La cascada que se tragaba medio río, y cómo dos números resolvieron el misterio
En la costa norte del lago Superior, dentro del parque estatal Judge C.R. Magney, en Minnesota, el río Brule baja de prisa por el bosque. A unos dos kilómetros y medio antes de llegar al gran lago frío, el agua choca con un terco nudillo de antigua roca volcánica que parte la corriente en dos. La mitad oriental se vuelca por el borde de una cascada corriente, cae unos quince metros y sigue rodando hacia el lago Superior como se supone que hacen los ríos. La mitad occidental se vierte de lado en una marmita cilíndrica abierta en la piedra, un agujero turbulento que los lugareños llaman la Caldera del Diablo, y entonces, sencillamente, ya no está.
Al lugar se llega a pie, y el sendero termina en un mirador de madera sobre la cascada. Desde la baranda la división es inequívoca: un río, dos destinos, y solo uno de ellos con cuentas claras. Jeff Green se detuvo allí por primera vez como turista en una salida familiar, años antes de que su trabajo le diera cualquier interés profesional en el sitio. Se hizo la pregunta que se hace todo visitante, la que ese agujero lleva un siglo planteando a la gente. ¿Adónde va el agua?
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