El sueño que duró décadas: la plaga olvidada de 1917
En el invierno de 1916 y 1917, mientras se prolongaba la Primera Guerra Mundial, empezaron a llegar a las clínicas europeas pacientes con una queja desconcertante. Tenían una somnolencia insoportable. Algunos se hundían en un estupor del que apenas se les podía despertar, y dormían días o semanas; unos pocos caían en coma y no despertaban. El neurólogo vienés Constantin von Economo los estudió, reconoció una enfermedad nueva y distinta y le puso nombre: encefalitis letárgica, una inflamación del cerebro que traía el sueño.
A lo largo de la década siguiente, más o menos, la enfermedad se extendió por el mundo sin seguir un rumbo claro. Llegó a Gran Bretaña, Francia, Norteamérica y más allá, apareciendo tanto en ciudades como en aldeas. Las estimaciones sobre su saldo varían mucho, pero una cifra citada con frecuencia sostiene que alrededor de un millón de personas se vieron afectadas y quizá medio millón murió durante los años de la epidemia. Golpeó mientras arreciaba la gran pandemia de gripe, y desde entonces ambas han quedado entrelazadas.
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