En disputa

Luces de terremoto: el resplandor en el cielo que la ciencia se negaba a creer

2026-07-02 · Naturaleza inexplicable · 11 min de lectura

La tarde del 12 de noviembre de 1988, la gente a orillas del río San Lorenzo, cerca de la ciudad de Quebec, vio un globo brillante de luz rosa-violeta deslizarse por el cielo, bajo y silencioso, como si inspeccionara el valle a sus pies. No parpadeó ni se desvaneció como hace un rayo. Los testigos lo describieron moviéndose a un ritmo firme y deliberado hacia el nornoreste, siguiendo la línea del río, durante dos o tres minutos enteros antes de apagarse por sí solo. Once días después, el 25 de noviembre, un terremoto de magnitud 5,9 sacudió la región de Saguenay, a unos 150 kilómetros al norte - el más fuerte que el este de Canadá había sentido en décadas. Una investigadora llamada France St-Laurent se propuso reunir los avistamientos y acabó juntando 46 informes lo bastante detallados para analizarlos, publicando la secuencia en la revista Seismological Research Letters. Lo inquietante es la cronología, que se niega a quedarse quieta: el cielo se encendió once días antes de que la tierra se moviera.

Relatos como estos son antiguos y extrañamente coherentes entre culturas que jamás se hablaron. Mucho antes de que los terremotos tuvieran una ciencia, cronistas de Europa, Asia y América describían un cielo que se portaba mal mientras el suelo temblaba: llamas azuladas que subían de la tierra, orbes luminosos que flotaban sobre los valles, sábanas de luz pálida erguidas en el horizonte de una noche sin nubes. En 1948, el estudioso suizo Frederick Montandon llegó a recopilar y clasificar estos fenómenos luminosos geoatmosféricos en categorías, un intento temprano de tratar el folclore como datos. Pero durante casi toda la historia moderna, los sismólogos archivaron esos testimonios en el mismo estante que las serpientes marinas: folclore, pánico o simples rayos mal recordados por gente asustada.

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