Documentado

La escritura que sabemos pronunciar pero no entender: el lineal A

2026-08-29 · Cifrados sin resolver · 8 min de lectura

En la primavera de 1900 un ingles miope con baston estaba de pie en una ladera al sur de Heraclion, mirando como sus obreros retiraban la tierra de un edificio que llevaba tres mil quinientos anos enterrado. Arthur Evans habia comprado parte del terreno con su propio dinero. Habia llegado a Creta buscando una cosa por encima de todas: escritura. Estaba convencido de que el mundo egeo habia sido letrado mucho antes que la Grecia clasica, y a los pocos dias de abrir la tierra sus cuadrillas empezaron a entregarle exactamente lo que queria. Tablillas pequenas de barro secado al sol, rayadas en lineas, cubiertas de hileras ordenadas de signos.

No eran letras griegas. No eran jeroglificos egipcios. Eran algo que ninguna persona viva habia visto jamas.

Evans llamo Cnosos al palacio, llamo minoica a la civilizacion en honor al legendario rey Minos, y ordeno la escritura en tres sistemas. Al mas antiguo y pictorico lo llamo jeroglifico cretense. A los dos posteriores, construidos con trazos mas simples, los llamo lineal A y lineal B. Despues se sento a leerlos. Trabajo en ello el resto de su vida, publico las tablillas con lentitud y celo, y murio en 1941 sin haber leido una sola frase.

El lineal A fue la escritura de los palacios minoicos, en uso desde alrededor del 1800 a.C. hasta cerca del 1450 a.C., cuando esos palacios ardieron. Era una escritura de trabajo, no monumental. Los escribas la imprimian con punzon en el barro humedo, la rayaban en el borde de mesas de libacion de piedra, la pintaban dentro de copas y la grababan en alfileres de oro y plata. Sobreviven unas 1.400 inscripciones legibles, con unos 7.400 signos individuales. Cerca de la mitad de todo lo que tenemos salio de un solo yacimiento: Hagia Triada, en el sur de Creta, que ha dado mas de 1.200 objetos con lineal A. Zakros aporto casi 600 y Jania algo mas de 300. Han aparecido piezas sueltas lejos de la isla, en Micenas y Argos en la Grecia continental y en Mileto, en la costa de Anatolia, lo que indica que la escritura viajaba con el comercio minoico.

El sistema emplea mas de 300 signos distintos. Unos noventa aparecen con frecuencia suficiente, en bastantes yacimientos y a lo largo de bastantes siglos, para formar un nucleo estable. Esa forma, un conjunto manejable de signos frecuentes mas una larga cola de signos raros, es la firma de una escritura logosilabica: signos silabicos que deletrean palabras, mezclados con signos de palabra que representan una mercancia entera, mas los numerales.

Entonces, hacia el 1450 a.C., los palacios cretenses cayeron y los griegos micenicos ocuparon la isla. No inventaron una escritura propia. Tomaron la que ya estaba alli, la ajustaron y la usaron para escribir su propia lengua. Esa version adaptada es el lineal B.

El lineal B es justamente lo que convierte al lineal A en un misterio tan peculiar.

Durante medio siglo el lineal B resistio a todos, incluido Evans, que insistio hasta el final en que no podia ser griego. Cayo en 1952 ante Michael Ventris, un arquitecto londinense obsesionado con el problema desde que escucho una conferencia de Evans siendo colegial. Ventris no adivino significados. Construyo rejillas, clasificando los signos segun cuales alternaban con cuales en la misma posicion dentro de palabras flexionadas, hasta que la rejilla empezo a comportarse como un silabario con filas de consonantes y columnas de vocales. Cuando por fin le impuso valores fonicos, las palabras que salieron eran griegas: ko-wo para ninos, ko-wa para ninas, pa-te para padre. Evans se habia equivocado. Ventris, junto al filologo John Chadwick, publico el desciframiento y murio en un accidente de trafico cuatro anos despues, a los treinta y cuatro.

Como el lineal B nacio directamente del lineal A, ambas escrituras comparten la mayoria de sus signos. Asi que el movimiento obvio, hecho casi de inmediato, fue aplicar hacia atras los valores foneticos de Ventris a la escritura mas antigua y ver que salia.

Funciona. Funciona de manera inquietante.

Leido asi, el lineal A deja de callar. Los numerales se resuelven en un sistema decimal limpio: trazos verticales para las unidades, horizontales para las decenas, circulos para las centenas, circulos con rayos para los millares, mas un juego de signos de fraccion cuyos valores exactos aun se discuten. Los documentos se resuelven en lo que evidentemente son: contabilidad. Listas de mercancias, cantidades, personas, lugares. Al pie de muchas tablillas aparece la palabra ku-ro, seguida de una cifra que resulta ser la suma de las cifras escritas encima. Otra palabra, ki-ro, marca algo parecido a un deficit, una cantidad todavia adeudada. Decenas de topónimos de esas tablillas reaparecen, escritos casi igual, en documentos en lineal B redactados siglos despues por griegos que habian heredado el mismo paisaje.

