La cinta llamada Steve: como unos aficionados al cielo nombraron una luz que la ciencia paso por alto
En una noche fria y despejada del invierno de 2015, un pequeno grupo de fotografos permanecia en la oscuridad en algun lugar de la provincia canadiense de Alberta, los tripodes clavados en la nieve, esperando la aurora boreal. Lo que se alzo sobre ellos no era la aurora boreal. En lugar de las conocidas cortinas verdes ondulando a lo largo del horizonte, una fina cinta de malva palido se extendio recta por el cielo de este a oeste, estrecha y de bordes nitidos, como un rasguno de luz trazado con una regla. No se mecia como se mece una aurora. Simplemente colgaba alli, brillando en malva, a veces orlada en su borde inferior por una hilera de cortas franjas verdes que a mas de un observador le parecieron una empalizada puesta de canto. Los fotografos ya lo habian visto. Llevaban anos fotografiandolo. Y aun asi no tenian ni idea de que era.
Pertenecian a un grupo de Facebook llamado Alberta Aurora Chasers, una comunidad informal de aficionados que salian en noches heladas a cazar el cielo. Entre ellos habian tomado la costumbre de llamar a la extrana arcada malva "Steve", un nombre deliberadamente vacio, deliberadamente sin sentido, tomado de la pelicula de animacion de 2006 Vecinos invasores, en la que los animales asustados le ponen a un objeto desconocido un nombre humano inofensivo para que deje de dar miedo. La broma cuajo. Y en una disciplina donde los fenomenos llevan nombres como subtormenta y ovalo auroral, el hecho de que una cosa sin nombre fuera fotografiada noche tras noche por aficionados, y no por cientificos, pronto se convertiria en la parte mas embarazosa y mas maravillosa de toda la historia.
Los cazadores compartieron sus imagenes con dos personas que quiza supieran: Elizabeth MacDonald, cientifica de meteorologia espacial de la NASA y fundadora de Aurorasaurus, un proyecto creado precisamente para integrar las observaciones de los ciudadanos en la investigacion real, y Eric Donovan, fisico de auroras de la Universidad de Calgary. Entre ambos, MacDonald y Donovan acumulaban decadas de experiencia observando la alta atmosfera. Ninguno supo decir que era Steve. Merece la pena detenerse en esa confesion. Dos profesionales cuyas carreras se habian construido sobre el conocimiento del cielo nocturno miraban fotografia tras fotografia de una estructura brillante que se arqueaba sobre ciudades pobladas, y tenian que reconocer que estaban viendo algo que no aparecia en la literatura.
Donovan comprendio que la respuesta no vendria solo de las fotografias. Hacia falta una coincidencia: un satelite que atravesara la cinta exactamente en el momento en que una camara en tierra la captara. La Agencia Espacial Europea daba la casualidad de que tenia los instrumentos adecuados en orbita, un trio de satelites llamado Swarm, disenado para medir los campos magnetico y electrico de la Tierra. Cuando Donovan hizo coincidir un avistamiento de Steve desde tierra con un paso de Swarm, las cifras que regresaron fueron asombrosas. A la altura donde brillaba Steve, unos 450 kilometros de altura, el satelite volo a traves de una cinta de gas de unos 25 kilometros de ancho donde la temperatura se disparaba hasta unos 3.000 grados Celsius, y donde las particulas cargadas fluian hacia el oeste a cerca de seis kilometros por segundo, miles de veces mas rapido que el aire a ambos lados.
Esa medicion le dio al nombre provisional un hogar permanente. En el articulo de 2018 publicado en Science Advances, el primer estudio revisado por pares del fenomeno, el equipo conservo el nombre que habian elegido los cazadores pero lo convirtio a la inversa en un acronimo digno de una revista: Strong Thermal Emission Velocity Enhancement, fuerte realce de la velocidad de emision termica. Steve se habia convertido en STEVE. Fue un gesto generoso, un caso raro en que la ciencia profesional se inclina ante los aficionados que vieron primero. Pero el acronimo tambien registro en silencio lo que los cientificos habian aprendido y, mas revelador aun, lo que todavia no sabian.
