UN CASO REAL
En disputa

El asesinato de William Desmond Taylor: un director de Hollywood, un disparo a las 8 de la noche y 104 años sin respuesta

2026-10-16 · · Crímenes sin resolver · 11 min de lectura

El miércoles 1 de febrero de 1922, William Desmond Taylor pasó la noche en casa.

Tenía 49 años. Vivía en una pequeña casa dentro de un patio tranquilo de un complejo de apartamentos, en el barrio de Westlake, en Los Ángeles, California, Estados Unidos. Varios vecinos eran, como él, gente del cine.

Era un director de cine de éxito en Hollywood. Había hecho unas 60 películas.

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Hacia las 7 de la tarde llegó una visita. Era Mabel Normand, una de las grandes estrellas de la comedia del cine mudo y amiga cercana suya.

Hablaron. Según un relato, tomaron algunos cócteles. Él le había prometido prestarle un libro, y ella se lo llevó.

Se fue hacia las 7:45. Algunos relatos dicen 7:35. Su chófer la esperaba fuera y después confirmó su versión.

Es la última persona que se sabe que vio con vida a William Desmond Taylor.

El ruido en el patio

Hacia las 8, una mujer de la casa de al lado oyó un estallido fuerte.

Su marido, actor de cine, estaba en el piso de arriba. Ella pensó que era el petardeo de un coche en la calle. Abrió la puerta y se asomó.

Una figura salía por la puerta de Taylor. Llevaba un abrigo largo con el cuello subido y una gorra calada sobre la cara.

La figura no corrió. Se alejó con calma.

Después la describió a la policía diciendo que parecía "como yo me imagino a un ladrón de película". También dijo que había algo raro en su forma de moverse y en su aspecto, como si llevara maquillaje de cine. Nunca estuvo segura de si era un hombre o una mujer vestida de hombre.

Como la figura se alejó con tanta calma, decidió que el ruido no había sido nada. Volvió a entrar.

Esa noche nadie fue a ver cómo estaba el director.

La mañana: un cuerpo en el suelo

El jueves 2 de febrero, hacia las 7:30 de la mañana, llegó a trabajar el criado del director. Era el hombre que cocinaba, limpiaba y llevaba la casa.

Abrió la puerta y vio a su patrón tendido en el suelo. Salió corriendo al patio gritando que el señor Taylor estaba muerto.

En la media hora siguiente, la casa se llenó de gente.

Entraron vecinos. Entró el casero. Entró gente del cine. Según varios relatos, al menos un empleado del estudio Paramount, que producía las películas de Taylor, entró antes que la policía. Salió con una cesta de cartas.

Entonces un hombre de entre la gente dijo que era médico. Miró el cuerpo y declaró que Taylor había muerto de una hemorragia de estómago. Muerte natural.

Se marchó. Nadie supo nunca quién era. Nunca más se le volvió a ver.

Cuando llegó la policía, poco después de las 8, una multitud ya había pasado por la escena. Ya se habían movido cosas, y otras ya se habían llevado.

No fue una hemorragia

La verdad apareció solo cuando se examinó el cuerpo como es debido.

A William Desmond Taylor le habían disparado. Una bala, en la espalda. Según un relato, subió atravesando el pulmón y se detuvo cerca del cuello. Muchos relatos dan el calibre .38; otros hablan solo de una pistola pequeña.

En la casa no se encontró ningún arma.

La cartera estaba en el bolsillo, con 78 dólares dentro. Llevaba encima una pitillera de plata, un reloj de bolsillo, una navaja y un anillo con un diamante de 2 quilates. Al cuello tenía un relicario. Dentro había una fotografía de Mabel Normand.

No fue un robo. Quien le disparó no tocó nada de aquello.

Hubo un detalle sobre dinero que nunca encajó. El día anterior, Taylor había enseñado a su contable una gran suma en efectivo. Nunca se supo qué pasó con ese dinero. Algunos relatos posteriores dicen que sacó 2.500 dólares y devolvió la misma cantidad al banco un día después. Las fuentes no coinciden y la cuestión nunca se aclaró.

La policía fijó la hora de la muerte entre las 7:50 y las 8 de la noche, más o menos. Es decir, pocos minutos después de que se fuera la estrella de la comedia, y justo cuando la vecina oyó el estallido.

Los hechos eran sencillos: un hombre famoso, muerto de un disparo por la espalda en su casa, una testigo que vio salir a alguien, y nada robado.

Lo que nadie sabía, ni entonces ni ahora, era quién había sido.

