Resuelto

Globsters: los monstruos de playa que resultaron ser ballenas

2025-03-19 · Criaturas misteriosas · 5 min de lectura

La mañana del 30 de noviembre de 1896, dos muchachos, Herbert Coles y Dunham Coretter, pedaleaban por la playa de la isla de Anastasia, cerca de San Agustín, en Florida, cuando toparon con una pálida montaña de carne medio enterrada en la arena. Solo la parte visible medía unos cinco metros y medio de largo por dos de ancho, y el médico local que llegó hasta ella al día siguiente, el doctor DeWitt Webb, fundador de la Sociedad Histórica de San Agustín y la única persona con formación académica que la examinó en el lugar, calculó su peso en casi cinco toneladas. No tenía cabeza, ni ojos, ni extremidades que nadie supiera nombrar. Webb se convenció de que era el cuerpo de un pulpo colosal y envió una muestra de tejido al eminente naturalista de Yale Addison Verrill, quien en febrero de 1897 dio a la cosa un nombre latino: Octopus giganteus. Por un momento, la costa estadounidense tuvo un monstruo con ficha propia.

No fue el último de su clase. En 1924, un cadáver blanco de aspecto peludo llegó a la orilla en Margate, Sudáfrica, apodado después Trunko, luego de que unos testigos afirmaran haberlo visto luchar contra orcas. En agosto de 1960 apareció en una playa remota de Tasmania una masa aún mayor, de unos seis metros de ancho y cubierta de cerdas rígidas. En 1962, el zoólogo Ivan T. Sanderson dio a estas apariciones el nombre que se quedó: el globster, un amasijo sin frente, dorso, huesos ni órganos reconocibles.

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