Documentado

El dirigible que volvio a casa sin su tripulacion: el misterio del L-8

2026-08-25 · Desaparecidos sin rastro · 8 min de lectura

Lo primero que notaron los vecinos de Bellevue Avenue fue la sombra. Cruzo los tejados de Daly City un poco despues de las once de la manana de un domingo de agosto de 1942, arrastrando un cabo de amarre entre la niebla de la costa, y cuando la gente salio a los porches un dirigible de la Marina de Estados Unidos ya estaba posandose sobre su calle. Rozo la casa numero 419, se aplasto contra un coche aparcado y quedo detenido con la envoltura desinflandose sobre la acera como una tienda de campana caida. Los bomberos de un parque situado a una manzana llegaron corriendo con cuchillos y cortaron la tela para llegar a quien estuviera atrapado dentro.

La barquilla estaba vacia.

La radio funcionaba. Los paracaidas seguian guardados. La balsa salvavidas inflable seguia amarrada en su sitio, los interruptores de encendido estaban puestos, quedaba combustible en los depositos y las dos puertas de la barquilla estaban abiertas. De los dos oficiales que habian despegado de Treasure Island cinco horas antes no habia ni rastro. No lo ha habido desde entonces.

El dirigible era el L-8, una pequena aeronave de patrulla no rigida construida como nave comercial de Goodyear e incorporada al servicio naval despues de Pearl Harbor. Pertenecia al escuadron de dirigibles ZP-32 y operaba desde Treasure Island, en la bahia de San Francisco. El trabajo no tenia ningun brillo y, en el verano de 1942, era completamente serio. Ese ano habian operado submarinos japoneses frente a la costa oeste de Estados Unidos, y en febrero uno de ellos habia bombardeado una instalacion petrolera en la costa de California. Un dirigible era lento y fragil, pero podia quedarse horas sobre un trozo de oceano, mirar a traves del agua clara un casco sumergido y soltar un marcador de humo o una carga de profundidad.

A las 6:03 de la manana del domingo 16 de agosto de 1942, el L-8 despego para una patrulla antisubmarina rutinaria sobre los accesos al Golden Gate. A bordo iban dos hombres: el teniente Ernest DeWitt Cody, de veintisiete anos, al mando, y el alferez Charles Ellis Adams, un veterano de los dirigibles que habia recibido su despacho de oficial poco antes y hacia su primera patrulla con ese grado. Un tercer tripulante, el maquinista James Riley Hill, recibio la orden de bajar minutos antes de la salida. Cody considero que la nave iba demasiado pesada para las condiciones de aquella manana y Hill se quedo en tierra. Le preguntarian por esa decision durante gran parte del resto de su vida.

Hacia las 7:40 la tripulacion llamo por radio a Treasure Island. Habian visto una mancha de aceite en el agua a pocas millas de las islas Farallon y bajaban a inspeccionarla. El mensaje era corriente, tranquilo y completo. Fue lo ultimo que se supo de ellos.

Lo que ocurrio sobre la mancha no paso desapercibido. Dos barcos estaban lo bastante cerca para verlo, y las dos tripulaciones declararon despues. El pesquero Daisy Gray faenaba en la zona; su primer oficial distinguia a dos hombres en la barquilla, lo bastante cerca para notar que uno tenia el pelo oscuro. Desde el buque Liberty Albert Gallatin observaron con prismaticos como el dirigible soltaba boyas de humo sobre el agua para marcar la mancha y luego la rodeaba, primero a doscientos o trescientos pies y despues mas bajo, hasta descender en un momento a unos treinta pies sobre el oleaje. Las maniobras parecian deliberadas y profesionales. Nadie en ninguno de los dos barcos vio caer a nadie, vio a nadie en el agua ni vio nada acercarse a la aeronave.

Entonces el L-8 subio y se alejo. Ascendio, se salio de su ruta de patrulla asignada y viro al este hacia San Francisco, y lo hizo sin decir una palabra. Treasure Island lo llamo y no obtuvo respuesta. La radio de la barquilla se encontro despues en perfecto estado y correctamente sintonizada. Lo que acabo con el vuelo de Cody y Adams no dano su equipo y no les dio tiempo, ni motivo, para usarlo.

A ultima hora de la manana la aeronave estaba ya sobre la propia ciudad, baja e inestable, hundiendose a medida que perdia helio. Llego sobre Ocean Beach y toco la arena, y por un momento dos pescadores de orilla agarraron un cabo que arrastraba e intentaron sujetarla. Pudo con ellos. Volvio a elevarse, golpeo el acantilado junto al campo de golf del Olympic Club, dano una helice y solto una de sus dos cargas de profundidad, que cayo sobre la calle del campo y no exploto. Aligerada, subio otra vez, derivo tierra adentro sobre Mission Street y finalmente bajo en Bellevue Avenue, en Daly City, con cientos de curiosos corriendo detras.

Ad

La busqueda que siguio fue inmediata y enorme. Aviones, buques de superficie y embarcaciones pequenas cubrieron el agua frente a los Farallones y los accesos al Golden Gate. No se encontro nada: ni cuerpos, ni chalecos, ni restos, ni aceite donde no debiera haberlo. Nunca se localizo ningun submarino cerca de la mancha, y la mancha misma nunca se explico de forma concluyente, aunque un vertido rutinario de un barco de paso era la candidata obvia y la que aceptaron casi todos los investigadores.

