La lluvia de carne de Kentucky: el día que la carne cayó de un cielo despejado
El cielo sobre el condado de Bath, en Kentucky, estaba despejado la mañana del 3 de marzo de 1876. En algún momento entre las once y el mediodía, en la granja de Allen Crouch, a dos o tres millas del pequeño balneario de Olympia Springs, su esposa Rebecca estaba en el patio haciendo jabón. Se hallaba quizá a cuarenta pasos de la casa cuando el aire a su alrededor empezó a llenarse de copos de lo que parecía, inconfundiblemente, carne roja fresca. Descendían con suavidad, sin viento alguno que los llevara, sobre una franja de terreno de unas cien yardas de largo por cincuenta de ancho. La mayoría de los trozos medían unas dos pulgadas cuadradas; el mayor, se dijo, rozaba las cuatro. No había nube en lo alto, ni ave a la vista, ni nada en el aire quieto de marzo que explicara de dónde había salido la carne. La señora Crouch, según todos los testimonios, quedó muy alterada.
La caída en sí fue breve. Los relatos de la época la reducen a unos pocos minutos, de los cuales quizá dos con carne cayendo de verdad, todo dentro de la hora que va de las once al mediodía. Las descripciones de los trozos varían en el registro: algunos informes dan medidas de unas dos pulgadas cuadradas, mientras otros describen un rango que va del tamaño de un granizo al de la mano de Rebecca Crouch. Lo que ningún relato discute es la forma de la caída. Bajó sobre un rectángulo de terreno bien definido, de unas cien yardas por cincuenta, y allí cesó.
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