Documentado

Ocho camas, un hacha: los asesinatos de Villisca que Iowa nunca resolvió

2026-06-30 · Muertes inexplicables · 8 min de lectura

Villisca, en el rincón suroeste de Iowa, era en el verano de 1912 un próspero pueblo ferroviario de unos dos mil quinientos habitantes. La tarde del domingo 9 de junio, la familia de Josiah Moore pasó las últimas horas del día en la iglesia presbiteriana, donde Josiah había ayudado a organizar el programa del Día del Niño y donde participaron sus cuatro hijos. Con ellos volvían a casa dos invitadas, las hermanas Lena e Ina Stillinger, de doce y ocho años, que habían pedido quedarse a dormir en lugar de regresar a su propia casa. Hacia las once de la noche, las lámparas de la casa blanca de madera de la calle Segunda Este se habían apagado.

A la mañana siguiente la casa seguía cerrada. Una vecina, Mary Peckham, notó que los Moore no habían salido a hacer sus tareas, que las persianas estaban bajadas, los animales sin alimentar y que nadie respondía a sus golpes. Telefoneó al hermano de Josiah, Ross Moore, que llegó con su propia llave, entró en el dormitorio de invitados de la planta baja y salió de inmediato, diciéndole solo que llamara al sheriff.

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