Un tribunal de investigacion de la Marina tomo declaraciones durante semanas. Establecio con razonable seguridad lo que no habia pasado. Al L-8 no le habian disparado ni lo habian atacado. No hubo incendio, ni explosion, ni fallo estructural. No se poso en el mar ni fue recuperado de el. El tribunal no hallo nada en la conducta ni en los expedientes de ninguno de los dos oficiales que sugiriera mala conducta. Tambien dejo constancia de sus dudas sobre el pestillo de seguridad de la puerta de la barquilla, y eso es lo mas cerca que estuvo nunca la Marina de un mecanismo. Lo que el tribunal no pudo hacer fue decir adonde habian ido los hombres. Admitio, en la practica, que la respuesta era cuestion de conjeturas. Cody y Adams fueron declarados legalmente muertos en 1943.

Dos detalles del pecio han marcado todos los debates posteriores. Los paracaidas estaban a bordo, sin usar. Y los dos chalecos salvavidas de los hombres, los chalecos inflables que toda tripulacion llevaba sobre el agua, habian desaparecido de la nave. Fuera lo que fuera lo que saco a Ernest Cody y a Charles Adams de aquella barquilla, salieron llevando el equipo que debia mantenerlos vivos en el mar, y nunca se los encontro con el.

Conclusiones y preguntas abiertas

La explicacion hacia la que se inclino la Marina es tambien la menos dramatica. En esa reconstruccion, uno de los hombres abrio la escotilla trasera o la puerta para ocuparse de una boya de humo, perdio pie y cayo a medias, y el otro, al intentar sujetarlo, salio con el. Encaja con buena parte de las pruebas. Explica las puertas abiertas, los chalecos ausentes y los paracaidas guardados, que nadie habria tenido tiempo de alcanzar. Explica tambien el ascenso repentino de la aeronave: un dirigible de clase L equilibrado para dos tripulantes sube con fuerza en cuanto se le quitan unos ciento sesenta kilos, y una nave que sube sin nadie a bordo y deriva tierra adentro es exactamente lo que describe el resto de aquel dia.

La debilidad de la teoria de la caida accidental es el silencio y el publico. Las tripulaciones de dos barcos miraron el dirigible durante todo aquel giro bajo y lento, y ninguno de ellos vio caer a un hombre al agua. El historiador de la aviacion Dan Grossman ha anadido otra objecion: la secuencia contradice el modo en que se les entrenaba. Un oficial cuyo companero cuelga de una puerta abierta tiene la radio al alcance de la mano, y lo primero que debe hacer es avisar. Ninguno de los dos lo hizo. Ademas, el mar frente al Golden Gate es agua muy transitada. Dos hombres con chalecos inflados, a plena luz del dia, a la vista del trafico maritimo, no suelen perderse sin dejar rastro.

Las teorias de guerra iban en la direccion contraria. Se dijo entonces, y se repitio durante decadas, que a los hombres se los habia llevado un submarino japones, o que habian desertado, o pasado al enemigo. Hay muy poco que las sostenga. Jamas se ha presentado un documento naval japones sobre semejante accion, y ninguno de los amplios trabajos de posguerra sobre las operaciones submarinas japonesas frente a California ha sacado uno a la luz. Un submarino que emerge a plena luz, a la vista de un pesquero y de un buque Liberty, para sacar a dos hombres de un dirigible sin que ninguna de las dos tripulaciones lo advierta es mucho mas dificil de creer que una caida. La desercion tropieza con el mismo problema al reves: exige un plan que empieza con un dirigible que despues vuela solo hasta un barrio residencial, y no habia nada en los expedientes de ninguno de los dos oficiales, ni en las vidas que dejaron atras, que apuntara en esa direccion.

Las lecturas mas oscuras, que los dos hombres pelearan o que hubiera un polizon a bordo, circulan desde 1942 y sobreviven sobre todo porque el caso esta lo bastante vacio para albergarlas. Las dos dejan el mismo agujero: alguien tendria que haberse quedado en la barquilla, y despues ese alguien tendria que haber salido tambien. Una mujer que siguio el descenso con prismaticos declaro haber visto a tres hombres a bordo, pero los testimonios de la ciudad aquella manana se contradicen gravemente. Otros dijeron no haber visto a nadie, y algunos hablaron de paracaidas que los restos demostraron que nunca se usaron. El testimonio de transeuntes sobre una aeronave lejana entre la niebla es exactamente el tipo de prueba que un tribunal de investigacion aprende a pesar con prudencia.

Lo que queda es un conjunto de hechos que ninguna teoria ha cerrado todavia. Dos oficiales entrenados abandonaron una aeronave en buen estado, a plena luz del dia, sobre un agua vigilada desde dos direcciones, llevando sus chalecos y dejando atras los paracaidas, sin tocar una radio que estaba encendida y operativa. El mar no devolvio nada. El propio dirigible fue reparado en pocas semanas y volvio a volar; despues de la guerra su barquilla se vendio a Goodyear, llevo publicidad sobre ciudades americanas durante anos y hoy se conserva en el Museo Nacional de Aviacion Naval de Pensacola, restaurada con sus marcas de guerra. La aeronave sobrevivio al misterio mas de ochenta anos. Los hombres no, y el expediente sigue sin una linea que diga adonde fueron.

Lecturas gratuitas restantes este mes: 0

Comparte este artículo:

Comentarios de lectores (0)
Solo los suscriptores activos con pago verificado pueden comentar. Acceso completo