CROATOAN: la colonia que se borró del mapa
En julio de 1587, unos 115 hombres, mujeres y niños ingleses desembarcaron en la isla de Roanoke, frente a la costa de la actual Carolina del Norte, para fundar el primer asentamiento inglés permanente en el Nuevo Mundo. Su gobernador, John White, tenía un interés muy personal: su hija Eleanor dio a luz allí, el 18 de agosto, a Virginia Dare, la primera niña inglesa nacida en América. Apenas un mes después, con las provisiones agotándose peligrosamente, White zarpó de regreso a Inglaterra para organizar ayuda, dejando atrás a su familia.
No pudo volver hasta tres años más tarde. La guerra con España y la crisis de la Armada Invencible de 1588 absorbieron todos los barcos disponibles, y cuando White por fin echó el ancla frente a Roanoke en agosto de 1590, encontró el asentamiento desmantelado y en silencio. Las casas habían sido desmontadas con cuidado, no quemadas. En un poste de la empalizada alguien había tallado una sola palabra: CROATOAN. En un árbol cercano, las letras CRO. Y un detalle crucial: no había cruz de Malta, la señal de socorro acordada. Para White el mensaje parecía claro: los colonos se habían trasladado a Croatoan, la actual isla de Hatteras, hogar de la tribu amiga del mismo nombre. Pero una tormenta castigó sus naves antes de que pudiera buscar allí, y la flota se vio obligada a regresar al mar.
White nunca volvió a ver las costas americanas y murió sin conocer el destino de su hija y su nieta. En los siglos siguientes, el vacío se llenó de teorías: una masacre a manos de tribus hostiles, la destrucción por los españoles, la muerte en el mar en un intento desesperado de volver a casa, o una silenciosa integración en las comunidades indígenas.
La arqueología moderna ha dado verdadero peso a esta última teoría. Las excavaciones en Cape Creek, en la isla de Hatteras, dirigidas por la Croatoan Archaeological Society —fundada por el historiador local Scott Dawson junto al arqueólogo británico Mark Horton— han desenterrado objetos de la era isabelina: fragmentos de empuñaduras de espada, piezas de armas de fuego, una pizarra de escritura, mezclados en los mismos estratos de suelo con cerámica y puntas de flecha croatoan. Por su parte, la First Colony Foundation ha identificado yacimientos tierra adentro, cerca de Salmon Creek, bautizados Sitio X y Sitio Y, lo que sugiere que los colonos pudieron dividirse en más de un grupo.
Sin embargo, el caso no está cerrado. Académicos escépticos, entre ellos el arqueólogo Charles Ewen, de la Universidad de Carolina del Este, señalan que los objetos ingleses pudieron llegar a Hatteras por comercio y no de la mano de colonos que vivieran allí, y que los hallazgos de Hatteras aún no han superado una revisión por pares completa. La asimilación es hoy la lectura más aceptada de aquella palabra tallada, pero aceptada no significa probada.
Lo que zanjaría el asunto sería la tumba de un colono: restos identificables, un vínculo de ADN con descendientes ingleses. Nunca se ha encontrado nada semejante. Más de cuatro siglos después, la palabra CROATOAN sigue señalando el camino, y las 115 personas cuyo destino debía explicar jamás han sido localizadas de forma definitiva.