El barco que no podía hundirse — y las 25 personas que desaparecieron de él
El 10 de noviembre de 1955, la tripulación del mercante Tuvalu avistó algo extraño entre el oleaje al norte de Fiyi: una pequeña embarcación blanca a motor, muy escorada a babor, con las cubiertas anegadas, derivando sin nadie al timón. Era el Joyita, con cinco semanas de retraso en una travesía isleña de rutina. De las 25 personas que habían zarpado a bordo, ninguna volvió a ser vista jamás.
El Joyita había salido de Apia, en la entonces Samoa Occidental, el 3 de octubre, rumbo a las islas Tokelau, a unas 270 millas — un trayecto de unos dos días. Iban a bordo 16 tripulantes y 9 pasajeros, entre ellos un médico del gobierno con suministros sanitarios, bajo el mando del capitán Thomas "Dusty" Miller, un marino de origen británico que conocía el barco a fondo. Cuando no llegó a destino, aviones de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda rastrearon casi 100.000 millas cuadradas de océano. No encontraron nada.
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