientes, Maria Hahn fue simplemente una desaparecida.

10 días después, la noche del 21 de agosto, 3 personas fueron apuñaladas en la calle en ataques separados: una chica de 18 años, un hombre de 30 y una mujer de 37. Los 3 sobrevivieron.

La feria de Flehe

El sábado 24 de agosto de 1929, Flehe, un barrio del sur de la ciudad, celebraba su feria anual.

Esa noche, 2 hermanas de acogida volvían de la feria a casa atravesando los campos. La menor era Gertrud Hamacher, de 5 años. La mayor era Luise Lenzen. Las fuentes le dan 13 o 14 años.

Un hombre las detuvo. Dio dinero a la mayor y le pidió que volviera a comprarle cigarrillos.

Mientras ella no estaba, estranguló a la niña de 5 años y le cortó la garganta. Dejó su cuerpo en un campo de judías.

Cuando Luise volvió con los cigarrillos, también la atacó a ella. La estranguló y la apuñaló. Más tarde se encontraron sus huellas junto al cuerpo. Había intentado huir.

A la mañana siguiente se hallaron los 2 cuerpos en los campos.

Al día siguiente, el 25 de agosto, una sirvienta de 27 años llamada Gertrud Schulte recibió muchas puñaladas. Sobrevivió. Iba a convertirse en uno de los testigos más importantes del caso, porque le había visto la cara.

El martillo

Desde finales de septiembre, el arma cambió.

La noche del 29 al 30 de septiembre de 1929, una criada de 31 años llamada Ida Reuter fue golpeada en la cabeza con un martillo, violada y asesinada. El 11 de octubre, una criada de 22 años llamada Elisabeth Dörrier fue atacada del mismo modo en un camino junto al Düssel, el pequeño río que da nombre a la ciudad. La encontraron a la mañana siguiente en coma y murió en el hospital.

El 25 de octubre, otras 2 mujeres fueron golpeadas con un martillo. Ambas sobrevivieron.

Para la policía, aquello resultaba confuso. Tijeras, cuchillo, manos desnudas, martillo. Niñas, mujeres, un hombre. Algunas víctimas fueron violadas y otras no. Muchos detectives creían que en Düsseldorf podía haber más de un agresor.

Las cartas

Entonces el asesino empezó a escribir.

En el otoño de 1929 llegaron cartas que decían ser del asesino. En una de ellas, fechada el 14 de octubre, confesaba el asesinato de Maria Hahn y decía que estaba enterrada "al borde del bosque".

El 7 de noviembre desapareció en Flingern una niña de 5 años llamada Gertrud Albermann. Había sido estrangulada y apuñalada muchas veces. Fue la última persona a la que Kürten mató.

Pocos días después, un periódico de la ciudad recibió un mapa dibujado a mano. Indicaba dónde estaba el cuerpo de Gertrud Albermann, entre unos huertos. También indicaba un segundo lugar: la tumba de Maria Hahn.

Gertrud Albermann fue encontrada donde decía el mapa.

El 15 de noviembre de 1929, los equipos de búsqueda cavaron en el segundo punto del mapa y hallaron los restos de Maria Hahn. Hasta ese día nadie sabía con certeza que estaba muerta.

Un perito caligráfico comparó las cartas y concluyó que las había escrito una sola persona.

La mayor búsqueda de su época

Ahora todo Düsseldorf vivía con miedo. Los padres tenían a los niños en casa. El caso salía en los periódicos de toda Alemania y del extranjero.

La policía de Düsseldorf pidió ayuda a Berlín. Llegó a la ciudad un alto mando, el jefe de la brigada de homicidios de la policía de Berlín. Estudió los ataques y concluyó que la mayoría, o todos, eran obra de un solo hombre, pese a las distintas armas.

A este investigador se le atribuye también la palabra alemana "Serienmörder", asesino en serie. La acuñó en relación con este caso.

Las cifras de la búsqueda fueron enormes para la época. A finales de 1929, la policía había recibido más de 13.000 cartas del público. Se interrogó a más de 9.000 personas. Los investigadores siguieron 2.650 pistas distintas. Una lista de posibles sospechosos llegó a unos 900.000 nombres.

Según la literatura alemana sobre el caso, al menos 3 de las pistas recibidas señalaban a Peter Kürten. Ninguna se siguió hasta el final.

Las fuentes no explican por qué. Lo que se sabe es que las pistas llegaban por miles y que la falsa confesión ya había enviado a los detectives en otra dirección. El hombre estaba casado, tenía trabajo y la policía solo lo conocía como un viejo delincuente menor.

El invierno y la primavera de 1930

Después de noviembre de 1929 no hubo más asesinatos.

Los ataques no cesaron. Entre febrero y mayo de 1930, Kürten atacó una y otra vez: martillazos, intentos de estrangulamiento, agresiones a mujeres jóvenes que encontraba en la calle. Según los registros, unas 10 mujeres resultaron heridas en ese periodo, y todas sobrevivieron.

La policía seguía sin un nombre.

La joven de Colonia

El 14 de mayo de 1930, una mujer de 20 años llegó a la estación central de Düsseldorf. Su nombre aparece en las fuentes de 2 formas: Maria Budlick en los relatos en inglés y Maria Butlies en los alemanes. Había venido desde Colonia a buscar trabajo y no tenía dónde dormir.

En la estación, un hombre empezó a hablar con ella y se ofreció a llevarla a un albergue. La condujo por un parque tranquilo. Discutieron.

Un segundo hombre se acercó y le preguntó si la estaban molestando. Cuando ella asintió, el primero se marchó.

El segundo hombre era Peter Kürten.

La llevó a su piso y le dio de comer y de beber. Ella le dijo con claridad que no le interesaba nada más. Él respondió que estaba bien y se ofreció a llevarla a un sitio donde pudiera dormir.

