El libro que nadie puede leer: seis siglos del manuscrito Voynich
En 1912 Wilfrid Voynich, un revolucionario polaco convertido en anticuario londinense, viajó al colegio jesuita de la Villa Mondragone, a las afueras de Roma, para comprar manuscritos que la orden vendía discretamente. Casi todo lo que pasó por sus manos aquel día era corriente. Un libro no lo era. Su vitela era suave y amarillenta, la encuadernación sencilla, y por cada página corría una escritura que no lograba identificar, sinuosa y fluida, interrumpida por dibujos de plantas que no coinciden con ninguna especie conocida y de mujeres desnudas de pie en piscinas de líquido verde unidas por tubos extraños. Pasó el resto de su vida intentando leerlo y nunca lo consiguió.
El libro que Voynich sacó de Italia reposa hoy en una cámara climatizada de la Universidad de Yale, catalogado como Beinecke MS 408. Está completamente digitalizado y cualquier persona del mundo puede hojearlo gratis. Ni una sola frase se ha leído jamás de un modo que los especialistas acepten.
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