El escuadrón que voló hacia la nada: el último vuelo del Vuelo 19
A las 14:10 del 5 de diciembre de 1945, cinco torpederos Grumman TBM Avenger despegaron de la pista de la Estación Aeronaval de Fort Lauderdale, en Florida. La misión, conocida como Problema de Navegación n.º 1, era rutinaria: volar hacia el este hasta los bajíos de Hen and Chickens, en las Bahamas, para practicar bombardeo, seguir un rumbo triangular y regresar a casa. A bordo iban catorce hombres. Nadie volvería a verlos jamás.
Al frente de la formación iba el teniente Charles C. Taylor, un veterano de combate con unas 2.500 horas de vuelo. Aproximadamente noventa minutos después del despegue, los operadores de radio comenzaron a captar intercambios inquietantes: las brújulas de Taylor habían fallado y él se había convencido de que el vuelo estaba sobre los Cayos de Florida, muy al suroeste de su posición real cerca de las Bahamas. Cada corrección basada en esa suposición errónea empujaba al escuadrón más adentro del Atlántico.
Al caer la noche, el tiempo empeoró, con mar gruesa y ráfagas de viento. En una de las últimas transmisiones escuchadas en tierra, Taylor preparó a sus hombres para amerizar todos juntos en cuanto el primer avión bajara de diez galones de combustible. Los investigadores de la Armada concluyeron después que los cinco Avenger muy probablemente se quedaron sin gasolina y cayeron en algún punto del océano negro y tormentoso al este de Florida.
Entonces el desastre se duplicó. Esa misma tarde despegaron de la base de Banana River dos hidroaviones Martin PBM Mariner para buscar al escuadrón desaparecido. Uno de ellos, con trece tripulantes, desapareció del contacto por radio unos veinte minutos después del despegue. El petrolero SS Gaines Mills informó de una enorme llamarada sobre el mar y más tarde atravesó una mancha de aceite cerca de la última posición conocida del Mariner. Aquel modelo tenía una siniestra fama por sus fugas de vapores de combustible —las tripulaciones lo llamaban "el bidón volante"— y una explosión en pleno vuelo es la explicación más probable.
La investigación de la Armada ocupó unas 500 páginas y en un principio culpó a la desorientación de Taylor. Después de que su madre protestara porque no se había hallado ningún resto que probara nada, la conclusión se modificó a "causa desconocida", una fórmula que, sin querer, abrió la puerta a la leyenda.
Dos décadas más tarde, los escritores de revistas incorporaron el Vuelo 19 a un nuevo mito: el Triángulo de las Bermudas, nombre acuñado en un artículo de la revista Argosy en 1964. Los investigadores escépticos llevan años señalando que no hace falta nada sobrenatural: brújulas averiadas, un líder seguro de sí mismo pero equivocado, la noche, el mal tiempo, los tanques vacíos y un océano de miles de metros de profundidad. Cuando en 1991 se encontraron de verdad cinco Avenger en el fondo marino frente a Fort Lauderdale, la esperanza se disparó por un instante; los números de serie demostraron que eran cinco aviones distintos, perdidos en accidentes separados.
Lo que sigue sin respuesta es tercamente simple: ¿dónde están? A pesar de una de las mayores búsquedas en la historia de la Armada estadounidense y de décadas de caza de restos, jamás se ha recuperado un solo fragmento confirmado de los seis aviones, ni de los 27 hombres que iban a bordo.