Documentado

Cuando el Pentágono admitió que no lo sabe

2026-06-11 · Objetos no identificados (OVNI) · 9 min de lectura

Una tarde despejada de noviembre de 2004, a unas cien millas al suroeste de San Diego, un caza Super Hornet de la Armada estadounidense abandonó un vuelo de entrenamiento rutinario para descender hacia algo que los operadores de radar del crucero USS Princeton no sabían nombrar. Durante unas dos semanas el radar avanzado del Princeton había registrado objetos que aparecían a unos ochenta mil pies, bajaban hacia el océano en segundos y luego se mantenían inmóviles. El comandante David Fravor, piloto veterano del grupo de ataque del portaaviones Nimitz, fue dirigido a esas coordenadas. Según su informe, encontró un óvalo blanco y sin alas, del tamaño aproximado de su caza, suspendido sobre una mancha de mar agitada. No tenía penacho de escape, ni rotor, ni superficies de control visibles. Cuando descendió en espiral hacia él, el objeto pareció imitar su giro, luego aceleró y desapareció. Minutos después el Princeton volvió a captar un contacto a unas sesenta millas, cerca del punto donde la formación tenía prevista su siguiente cita.

Por su forma lisa y blanca de caramelo, el objeto recibió entre las tripulaciones un apodo: el Tic Tac. Una grabación infrarroja de un segundo avión que despegó más tarde ese mismo día registró un objeto similar. Durante más de una década el encuentro circuló sobre todo dentro de la aviación naval, donde los pilotos habían aprendido que describir públicamente tales avistamientos era una manera fiable de dañar una carrera.

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