Documentado

La ciudad que no podía dejar de bailar: Estrasburgo, 1518

2026-07-13 · Fenómenos masivos extraños · 8 min de lectura

La mañana del 14 de julio de 1518, una mujer conocida por la historia solo como Frau Troffea salió de su angosta casa de entramado de madera a una calle de Estrasburgo y comenzó a bailar. No había música, ni boda, ni fiesta, ni una gota de vino bebida. Los testigos describieron algo más cercano al tormento que a la alegría: una persistencia sombría, crispada, como de trance, hora tras hora, con los miembros sacudiéndose como movidos por una voluntad que no era la suya. Su marido, dicen las crónicas, le suplicó que se detuviera. No lo hizo, o no pudo. Bailó hasta desplomarse empapada en sudor y exhausta, durmió unas horas, se levantó y volvió a bailar sobre unos pies que ya se hinchaban y sangraban. Según algunos relatos, así siguió entre cuatro y seis días, bajo el calor implacable de uno de los veranos más tórridos que la ciudad recordaba, mientras una multitud se espesaba a su alrededor: primero para reírse, luego para mirar y después, lo más inquietante de todo, para unirse.

En una semana bailaban unas tres docenas de personas. En un mes, afirmaron los cronistas, hasta 400. Los estudiosos modernos que criban esos mismos papeles sitúan el número de afectados entre 50 y 400. Incluso la cifra baja lo convertiría en uno de los episodios sanitarios más extraños jamás puestos por escrito.

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