Las senales de milisegundos que llegan del borde del universo
En 2007, un astronomo se sento ante unos datos que ya tenian seis anos y encontro un grito enterrado en ellos. Duncan Lorimer, de la Universidad de Virginia Occidental, habia entregado a un estudiante llamado David Narkevic un conjunto de grabaciones archivadas del radiotelescopio Parkes, en Australia, observaciones hechas en 2001 mientras el gran plato barria el cielo cerca de la Pequena Nube de Magallanes. En algun lugar de aquella pila de numeros se escondia un unico pico: una rafaga de energia de radio que duraba menos de cinco milisegundos, tan brillante que por un instante eclipso casi todo lo demas en el cielo, y luego desaparecio. Ocurrio una vez, el 24 de julio de 2001, y nunca se repitio. Nadie lo habia notado durante anos.
Aquel pico, hoy conocido como la rafaga de Lorimer, fue la primera rafaga rapida de radio, o FRB por sus siglas en ingles, y llevaba una huella extrana que definiria todo el campo. Las ondas de radio de distintas frecuencias no viajan por el universo exactamente al mismo ritmo. Cuando un pulso agudo cruza el plasma tenue del espacio interestelar e intergalactico, sus frecuencias mas altas llegan un poco antes que las bajas, difuminadas en un barrido descendente. La magnitud de ese difuminado se llama medida de dispersion, y funciona como un odometro de distancia: cuanto mas espacio ha cruzado la senal, mas electrones ha atravesado y mas se separan sus frecuencias. La medida de dispersion de la rafaga de Lorimer era enorme, unas diez veces mayor de lo que toda nuestra galaxia podia explicar a lo largo de esa linea de vision. Si el numero significaba lo que parecia, la rafaga venia de muy lejos, fuera de la Via Lactea, de algo quiza a miles de millones de anos luz, liberando en unas milesimas de segundo tanta energia como el Sol vierte en dias.
Regístrate y obtén tu primer mes totalmente gratis — acceso ilimitado a todo el archivo, sin anuncios para suscriptores. Cancela cuando quieras.
Suscríbete — primer mes gratis