Un hombre con un segundo nombre

Los detectives descubrieron pronto que la propia víctima vivía con un secreto.

William Desmond Taylor no era su nombre verdadero.

Nació como William Deane-Tanner, el 26 de abril de 1872, en el condado de Carlow, en Irlanda. Su padre era un comandante del ejército retirado.

De joven se fue a América. Trabajó en un rancho de Kansas y después se mudó a Nueva York y se hizo actor. En 1901 se casó. En 1902 nació una hija. Trabajó en la tienda de antigüedades de su suegro en Nueva York.

El 23 de octubre de 1908 abandonó esa vida y desapareció. Dejó atrás a su mujer y a su hija de 6 años.

En 1912 reapareció en California con otro nombre. Ese mismo año su mujer se divorció de él. En 1914 se convirtió en director de cine. Según un relato, en 1918 su exmujer fue al cine y reconoció en la pantalla al marido desaparecido.

En julio de 1918, con 46 años, se alistó en el ejército para servir en la Primera Guerra Mundial, y en mayo de 1919 volvió a Los Ángeles. Los directores de cine de la ciudad le ofrecieron un banquete de homenaje.

Así que la policía investigaba el asesinato de un hombre cuyo pasado había estado oculto durante 14 años. Cualquiera de ese pasado podía tener un motivo.

El antiguo criado

El primer sospechoso fue el hombre que había trabajado antes en la casa.

El antiguo criado y cocinero de Taylor era un joven con un acento inglés fingido y varios nombres falsos. Había servido en la marina, en la guardia costera y en el ejército, cada vez con otro nombre, y había desertado.

En 1921, mientras Taylor estaba en Europa, este criado le robó. Falsificó su firma en cheques, le robó ropa y joyas y le destrozó el coche. Taylor lo despidió.

Luego ocurrió algo más extraño. Unos meses después, Taylor recibió una carta de este hombre. Dentro había un resguardo de casa de empeños de uno de los objetos robados. Estaba a nombre de "William Deane-Tanner".

Ese es el nombre verdadero que casi nadie en Hollywood conocía.

El antiguo criado conocía el secreto de Taylor. Y quería que Taylor supiera que lo conocía.

Más tarde, según los relatos, volvió a entrar a robar en la casa. El ladrón dejó huellas de zapatos sobre la cama de Taylor.

Según averiguaciones posteriores, el antiguo criado dejó su trabajo en el norte de California justo el día del asesinato, y desapareció.

El estudio de cine ofreció una recompensa por información sobre él. La policía lo buscó durante años. Llegó una carta firmada con su nombre, en la que el autor decía que podía aclararlo todo. Nadie pudo confirmar que fuera él de verdad. Todavía en 1929 seguía en la lista de buscados.

**Nunca lo encontraron. Nadie sabe si estaba vivo o muerto en 1922, ni qué hizo aquella noche.**

La descripción que dio la vecina de la figura del abrigo no coincidía del todo con él.

El criado de entonces

El hombre que encontró el cuerpo también fue interrogado.

3 días antes del asesinato lo habían detenido por un delito "contra la moral".

La policía lo investigó y lo descartó.

Pero eso no frenó a los periódicos. Una periodista llegó a montarle una falsa escena con un "fantasma" para asustarlo y que confesara. No confesó nada.

En pocos meses se mudó a San Francisco. En 1930 lo ingresaron en un hospital psiquiátrico del estado, donde murió en diciembre de 1931.

La estrella de la comedia

Mabel Normand fue interrogada durante muchas horas. Había sido la última en verlo con vida, y su foto estaba en el relicario del cadáver.

Su relato no cambió. Su chófer lo confirmó. La policía la descartó.

Pero los periódicos no la descartaron.

En la casa se encontraron cartas suyas a Taylor. La prensa las llamó "las cartas del Bebé Bendito". Un periódico de la época afirmó que alguien se las había llevado de la casa al principio de la investigación, las había leído y luego las había devuelto en silencio para que los detectives las "encontraran".

Empezaron los rumores de que ella consumía drogas y de que Taylor intentaba protegerla de quienes se las vendían. Murió de tuberculosis el 23 de febrero de 1930.

La joven estrella y su madre

Después la policía encontró más cartas.

Eran cartas de amor de una actriz muy joven a la que Taylor había dirigido. En 1919 protagonizó su versión de "Ana de las Tejas Verdes". En las cartas le decía que lo amaba.

Los periódicos publicaron copias. Aquello dañó mucho su imagen.

