Desaparecidos entre las llamas: los niños Sodder y el incendio que no dejó rastro
En la Nochebuena de 1945, la casa de los Sodder, a las afueras de Fayetteville, Virginia Occidental, estaba llena y encendida. George y Jennie Sodder, inmigrantes italianos que habían levantado un próspero negocio de transporte de carbón, tenían en casa a nueve de sus diez hijos. Hacia la una de la madrugada, Jennie despertó con olor a humo. El fuego avanzaba por la oficina de George y, en cuestión de minutos, las llamas devoraban la casa de madera de dos plantas.
George, Jennie y cuatro de los hijos escaparon a la noche helada. Cinco no lo hicieron: Maurice, de 14 años; Martha, de 12; Louis, de 9; Jennie, de 8; y Betty, de 5. Los desesperados intentos de rescate de George fracasaron de maneras que la familia cuestionaría para siempre. La escalera que siempre estaba apoyada contra la casa había desaparecido. Ninguno de sus camiones de carbón, que funcionaban el día anterior, arrancó. El barril de agua de lluvia estaba congelado por completo.
Los bomberos, cuya estación quedaba a apenas cuatro kilómetros, no llegaron hasta cerca de las ocho de la mañana, mucho después de que la casa se derrumbara sobre un sótano humeante. Para entonces ya había surgido el dato más extraño de todos: una breve búsqueda entre las cenizas no halló ningún resto humano. El incendio se atribuyó oficialmente a un cableado defectuoso y se emitieron certificados de defunción. Sin embargo, la familia señaló que las luces navideñas siguieron encendidas mientras el fuego se propagaba, algo difícil de conciliar con una falla eléctrica.
Los detalles sospechosos se acumulaban. La línea telefónica había sido cortada; un hombre lo admitió después, alegando que la confundió con un cable eléctrico mientras intentaba robar un aparejo de poleas. La escalera desaparecida apareció al fondo de un terraplén. Semanas antes, un vendedor de seguros rechazado por George habría advertido que la casa ardería por las críticas abiertas de George a Mussolini, un detalle que procede del propio relato familiar. Los expertos dijeron a los Sodder que un fuego de bastante menos de una hora debía haber dejado huesos identificables. Una excavación en 1949 recuperó algunas vértebras, pero el análisis del Instituto Smithsoniano determinó que no habían estado expuestas al fuego y que probablemente llegaron con la tierra que George usó para rellenar el terreno.
Convencidos de que sus hijos habían sido raptados, los Sodder instalaron junto a la Ruta 16 una valla publicitaria que permaneció décadas en pie, y siguieron llegando avisos de posibles avistamientos. Entonces, en 1968, llegó un sobre con la fotografía de un hombre de unos veinte años; al dorso figuraban el nombre de Louis Sodder y las palabras «Quiero a mi hermano Frankie». Un detective privado contratado para rastrearla cobró sus honorarios y nunca más se supo de él.
George murió en 1969 y Jennie en 1989, ambos convencidos hasta el final de que sus hijos habían sobrevivido. Sylvia, la menor, que era una niña pequeña la noche del incendio, falleció en 2021 creyendo todavía que sus hermanos no murieron en aquel sótano.
¿Qué ocurrió entre la medianoche y el amanecer del 25 de diciembre de 1945? ¿Fueron cinco niños sacados en secreto de una casa en llamas, o el fuego los consumió de forma más completa de lo que los expertos creían posible? Ochenta años después, ni restos, ni confesiones, ni un solo avistamiento confirmado han zanjado la cuestión.