La ciudad que no podía dejar de bailar: Estrasburgo, 1518
El 14 de julio de 1518, una mujer que pasó a la historia como Frau Troffea salió a una estrecha calle de Estrasburgo y comenzó a bailar. No había música ni celebración alguna: los testigos describieron una persistencia sombría, como de trance. Bailó durante horas hasta desplomarse, y al día siguiente se levantó y continuó sobre pies hinchados y ensangrentados. En una semana, unas tres docenas de personas se le habían unido. En un mes, según afirmaron los cronistas, bailaban hasta 400 personas.
No es una leyenda medieval. El brote está documentado en las actas del consejo municipal de Estrasburgo, en sermones de la catedral y en las notas de los médicos de la época. Los doctores de la ciudad culparon a la "sangre recalentada" y recetaron una cura asombrosa: más baile. Las autoridades abrieron los salones gremiales, levantaron un escenario y contrataron músicos y acompañantes fornidos para mantener en movimiento a los afectados, convencidas de que solo sanarían si expulsaban la enfermedad bailando. El plan fracasó estrepitosamente: el frenesí se propagó más rápido que nunca.
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