Las calaveras de cristal: cómo una rueda de joyero delató la leyenda de los antiguos mayas
En julio de 1936, los lectores de Man, la revista del Real Instituto Antropologico de Londres, asistieron a un extrano teatro forense: dos craneos humanos de tamano natural, en cristal de roca pulido, fotografiados y medidos punto por punto. El anatomista G. M. Morant concluyo que se parecian demasiado para ser obras independientes: uno, sugirio, habia sido copiado del otro. Adrian Digby, del Museo Britanico, discrepo por escrito. Uno de los craneos pertenecia al museo. El otro se exhibia en la galeria londinense del marchante Sydney Burney, y nadie en aquel cortes intercambio imagino que acabaria su carrera como la "reliquia maya" mas famosa de la tierra.
La leyenda llego despues, y era magnifica. El aventurero britanico F. A. Mitchell-Hedges hizo saber que su hija adoptiva Anna habia descubierto el craneo hacia su decimoseptimo cumpleanos, en 1924, bajo un altar derrumbado en las ruinas mayas de Lubaantun, en la Honduras Britanica: un objeto impecable, frio al tacto, al que el mismo dio en llamar el Craneo del Destino. En sus memorias de 1954, Danger My Ally, anadio misterio en lugar de pruebas, escribiendo unicamente que tenia razones para no revelar como habia llegado a sus manos. Hizo bien en ser cauto: las razones dormian en los archivos.
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