El camino desde un album de Facebook hasta una revista cientifica fue todo menos suave, y vale la pena detenerse en lo improbable que fue en realidad toda la cadena de acontecimientos. Un satelite que cruce el ancho exacto de la cinta en el segundo exacto en que el obturador de un fotografo esta abierto no es algo que nadie pueda programar; es un premio de loteria que Donovan simplemente tuvo que esperar. Aurorasaurus, mientras tanto, se convirtio en el tejido conectivo del descubrimiento, una plataforma donde la gente corriente podia registrar lo que veia y donde los cientificos podian pescar las raras coincidencias que convierten una anecdota en prueba. En los anos siguientes llegaron a raudales cientos de avistamientos, cada uno una pequena confirmacion de que Steve no era una rareza de una camara o de una noche, sino un rasgo recurrente y repetible del cielo subauroral que sencillamente nunca se habia anotado.
Porque es aqui donde la pulcra historia del descubrimiento empieza a deshilacharse. La cinta de gas caliente y veloz que midio Swarm es bien conocida por los fisicos con otro nombre: una deriva ionica subauroral, o SAID, descrita a veces dentro de la familia mas amplia de las corrientes de polarizacion subaurorales. Estos veloces flujos hacia el oeste de plasma caliente se habian estudiado durante decadas. Lo que nadie habia relacionado nunca con ellos era una luz visible. Un SAID se suponia invisible, un rio de energia que se podia detectar con instrumentos pero jamas ver con los ojos. Steve demostro que esa suposicion era falsa. Y ese es el nucleo del misterio que sobrevive incluso ahora, anos despues de que el nombre se hiciera oficial: sabemos donde vive Steve y sabemos que cabalga sobre una deriva ionica subauroral, pero no entendemos del todo como esa deriva produce luz siquiera.
Para captar por que eso resulta tan inquietante, hay que entender que es en realidad una aurora corriente. La aurora boreal brilla porque particulas cargadas del espacio llueven a lo largo de las lineas del campo magnetico y chocan contra el oxigeno y el nitrogeno en lo alto de la atmosfera, excitando esos atomos hasta que liberan luz. Ese aguacero de particulas se llama precipitacion, y es el motor de toda aurora clasica. Cuando los investigadores examinaron a fondo a Steve, encontraron que el motor faltaba. No habia una precipitacion de electrones apreciable cayendo en la cinta malva. Fuera lo que fuera lo que la encendia, no era el mecanismo que enciende la aurora. Por esa razon los cientificos dicen ahora sin rodeos que Steve no es una aurora en absoluto, aunque aparezca junto a la aurora y parezca, a un ojo poco entrenado, un primo suyo. Es otra cosa, un brillo producido por el calor y la friccion en una corriente veloz y no por particulas que caen desde arriba.
La empalizada verde complica aun mas el cuadro. Cuando el espectrografo Transition Region Explorer de Canada por fin capto la luz de Steve y la descompuso en un espectro en 2019, resulto que la cinta malva no tenia ninguna firma limpia, ni una sola linea de emision brillante, sino un ancho manchon de color que apunta a un calentamiento y no a las huellas atomicas discretas que deja una aurora. Las franjas verdes contiguas contaron otra historia. Su luz estaba dominada por la emision del oxigeno a 557,7 nanometros, ese mismo verde que producen las auroras corrientes, lo que sugiere que la empalizada y la cinta malva quiza esten encendidas por dos procesos distintos que conviven uno al lado del otro. Una teoria, propuesta por los investigadores que examinaron aquel espectro, es que campos electricos alineados con el campo magnetico podrian estar energizando electrones localmente, alli abajo donde se forma la empalizada, permitiendoles golpear la atmosfera y brillar sin que ninguna particula tenga que caer del espacio. Es una idea plausible. No es una idea zanjada.