Entonces la policía se fijó en su madre. A los investigadores sus respuestas les parecieron evasivas.

La madre tenía una pistola rara del calibre .38 y balas poco comunes para ella. Según relatos posteriores, dijo que había tirado la pistola a un pantano de Luisiana. La pistola nunca apareció, así que nunca se pudo comparar con nada.

Durante años después del crimen, la madre vivió sobre todo en el extranjero. En 1938 su otra hija la acusó públicamente del asesinato. En los tribunales no pasó nada.

Esta se convirtió en la línea de sospecha más fuerte del caso: una madre que quería apartar a su hija joven de un hombre de 49 años.

Pero nunca pasó de sospecha. Ningún testigo la situó en el patio aquella noche. Ningún arma coincidió con la bala.

La investigación se viene abajo

En las semanas siguientes, los periódicos de todo Estados Unidos hablaron del caso a diario.

Pero el problema de fondo no desapareció. La escena quedó contaminada en la primera hora. Se llevaron cartas. Un médico falso dio una causa de muerte falsa y desapareció. Lo que quedaba era una testigo que había visto una figura con gorra, de noche, desde su puerta, y que no sabía decir si era un hombre o una mujer.

Según un famoso director de cine que investigó el caso en 1967, un detective le contó que en menos de una semana a la policía le ordenaron "dejarlo estar".

El subsheriff del condado de la época advirtió a un periodista de que el caso ya había hecho mucho daño a la industria del cine.

Con los años, varios fiscales del condado de Los Ángeles revisaron el expediente. Al menos 2 dijeron públicamente que no presentarían cargos contra la madre de la joven estrella.

Casi 20 años después del crimen, el fiscal de entonces revisó el caso otra vez. Concluyó que no había pruebas suficientes para acusarla. Recomendó conservar los archivos para siempre.

No se conservaron. Con los años, las pruebas físicas y los expedientes desaparecieron.

Dónde está el caso

El asesinato de William Desmond Taylor nunca se resolvió.

Nadie fue acusado. Nadie fue juzgado.

**Aquí es exactamente donde se acaba lo documentado: una figura con abrigo salió de la casa hacia las 8 de la noche, y nadie ha probado nunca quién era.**

El arma nunca apareció. La bala no puede compararse con ninguna pistola. La mayor parte del expediente policial ha desaparecido. Solo en 2007 se hicieron públicas copias de unos pocos documentos policiales que sobrevivieron.

Todas las personas que fueron sospechosas en serio llevan décadas muertas.

La estrella de la comedia murió en 1930. El criado que encontró el cuerpo murió en 1931. La madre de la joven estrella murió en 1957. La joven estrella murió el 4 de agosto de 1984. El antiguo criado desapareció en 1922 y nunca fue encontrado.

Lo que queda es una lista de teorías.

Los sospechosos y las teorías documentadas

**La madre de la joven estrella.** La teoría del director que investigó el caso en 1967: fue a la casa, encontró allí a su hija o la buscaba, y disparó a Taylor. Las pruebas: su pistola del calibre .38, sus respuestas evasivas y el móvil. El problema: ningún testigo la vio allí, la pistola nunca apareció y 2 fiscales se negaron a acusarla. Aquel director nunca publicó sus conclusiones.

**El antiguo criado.** Las pruebas: ya había robado a Taylor, conocía su verdadero nombre y desapareció el mismo día. El problema: la descripción de la testigo no coincidía del todo con él, y nadie pudo probar que estuviera en Los Ángeles aquella noche.

**Asesinos a sueldo de traficantes de drogas.** La teoría de un editor de libros estadounidense que escribió más tarde sobre el caso: Taylor pensaba ayudar a las autoridades contra quienes vendían drogas a la estrella de la comedia, y ellos mandaron matarlo. El problema: no hay ningún documento que muestre ese plan.

**Una antigua actriz que confesó.** Una actriz que había trabajado con Taylor habría confesado el asesinato poco antes de su propia muerte, en 1964. Su vida fue agitada: en 1917 fue juzgada y absuelta, y en 1923 la detuvieron por extorsión. Según un relato, confesó ante un sacerdote, con vecinos presentes. El problema: las fuentes de esa confesión son débiles y nunca se confirmó.

**El pasado del que huyó.** Algunos autores se preguntaron si alguien de su primera vida en Nueva York lo encontró. Una de las propuestas apuntaba a su propio hermano. El problema: no hay pruebas y los detalles no encajan.

104 años después, ninguna teoría se ha demostrado y el caso sigue abierto sobre el papel.

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