Hay incluso una formula. Unas cuarenta y una inscripciones de veintisiete yacimientos cretenses distintos, la mayoria talladas en mesas de libacion de piedra procedentes de santuarios de montana y de cueva, llevan una frase religiosa repetida que los estudiosos llaman sin mas la formula de libacion. La misma secuencia inicial, luego una casilla variable que probablemente es el nombre de un lugar o de una divinidad, luego mas palabras fijas. Es sin duda un texto liturgico. Podemos pronunciar cada una de sus silabas.

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Y ese es todo el problema. Podemos pronunciar el lineal A. No entendemos ni una palabra.

Nadie ha logrado emparentar la lengua que hay debajo con ninguna lengua registrada en ningun otro lugar del planeta. Ni el griego. Ni el hitita ni el luvita. Ni el fenicio ni ninguna otra lengua semitica. Ni el egipcio, ni el etrusco, ni nada de la familia uralica. Los minoicos llevaban sus cuentas en una lengua que, con la evidencia actual, no parece emparentada con nada.

Conclusiones y preguntas abiertas

Los obstaculos son inusualmente faciles de enumerar, y eso es parte de lo que hace tan frustrante el caso.

El corpus es pequeno. Unas 1.400 inscripciones frente a casi 6.000 del lineal B, mientras que el cuneiforme suma cientos de miles de tablillas. Peor aun, la mayoria de los textos en lineal A son cortos, rotos y administrativos. No hay literatura, ni una carta, ni un tratado, ni un relato, nada con gramatica continua suficiente para revelar como flexiona la lengua.

Y no hay bilingue. Los jeroglificos egipcios cayeron porque la piedra de Rosetta llevaba el mismo decreto en griego. Nada semejante ha salido nunca del suelo cretense, y tras 126 anos de excavacion las probabilidades no mejoran.

Las teorias se reparten en tres campos, y cada uno es fuerte en un punto distinto.

Uno sostiene que el minoico es semitico. Lo defendio con especial fuerza desde los anos cincuenta Cyrus Gordon, un formidable orientalista que aplico los nuevos valores del lineal B al lineal A y leyo palabras semiticas en el resultado, senalando entre otras cosas que ku-ro se acerca a una raiz semitica que significa "todo". Su fuerza es el contexto: Creta comerciaba sin cesar con el Levante, y unos prestamos semiticos en el Egeo no tendrian nada de raro. Su debilidad es que nunca se generalizo. Los criticos, incluidos estudiosos que admiraban la amplitud de Gordon, juzgaron que las lecturas solo funcionaban con palabras escogidas y que el mismo metodo aplicado a un tramo mas largo de texto no producia nada coherente. Gordon siguio convencido hasta el final. Convencio a muy pocos colegas.

Un segundo campo sostiene que el minoico es indoeuropeo. Gareth Owens, que trabaja en Creta, defiende que el minoico es un primo lejano del griego y el armenio que se separo del protoindoeuropeo despues de la rama hitita pero antes que las demas, y ha propuesto lecturas de partes de la formula de libacion sobre esa base. La fuerza del argumento es que algunas de las palabras resultantes parecen razonables. Su debilidad es aritmetica: con unos pocos miles de signos y una hipotesis lo bastante flexible para permitir cambios foneticos fuertes, un punado de coincidencias verosimiles es aproximadamente lo que produciria el puro azar. La egeistica dominante no lo ha aceptado.

Una tercera postura, hoy la opcion por defecto, es que el minoico es una lengua aislada, una huerfana autentica como el vasco, sin parientes vivos con los que compararla. Su fuerza es que explica el fracaso de todas las comparaciones intentadas. Su debilidad es que en realidad no es una teoria. No predice nada y nunca puede demostrarse del todo.

Mientras tanto, parte del trabajo mas serio de los ultimos anos ha renunciado deliberadamente a leer la escritura. El proyecto SigLA de Ester Salgarella copio a mano unas 300 formas de signo de unas 400 inscripciones para construir una base de datos paleografica, con el razonamiento de que antes de descifrar el lineal A los estudiosos deben ponerse de acuerdo sobre que trazos son el mismo signo y cuales no. Los ataques computacionales y de aprendizaje automatico aparecen cada pocos anos, el ultimo en 2026, y chocan siempre con la misma objecion: un metodo estadistico alimentado con 7.400 signos siempre senalara una familia linguistica que encaje mejor, y encajar mejor no es descifrar.

Debajo de todo ello hay dos preguntas que rara vez se formulan en voz alta. La primera es si los valores foneticos prestados son siquiera correctos. Descansan en el supuesto de que un signo del lineal B conservo el valor que tenia en lineal A. Es un supuesto razonable, porque los griegos adaptaron la escritura en lugar de inventarla, pero ninguna evidencia independiente lo ha confirmado. Si es falso aunque sea en parte, toda lectura construida sobre el es falsa con el. La segunda es si el lineal A registra una sola lengua. La escritura estuvo en uso tres siglos y medio en una isla de centros palaciales separados, y nada garantiza que los escribas de Hagia Triada y los de Zakros escribieran la misma lengua.

Lo que queda, por tanto, es un silencio extrano y muy concreto. Sabemos que contaban los minoicos, cuanto tenian de ello y aproximadamente donde lo guardaban. Podemos estar de pie en un museo y pronunciar en voz alta las silabas de una oracion grabada en un cuenco de piedra en la cima de una montana cretense hace treinta y cinco siglos. Simplemente no tenemos ni idea de que estamos diciendo.

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