La Sábana Santa de Turín: el lienzo que se niega a revelar su edad
La capilla se mantiene deliberadamente en penumbra. Tras un cristal blindado, en una urna sellada e inundada de gas inerte para contener el paso de los siglos, reposa una banda de lino de poco más de cuatro metros de largo. Sobre ella, tan tenue que un visitante que se acerque demasiado puede perderla por completo, flota la imagen frontal y dorsal de un hombre desnudo. Es barbado, con las manos cruzadas sobre el pubis, y por la frente, el costado, las muñecas y los pies corren manchas oscuras del color del óxido viejo, que trazan heridas coincidentes con una crucifixión romana con una precisión inquietante. Durante casi toda su vida documentada, el lienzo fue solo un objeto de devoción silenciosa. Entonces, la tarde del 28 de mayo de 1898, se permitió fotografiarlo a un abogado y fotógrafo aficionado italiano llamado Secondo Pia, y al levantar la placa de vidrio del baño de revelado estuvo a punto de dejarla caer. En el negativo, donde luz y sombra se invierten, la vaga mancha parda se había resuelto en un rostro humano coherente, luminoso, casi escultórico. La mancha del lienzo se comporta como un negativo fotográfico siglos antes de que se inventara la fotografía. Ese solo hecho es el punto donde comienza el misterio moderno, y nunca se ha marchado en silencio.
El objeto es más extraño cuanto más se lo mira. La imagen es superficial, monta solo sobre las fibras más externas del hilo, sin pinceladas, sin contorno, sin acumulación de medio alguno donde la mano de un pintor se habría detenido. Las manchas de sangre, dondequiera que estén, se asientan bajo la imagen y no encima, como si la sangre hubiera tocado el lienzo primero y la figura hubiera aparecido después. Los creyentes sostienen que es la auténtica mortaja de Jesús de Nazaret, envuelta en torno a un cuerpo que de algún modo dejó su propia efigie. Los escépticos responden que es una obra maestra del oficio medieval, y que nuestra incapacidad de explicarla dice más sobre los límites de nuestro saber que sobre milagro alguno. Durante seiscientos años, ninguno de los bandos ha podido cerrar el caso.
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