En lugar de eso, la llevó al bosque de Grafenberg, en las afueras de la ciudad. Allí la agarró por el cuello y la violó.

Después, por razones que solo él conocía, aflojó.

Le preguntó si recordaba dónde vivía él. Ella dijo que no. Era mentira, y más tarde dijo que creía que esa mentira le había salvado la vida.

La dejó marchar.

La carta que fue a la dirección equivocada

No fue a la policía. En lugar de eso, escribió una carta a una amiga contándole lo que había pasado.

Se equivocó de dirección.

La carta no pudo entregarse. El 19 de mayo de 1930, un empleado de correos la abrió para encontrar al remitente, leyó lo que decía y la entregó a la policía.

El investigador de Berlín leyó la carta en persona y fue a buscar a la joven.

Ella se lo contó todo. No sabía el nombre del hombre, pero recordaba la calle. El 21 de mayo guió a los detectives por la ciudad y se detuvo ante un edificio de la Mettmanner Straße. La casera les dijo que el inquilino de la habitación que describía era Peter Kürten.

Los últimos 3 días

Kürten los vio. Estaba en el edificio cuando la joven y los detectives subían por la escalera, y salió.

Esa noche no volvió a casa.

Le dijo a su esposa que había violado a una joven y que probablemente volvería a la cárcel. Estuvo fuera 2 días.

El 23 de mayo de 1930 regresó y le dijo a su esposa otra cosa. Le dijo que él era el Vampiro de Düsseldorf.

Según los relatos, le pidió que fuera a la policía y cobrara la recompensa ofrecida.

Al día siguiente, ella fue a la policía. Dijo que su marido iba a encontrarse con ella delante de la iglesia de San Roque, en Düsseldorf.

La tarde del 24 de mayo de 1930, unos agentes lo detuvieron junto a la iglesia a punta de pistola.

Gertrud Schulte, la mujer que sobrevivió a las puñaladas en agosto, y la joven de Colonia lo identificaron.

La confesión

Kürten confesó el mismo día de su detención. En las semanas siguientes describió 68 delitos, entre ellos 9 asesinatos y 31 intentos de asesinato, desde 1913.

Dio fechas, lugares y detalles que solo el asesino podía conocer, como los mapas que había enviado y el lugar donde había enterrado a Maria Hahn.

Así se resolvió por fin también el asesinato de Christine Klein en Mülheim, 17 años después.

No todo lo que dijo era cierto. Confesó 3 asesinatos y 4 intentos cerca de Altenburg, donde había vivido a principios de los años 20. Esas afirmaciones se comprobaron y resultaron falsas.

En junio de 1930 se retractó de su confesión de los asesinatos. En agosto de 1930 la confirmó de nuevo.

El médico que lo examinó más de cerca fue un profesor de medicina legal llamado Karl Berg. Berg lo entrevistó durante muchas horas, en la cárcel y durante el juicio. Kürten le dijo que la visión de la sangre lo excitaba y que, para él, la violencia y el placer sexual estaban unidos. También dijo que se vengaba de una sociedad que lo había tratado mal desde la infancia. Berg escribió después un libro sobre el caso.

Fueron las palabras de Kürten a Berg sobre la sangre las que dieron al caso el nombre que todavía lleva.

El juicio

El juicio se abrió en Düsseldorf el 13 de abril de 1931. Se le acusó de 9 asesinatos y 7 intentos de asesinato.

Su abogado alegó que no era culpable por enajenación mental. Más tarde, Kürten se declaró culpable.

La cuestión jurídica central no era si lo había hecho. Había confesado. La cuestión era si era legalmente responsable. 5 médicos y psiquiatras declararon que estaba cuerdo ante la ley. Karl Berg dijo al tribunal que, según su valoración, el móvil era un 90 por ciento sadismo y un 10 por ciento venganza.

El 22 de abril de 1931, tras menos de 2 horas de deliberación, el tribunal lo declaró culpable de los 9 asesinatos y de los 7 intentos. Recibió 9 condenas a muerte y, además, 15 años de presidio por los intentos de asesinato.

No recurrió. El gobierno de Prusia rechazó una petición de clemencia a finales de junio de 1931.

A las 6 de la mañana del 2 de julio de 1931, Peter Kürten fue ejecutado en la guillotina en el patio de la prisión de Klingelpütz, en Colonia. Tenía 48 años.

Después

El caso dejó 2 huellas que duran hasta hoy.

La primera es una película. En mayo de 1931, pocas semanas después de la sentencia, el director Fritz Lang estrenó "M, el vampiro de Düsseldorf" (en alemán "M - Eine Stadt sucht einen Mörder", "M - Una ciudad busca a un asesino"). Cuenta la historia de un asesino de niños ficticio en una ciudad alemana, perseguido a la vez por la policía y por el hampa. El caso de Düsseldorf es uno de varios casos reales que la inspiraron.

La segunda es más extraña. Después de la ejecución, la cabeza de Kürten fue cortada por la mitad y conservada para su estudio científico. Los médicos no encontraron nada anormal en su cerebro. Tras la Segunda Guerra Mundial, la cabeza fue llevada a Estados Unidos. Hoy se exhibe en un museo de curiosidades en Wisconsin.

Quedan algunas preguntas abiertas, y son pequeñas. No se conoce el número exacto de personas a las que atacó, porque algunas víctimas nunca lo denunciaron y algunas de sus afirmaciones eran falsas. Las fuentes también discrepan en varias fechas y edades, y por eso este artículo da más de un dato cuando no coinciden.

Pero la gran pregunta de 1929 está cerrada. Al Vampiro de Düsseldorf no lo encontraron los 900.000 nombres de la lista, sino una carta que fue a la dirección equivocada.

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