Hay un pliegue mas que mantiene honestos a los especialistas. Steve tiende a aparecer en latitudes mas bajas que la aurora clasica, mas cerca de los lugares donde de verdad vive la mayoria de la gente, lo que deberia haber facilitado, y no dificultado, advertirlo. Que pasara inadvertido tanto tiempo dice algo incomodo sobre cuanto cielo miramos sin ver de veras. Tambien plantea una pregunta mas callada sobre la frontera entre los dos resplandores. Si Steve y la aurora corriente comparten tan a menudo la misma noche, impulsados por la misma gran perturbacion del espacio cercano a la Tierra, entonces donde termina exactamente un fenomeno y empieza el otro, y cuantos viejos informes de auroras incorporaron en silencio un avistamiento de Steve al registro sin que nadie advirtiera jamas la diferencia?
Entonces, con que nos quedamos en realidad? Con un fenomeno que llevaba anos escondido en fotografias corrientes, ante el que la ciencia profesional paso de largo hasta que los aficionados forzaron la pregunta, que ahora lleva un acronimo formal y una altura y una temperatura medidas, y que aun no puede explicarse desde los primeros principios. Uno no puede evitar preguntarse cuanta gente a lo largo de las decadas vio esa linea malva en el cielo, supuso que era una franja rara de aurora y nunca se lo menciono a nadie. La vieja literatura sobre auroras contiene referencias dispersas a "arcos malva" y bandas moradas inexplicables que se remontan muchos anos, fantasmas de Steve que fueron registrados y olvidados porque nadie tenia un marco para sostenerlos. Es del todo posible que Steve haya estado apareciendo sobre las cabezas humanas durante tanto tiempo como ha habido cabezas humanas sobre las que aparecer, y que solo la llegada de camaras baratas y sensibles y de una red social para reunir las imagenes lo haya hecho por fin innegable.
Uno tambien tiene que preguntarse que revela el bautizo de Steve sobre los puntos ciegos de la pericia. Los cazadores no tenian titulos. No tenian teoria, ni financiacion, ni instrumentos mas alla de sus camaras y su paciencia. Lo que tenian eran miles de horas de mirar, y la disposicion a decir en voz alta que algo no encajaba. Los profesionales tenian la fisica pero no los ojos. Fue la colision de ambos, los aficionados que vieron y los cientificos que midieron, lo que convirtio una broma interna de Facebook en una linea del registro cientifico. Si Steve hubiera esperado a que un fisico lo advirtiera por su cuenta, quiza siguiera esperando.
Quedan enigmas mas profundos que hasta los especialistas formulan con cautela. Por que una deriva ionica subauroral, presente en muchas noches, solo a veces se enciende como una cinta visible? Que hace brillar exactamente el continuo malva, si no son particulas que caen? Por que la empalizada aparece a veces antes de Steve, a veces despues de que se apaga, y a veces nunca? Cada una de estas preguntas esta abierta, y cada una insinua que la etiqueta de "resuelto" descansa incomoda sobre este fenomeno. Hemos nombrado a Steve, lo hemos localizado y hemos cronometrado su velocidad, lo cual es un logro autentico y arduamente ganado. Si de verdad lo hemos explicado es otra cuestion, y los investigadores honestos no fingen lo contrario.
Quiza eso sea lo mas humano de todo el asunto. Steve es un recordatorio de que descubrir no siempre consiste en viajar a los confines del sistema solar ni en construir la mayor maquina jamas hecha. A veces consiste en estar de pie en un campo nevado, mirar hacia arriba a una luz por la que todos los demas pasaron de largo, y tener el valor de preguntar que es. El cielo sobre Alberta llevaba muchisimo tiempo ofreciendo este espectaculo. Solo necesitaba a alguien lo bastante terco para seguir mirando, y lo bastante honesto, cuando llegaron los expertos, para admitir que aun nadie sabia la respuesta. Steve, sea lo que sea que resulte ser al final, sigue ahi arriba la mayoria de las noches despejadas, brillando en su paciente malva, esperando a que el resto de la explicacion alcance a su nombre.