El barco que se negó a morir: los 38 años de travesía fantasma del SS Baychimo
El SS Baychimo no era ninguna leyenda cuando empezó su historia: era un barco de trabajo. Construido en Suecia en 1914, aquel vapor de casco de acero y 1.322 toneladas pertenecía a la Compañía de la Bahía de Hudson y pasó los años veinte en una de las rutas comerciales más duras del mundo, llevando provisiones a los asentamientos inuit de la costa ártica de Canadá y regresando cargado de pieles.
En octubre de 1931, de vuelta con un valioso cargamento de pieles, el Baychimo quedó atrapado en la banquisa cerca de Barrow, en la costa norte de Alaska. La tripulación se refugió en tierra y, cuando el hielo cedió brevemente, fondearon el barco y montaron un campamento cercano para pasar el invierno vigilándolo. Parte de la tripulación fue evacuada en avión; un grupo reducido se quedó.
Entonces llegó la ventisca. El 24 de noviembre de 1931, una tormenta violenta borró el mundo durante días. Cuando escampó, el Baychimo había desaparecido. Los hombres supusieron que el hielo lo había aplastado y hundido, hasta que un cazador inuit informó de que el barco iba a la deriva, intacto, a decenas de kilómetros costa abajo. La Compañía de la Bahía de Hudson rescató las pieles más valiosas de la bodega, dio por condenado al maltrecho buque ante el hielo que se avecinaba y lo abandonó a su suerte.
El Baychimo tenía otros planes. Durante los 38 años siguientes, el vapor vacío siguió apareciendo por la costa de Alaska como un rumor recurrente que resultaba ser cierto. Fue avistado una y otra vez durante los años treinta y abordado en varias ocasiones: en 1933, el comerciante Leslie Melvin lo encontró a la deriva mientras viajaba en trineo de perros; otros visitantes subieron a bordo con los años, y al menos un intento de rescatarlo fue frustrado por el clima. Cada vez, el hielo o el mar se lo llevaban antes de que nadie pudiera reclamarlo.
Pasaron las décadas y seguía sin hundirse. El último avistamiento ampliamente difundido ocurrió en 1969, cuando un grupo de inupiat vio un casco oxidado congelado en la banquisa entre Icy Cape y Point Barrow, 38 años después de que su tripulación lo dejara. Después, nada. En 2006, el estado de Alaska puso en marcha un proyecto para resolver por fin el misterio del barco fantasma del Ártico: hallar el Baychimo a flote, varado o en el fondo marino. La búsqueda no encontró rastro alguno.
La mayoría de los expertos supone que décadas de hielo triturador y ciclos de congelación y deshielo acabaron por hundirlo. Pero nunca se ha confirmado ningún pecio ni identificado resto alguno. Dónde yace hoy el Baychimo —y cómo un vapor sin tripulación sobrevivió a casi cuarenta inviernos árticos que destrozaron barcos más robustos— sigue sin respuesta.